
Por Omar López Mato
Como un gorrión enfermizo, como un aguilucho inválido, como un cóndor herido, Lafsa murió sin haber volado jamás. Ni siquiera se atrevió a correr como un ñandú, o esbozar un aleteo como una gallina, su vida más se pareció al torpe y ridículo paso de los pingüinos, animales hechos para el engaño, porque nacidos aves, nunca vuelan, caminan toscamente pero nadan como peces en mares inhóspitos.
Lafsa, el pichón que nunca levantó vuelo, tuvo una muerte anunciada. A nadie engañó este engendro nacido para carretear por los intricados laberintos de la burocracia K. La suya fue una vida de terrenales mezquindades que jamás alcanzó el vuelo de las águilas. Después de todo, nació pingüino. ¿Qué podíamos esperar de este engendro, más que gastar recursos inútilmente?
Por años todos nosotros, incluyendo a los fieles piqueteros que nunca se elevaron ni escasos centímetros del pavimento usurpado, pagamos pilotos que jamás tocaron un control, azafatas que no sirvieron ni un café entre las nubes, mecánicos limpios de grasa y aceite además de los consabidos burócratas que en todo este tiempo llenaron papeles y formularios de una fantasía voladora que nos salió 40 millones de dólares.
Aún así y a pesar de la burla cruel a todos los ciudadanos, Lafsa después de una larga y onerosa agonía, recibió el parte de defunción. Si, los ministros y la presidenta, luciendo su mejor sonrisa, la han cerrado, diciendo que Lafsa había cumplido ampliamente con la finalidad para la que había sido creada. No mienten, fue creada para robar y no para volar. Tarea cumplida a vuelo de pingüino.
Quien sabe si el día de mañana esta estafa quedará impune como ha quedado D'Elia Rey de los Piqueteros. Para nuestros jueces obstaculizar el derecho constitucional de circular libremente no es delito. De seguir con estos principios, tampoco será delito crear empresas nacionales de aviación que no vuelan, ni usinas eléctricas que no produzcan energía, ni jueces que dejen en libertad a pibes que fueron apresados 60 veces, ni que tampoco condenen a quinceañeros que te pegan un tiro en la cabeza, o funcionarios que se enriquecen de la noche a la mañana, ni bandidos que impiden la libre circulación de los periódicos, o los sobornos millonarios de las empresas ligadas al poder…
Todos serán pecados veniales contemplados por una justicia ciega, sorda, muda y autista, sometida a la fuerza de los poderosos de turno.
Tenemos jueces que son sorprendidos copiándose en exámenes pero igualmente asumen sus puestos. ¿Podemos esperar imparcialidad de ellos? No, solo sumisión.
Lafsa ha muerto, pero no así su espíritu corrupto. Desde su féretro solo vislumbramos un país gobernado por patoteros, con autoritarismo y aprietes; una patria sin prensa libre que denuncie o critique el latrocinio generalizado, la caída de las instituciones, la pérdida de la división de poderes, y la política mezquina de sembrar odios y resentimientos para crear un país donde todos somos rehenes de las quejas ajenas. Sí, rehenes que no podemos resolver las causas de sus pesares, pero igual sufrimos en carne propia la arbitrariedad de sus reclamos.
En nombre de una mayoría (¿ficticia?) imponen su voluntad con hábitos mafiosos. Como decía Borges, han convertido la democracia en un abuso de las estadísticas. Ser mayoría (¿Acaso lo son?) no les da derecho a avasallar a los demás. La violencia desatada con impunidad siempre ha sido una mezcla explosiva en la historia: la Revolución Francesa, la bolchevique y las mismas persecuciones peronistas, no terminaron en nada bueno.
El horizonte piquetero viene mezclado. Hay pros y contras. ¿Cuánto falta para un choque entre facciones? ¿Alabará la presidenta a los piqueteros que rechacen su parcialidad o acaso solo le llega a ella una versión de la realidad?. No falta mucho para el Diario de Cristina como antaño se lo imprimían al Peludo.
Se habla de arsenales, fuerzas de choque, ¿Hasta dónde podrá llegar el fanatismo K y el de sus secuaces? Esta es la pregunta que todos nos hacemos, mientras esperamos en la fila interminable de autos, rehenes de reclamos prebendarios.
Lafsa se ha convertido en la metáfora de un país que nunca levantó vuelo, anclado por la burocracia, a la corrupción y la impunidad.
¿Despegaremos alguna vez? Cada vez somos más los que tememos que el país solo carretee por la pista sin atreverse a despegar, o peor aún, solo se atreva a andar con el paso desmañado y grotesco del pingüino, que agita sus alas imposibilitadas de volar.



















No hay comentarios:
Publicar un comentario