martes, 20 de diciembre de 2011

LA VERDADERA DEMOCRACIA




por Alejandro A. Tagliavini

Más allá de las elecciones realizadas en Nicaragua en noviembre pasado, que “ganó” Ortega estando constitucionalmente inhabilitado para ello, aún los resultados de los actos electorales “legales”, como el que reeligió a la presidente argentina, están dejando a mucha gente enojada y, lo que es peor, con la fuerte sensación de que, en realidad, los otros han elegido a la persona que los forzará a hacer cosas que no desean ni creen conveniente, y que los expoliará.

Cuesta creerle a la “democracia” cuando, en rigor, lo que se elige es a un “gobierno” que, luego, impone cosas que no elegimos ni queremos. La mejor justificación es que conocíamos el programa de acción antes de votar, pero esto no sirve para quienes no lo votaron, y ni siquiera vale para quienes lo votaron porque es difícil encontrar un político que cumpla su palabra. En definitiva, la actual “democracia” significa que otros eligen a quién (utilizando el monopolio de la violencia que se arroga el Estado) nos forzará a hacer cosas que no queremos ni creemos positivas. Y suena mucho más a una dictadura.

El mejor argumento para imponer esto que llaman “democracia” (solo porque se habilitan unas urnas en donde los ciudadanos tienen derecho a poner, o no, una papeleta), es que hay cosas, necesarias a la vida en comunidad, que deben imponerse le guste a no a algunas personas. Además de lo autoritario que suena esto, no es verdad. Dicen estos argumentadores que, por ejemplo, nadie pagaría impuestos si pudiera elegir no hacerlo. No es cierto. Así como las personas pagan de buena gana a quién les da un buen servicio, por caso, a las agencias privadas de seguridad, con mucho gusto pagarían impuestos si no fuese que hoy tienen la fuerte sensación de que los están esquilmando por nada.

Los ciudadanos deberían poder elegir hasta donde quieren pagar cargas fiscales, por caso, por la seguridad que ofrece el Estado, teniendo en cuenta que podrían preferir las agencias privadas de seguridad. O podrían preferir, frente a los tribunales estatales (que me recuerdan la frase de Mao Zedong: "donde hay voluntad de condenar, las pruebas acaban apareciendo") los privados que, como los de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, funcionan con incomparable eficiencia.

Otro argumento en favor de utilizar la violencia es que voluntariamente nadie asistiría a los pobres. Además de que esta “democracia” crea buena parte de la pobreza al forzar impuestos que los empresarios derivan hacia abajo vía precios, la caridad voluntaria, privada, es mucho más eficiente y sustanciosa que la estatal. Por caso, a un mes del sismo, las donaciones para Haití de particulares de todo el mundo, sumaban US$ 118 millones, superando a los gobiernos de EE.UU. (US$ 115 millones), Canadá (US$ 57 millones) y España (US$ 42 millones), según la ONU. Entre 1990 y el 2010, en base a datos de la OCDE, las donaciones de las fundaciones de EE.UU. se multiplicaron por veinte, llegando a la friolera de US$180 mil millones.

En definitiva, frente a la democracia que se corresponde con la civilización occidental en donde las personas puedan decidir cada aspecto de su vida, puedan elegir los servicios que requieren del Estado y, por tanto, pagar impuestos por ellos, la actual “democracia” es gravemente inmoral porque es violenta, parafraseando nuevamente a Mao, su "poder nace [de la boca] del fusil."

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