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EDITORIAL
Transfiriendo las culpas
La posibilidad de que el Congreso - con buen tino - no avale el uso de las reservas para - supuestamente - pagar la deuda externa, ha exacerbado la reacción del gobierno y su comparsa.
Es que para el gobierno es fundamental el consenso para aprobar el DNU. No hay opciones. Es la única vía rápida para rehabilitar la caja y sin caja no hay kirchnerismo. Así que en la alternativa amenazan con que si no lo votan y se aborta el Fondo del Bicentenario, la única opoción será endeudarnos a tasas altísimas. Un supuesto del que quieren hacer responsable a la oposición, tratando de que sus integrantes se asusten y los respalden. Una burla más de las que han hecho gala siempre en estos seis años ¿Acaso no recuerdan los onerosos (cuasi usurarios) préstamos de Chávez que aceptaron con aplausos?
Aníbal Fernández, como siempre, fue el enviado a concretar la amenaza. A la que sumó, como si fuera una nueva verdad kirchnerista, que "Hay 21 gobernadores que apoyan la propuesta". Los números pueden creerse o no, debería haberlos identificado, a ver si todos aceptaban salir en la foto. Porque traduciendo el Fernández básico es como decir que hay 21 gobernadores a los que se está coaccionando, chantajeando, extorsionando, intimidando, con la posibilidad de no asistirlos económica y financieramente.
Sin dudas son justificados los temores del oficialismo. La pérdida de consenso, de las mayorías en las cámaras y en las comisiones, ha ido produciendo un fenómeno positivo para el país. La Corte mantiene su independencia, el índice de impunidad ha descendido levemente, algunos mecanismos de la democracia parecen reverdecer y volver a funcionar, provocando un alerta naranja entre quienes se consideraban libres de cualquier posibilidad de ser investigados.
Pero el fenómeno no queda allí, también la sensación de pérdida de poder ha llegado a sectores que en otro momento declamaban su adhesión incondicional y hoy han comenzado a retraerse como para, llegado el momento, poder darse vuelta y proclamarse engañados.
También la desesperación ha llevado a desconocer a otros que siempre fueron la peor versión de la lealtad, como D'Elía. A los que se les dio impunidad sobre ciertas tropelías reconociéndolos como propia tropa, y que ahora, a la hora del sacrificio, no admiten ser sacrificados antes que otros.
En este panorama se barajan diversas posibilidades, ya que aunque el gobierno intente cargar con la responsabilidad a la oposición, no podrá completar su período si no se allana a pactar. Algo casi improbable en Néstor Kirchner.
Una de esas posibilidades, frente al naufragio inminente, es la renuncia de Cobos, que quiere ser presidente y en caso de tener que completar el mandato de Cristina, no tendría la opción, y de esa manera, abandonando el barco antes del chapuzón final, podría dedicarse a su campaña.
De ahí la necesidad de transferir culpas. El gobierno, como es su costumbre, está preparando todo para victimizarse. Quiere minimizar los daños y, lejos de intentar una nueva elección busca, al menos, zafar de los juicios y consiguiente pérdidas de libertad y/o patrimonio. Según su filosofía siempre habrá posibilidad de transar o, al menos, tiempo para ir a devolverle - vacías - las valijas de Hugo Chávez.



















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