lunes, 16 de noviembre de 2009

¡ ACHTUNG !


¡Achtung!


“Ahora ya se puede decir que Hitler está excluido del poder. Hasta me atrevería a decir que está excluido de la esperanza de llegar al poder”.

León Blum, Le Populaire, 08/11/1932

Falta menos de un mes para el 10 de diciembre. Exultantes por la derrota que los argentinos le infligieron al matrimonio presidencial el 28 de junio, los políticos opositores – banda de cafishios sin distinción de divisas – se han apresurado a apropiarse de ella como si de su ineptitud congénita hubieran salido las directivas que posibilitaron el triunfo. Peor aún, como si ellos durante más de cinco años no hubieran sido responsables de haber permitido, por funcionalidad, cobardía e ignorancia, que la República se convirtiera, por obra y gracia de la pareja patagónica, en un estercolero donde cualquier actitud miserable – traición, difamación, o rapacería – estaba permitida.

A esta cáfila de logreros no les importa, haber sido partícipes necesarios de cuantos enjuagues y traiciones se sucedieron desde el 2001. Desde persecuciones infames a quienes pelearon una guerra para evitarnos un destino de siervos – persecuciones que privilegiaban la inseguridad jurídica de los argentinos – pasando por la entronización de la inseguridad física de los ciudadanos, hasta convalidar con sus votos leyes que reducían a la Constitución Nacional a un mero rollo de papel higiénico.

Hoy, en su irresponsabilidad manifiesta, estos logreros sin fe y sin convicciones creen, ilusos, que – parlamento opositor mediante – a los Kirchner les llega su ocaso y que la presidencia está al alcance de la mano para cualquiera de ellos.

Esta es la especie zoológica que pretende acabar con la serpiente. Se creen mangostas en celo y son, frente a los Kirchner, nada más que cobayos mal entrenados que en seis años de actuación elemental y grotesca apuntalaron, por falta de firmeza la funesta asociación entre Quasimodo y Esmeralda, asociación tan ilícita que ni siquiera Víctor Hugo hubiera imaginado. Y hoy, cuando el matrimonio presidencial les refriega en la jeta lo que para ellos significa el poder y su manera de lograrlo sólo atinan a rasgarse las vestiduras y bañarse en cenizas porque para ellos la idea de lo que significa falta de límites éticos, estaba definida por la amoralidad necesaria para urdir chanchullos de poca monta y buena rentabilidad. Es decir, de golpe se enfrentaban con jugadores de primera en el torneo de la perversión política, Justo ellos que no habían pasado de la categoría de picaros de barrio. Ellos, los aspirantes a la “sucesión” ni siquiera son malos, son sencillamente inútiles.

Porque el matrimonio de marras – ese que desvela a los políticos opositores y angustia al 70% de los argentinos – no es un caso más de arteros trepadores a los que la política argentina nos tenía acostumbrado sino que es un producto moldeado en los años de sin razón, violencia e ignorancia de los ‘70, y en su soberbia creen fervientemente, por venir de una comarca donde hay más ovejas que seres humanos, que la sociedad perfecta es aquella que está conformada por borregos. Escasamente ilustrados por esa formación recibida y por el ostracismo cultural e informativo al que durante años se sometieron han descubierto, y han aprendido a usar, los elementos que permiten ganar en el juego político argentino. El Dinero, para comprar voluntades; el Resentimiento, del que hacen gala, y que les ha permitido con éxito hacer que la sociedad argentina esté dividida como nunca y la Codicia Rapaz, que se permiten y permiten a los suyos.

No nos equivoquemos, el matrimonio es políticamente brillante. Intérpretes intuitivos de Goebbels han conseguido por repetición espontánea hacer creer a muchos que son los paladines de los marginados y desocupados. Su manejo de la propaganda, quizás mérito del gallego Braga Menéndez, es magnífico. Aún hay un 30% de argentinos que creen que ellos son el respaldo de los pobres contra los desmanes de la oligarquía – ¿Cuál? – y pese a que la brecha entre ricos y pobres ha aumentado como nunca, han sido convencidos que la pobreza será erradicada con la impostergable ayuda de Louis Vuitton, Ferragamo y Jimmy Choo. Viven, los magos presidenciales, inaugurando y reinaugurando hospitales y escuelas pero no hay ni salud ni educación en los núcleos más pobres – que son más de la mitad del País – porque el hospital y la escuela pública están destruidos. Defensores de los derechos humanos monetariamente resarcibles han montado circos jurídicos donde jueces con menos vergüenza que conocimientos se prestan a perversos remedos de tribunales populares. Desconocen, o no les importa, que en el País mueran de hambre ocho chicos por jornada, como tampoco les interesa que sean asesinados nueve personas por día, en su mayoría pobres a los que dicen defender. Si a partir de estos datos hacemos un somero cálculo podríamos ver que en el último año murieron, asesinados o por hambre 6. 137 argentinos. Nada más que un 77, 5% de los argentinos que, según la CONADEP, murieron o desaparecieron en los siete años que duró el proceso de reorganización nacional.

Esmeralda y el campanero han sido notables vendiendo a ingenuos y distraídos sus trucos durante estos años. El manejo que han hecho de la prepotencia y de la mentira ha sido excelente, y han sabido armar una guardia de corps peligrosa y descarriada porque saben que sin el poder serán menos que nada. ¿Creen Morales, Duhalde, Cobos, Carrió, Macri, solo por dar algunos nombres, que los podrán parar?. También León Blum descreía del futuro de Hitler unos meses antes de su ascenso meteórico a la Cancillería del Reich. No nos ilusionemos. Esta runfla #republicana”, comparada con los Kirchner, son sólo módicos aprendices de brujo que van a terminar arrasando por su estúpida ambición e incompetencia a la República y ni siquiera acompañados por la música de Dukas, sólo por el sonar pedestre de una cumbia villera.

Sepámoslo de una vez por todas si es que llegamos al 10 de diciembre. Estos no son guías de nada, en esto estamos solos o quizás no, quizás por una vez Dios nos permita a los argentinos juntarnos para hacer el futuro.

Autor: José Luis Milia

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