martes, 21 de abril de 2009

FRAUDE PUTATIVO


PRIMERA PARTE

DE UN GRAN FRAUDE

De acuerdo con información recogida durante los últimos tiempos y antecedentes que obran en poder de quienes tienen conocimiento de estas cosas, ahora se sabe que los hijos de Hebe Pastor de Bonafini figuran en el padrón electoral. El dato puede difundirse a partir de la verificación de sus nombres y otros complementos de identidad adicionales, lo que significa que esto que dejamos señalado y aparece en los anexos de este correo, integra la primera parte de una notable estafa a la opinión pública, estafa que fue utilizada´por esta mujer agresiva para montar un aparato político de indudable influencia argumental para desarrollar un esquema doctrinario y operativo que todavía - repetimos, todavía - impera en el País.

Tanto es así que el ex presidente de la República pero indudable hombre fuerte del decadente sistema institucional que sobrevive en la Argentina, sostuvo hace un tiempo que "todos somos hijos de Hebe de Bonafini", quien de esta manera fue elevada a una jerarquía de referencia cuasi obligada para entender lo que ocurría y ocurre en la República Argentina . ¿O ex República Argentina? Como todavía guardamos una suerte de esperanza respaldada por la obligación ineludible que sentimos respecto del futuro, hablaremos en presente y consideraremos a la Patria como un factor espiritual y concreto para continuar en la brecha.

Quienes tenemos memoria de los hechos significativos que montaron un triste y hasta repudiable andamiaje de los sucesos que integran ese difícil presente que vivimos los argentinos, recordamos que en más de una oportunidad hubo periodistas que se animaron a preguntarle a Hebe - la madre putativa de Néstor Kirchner - que fue lo que en realidad había sucedido con sus hijos. La respuesta, tajante, aguda, violenta y hasta hiriente de la mujer que hoy centraliza nuestro comentario, fue un rechazo taxativo a la requisitoria que ubicó en los pliegues de su corazón presuntamente herido en el recuerdo y la nostalgia por los combatientes que había engendrado.

Pero el tiempo es inexorable. Ahora, frente al cercano derrumbe del gobierno que le brindó subsidios y permite que libre casi un doble centenar de cheques sin fondos sin que fiscal o juez alguno reaccione frente a las reiteradas denuncias que se hacen al respecto, surgen y se repiten las denuncias contra esta presunta madre que busca a hijos que no estarían muertos sino bien vivos convenientemente refugiados en el exterior donde viven gracias a los giros que les envía su madre y que todos pagamos.

Obviamente, Hebe Pastor de Bonafini debe demostrar que lo que dejamos dicho no es cierto pero...¿puede hacerlo?. Su marido, de quien está separada, sostendría que los hijos viven y si esto se demuestra estaríamos frente no sólo a una estafa política e ideológica, sino a un caso mucho más grave y trascendental´pues una figura ubicada por las circunstancias en instancias superiores, la eligió como ejemplo de una época que tácticamente decidió resucitar para construir un esquema de poder sustentado en el odio y el resentimiento.

De allí que el caso de los hijos de Hebe de Bonafini adquiera el carácter de emblemático y se confunda con el comportamiento de otras madres que decidieron respaldarla o seguirla en su acción política y comercial. Nada objetaron a su relación con un parricida como Sergio Shocklender y tampoco nada dijeron respecto de los cheques sin fondo, de los millones que pasaron por las manos de su jefa Hebe y mucho menos con el funcionamiento de una falsa universidad cuya actividad está orientada, exclusivamente, a resucitar o recrear un odio que todos los argentinos quieren superar. La antihistoria forma parte de sus enseñanzas y también, hay que decirlo, todos los factores que componen un damero doctrinario ya superado, por lo que la operatoria de esta organización ideológica incorpora otro elemento delictual al intentar modelar el pensamiento de jóvenes ingenuos que reciben una enseñanza con contenidos que carecen de perspectiva útil, excepto la confrontación como si ésta tuviera un valor en si misma.

Como es evidente que estos contenidos de un problema que toma cuerpo día a día están vigentes y alimentan el estado de desasosiego, angustia y depresión que caracteriza el ánimo de la sociedad argentina, es indispensable que este asunto se investigue hasta las últimas consecuencias y forme parte del desenlace que caracteriza la actual crisis de la República.
Carlos M. Acuña

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