domingo, 11 de diciembre de 2011

SIGUE EL CIRCO… CON LAS MISMAS FIGURAS Y EL MISMO REPERTORIO



Se inicia un nuevo período de Cristina Kirchner. Esta vez con innegable legitimidad política: el 54% de los votos.
No obstante no hay que equivocarse. El 54% de los votos válidos, pero seguramente también, mucho menos que la mitad de los habilitados. Hubo 28 millones en esa situación y solo 11 millones votaron a Cristina. 17 millones no la votaron (indiferentes, opositores, impedidos, etc.).
Pero lo cierto es que la presidente repite legítimamente su mandato.
Pero estamos en un país democrático y por ende ello no le permite a Cristina hacer lo que quiera. La victoria no da derechos. Realmente empezamos mal. La ceremonia de asunción del nuevo período fue un mamarracho en el que nuevamente se atropelló el protocolo.
Desde el inicio de la era de esta dinastía, se vulneró sistemáticamente el protocolo o los usos y costumbres.
En esta ocasión el solemne acto, parecía una importante acontecimiento familiar. Cristina con su ya más que prolongado duelo, siempre vestida de negro, esta vez con un look de una renovada Gatúbela, utilizando frecuentemente los lloriqueos, pucheritos y referencias al ex presidente, rodeado de sus dos hijos. Es la fórmula que tanto rédito le aparejó a lo largo de este último año.
Su hija Florencia fue la encargada de colocarle la banda y el bastón presidencial. El vicepresidente Cobos fue cuidadosamente ninguneado.
Cristina al jurar por Dios, La Patria y el perverso y maligno fantasma de su finado marido, convirtió el solemne acto en casi una torpe burla.
No creo que en los argentinos de bien, que afortunadamente son una amplia mayoría, tengan dudas que llegado el momento, la presidente y sus sequito íntimo, deberán rendir cuentas de la infinidad de actos gubernamentales inconcebibles, de sus permanentes torpezas y actos de corrupción.
¿Pero por el fantasma? ¿Que podrá reclamarle Néstor Kirchner a la sufriente viuda?
El discurso de Cristina ante el Parlamento constituyó otro acto con la negativa impronta de los Kirchner. En más de una hora de un monólogo que en oportunidades adquirió un tono coloquial y familiero e inclusive risueño, Cristina soslayó la realidad existente y pintó un país irreal e inexistente.
Demostró en ese discurso su alto grado de autismo. Utilizó la clásica dialéctica envolvente de mencionar números, porcentajes y cifras de los indicadores socios económicos verdaderamente espectaculares, que impresionan e impactan fuertemente en los oyentes.
Pero como muchos sabemos, uno de los disvalores más notorios del gobierno de Cristina, es la información distorsionada, errónea o simplemente falsa. La presidente es una especialista en la manipulación de la opinión pública y del engaño.
El grueso del discurso fue para alabar y exaltar los logros y éxitos de su gobierno, algunos pocos, verdaderos, pero la mayoría incompletos, irreales o inconsistentes. Todo fue hablar del pasado y muy poco del futuro.
Una muestra de soberbia y a la vez de falta de proyectos para el futuro.
El discurso presidencial ante el Parlamento es básica y fundamentalmente para señalar el rumbo y los objetivos del período que se inicia. No tocó para nada los problemas más importantes y acuciantes de los argentinos, ni la forma de solucionarlos: la inseguridad, el federalismo, las dificultades económicas, la desembocada inflación, el éxodo de capitales, entre otros temas prioritarios que son la preocupación permanente de los argentinos.
En otras palabras, el discurso no conformó para nada y deja serias dudas sobre nuestro futuro.
No podía ser de otra manera. Nunca los Kirchner tuvieron planes que superaran el corto, o cortísimo plazo. La solución de los que se presentan, se realizan sin análisis y planeamiento adecuado y con medidas coyunturales y de circunstancia.
Si a ello le sumamos, la identidad de los miembros del tan secreto y oculto nuevo gabinete, no podemos menos que pensar que nuestro futuro, no es para nada promisorio.
Afortunadamente en la línea de sucesión presidencial, tenemos al alegre guitarrista de campera, que llegado el momento, que podrá alegrarnos en las horas tristes y amargas que nos esperan.

11-Dic-11 Dr. ALFREDO RAÚL WEINSTABL
alfredo@weinstabl.com.ar

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