Una cadena de fracasos
El Gobierno atraviesa esas etapas tristes de la política en las que no consigue nada de lo que se propone El momento podría ser peor aún, porque todo lo que hace o intenta hacer se le vuelve en contra Llevó a Hebe de Bonafini a un acto de fanáticos y rentados en apoyo de la ley de medios, la aupó como oradora central y ella se desbocó como todos esperaban que lo hiciera,,,Por Joaquín Morales Solá
Lo esperaba el Gobierno, en primer lugar. La Presidenta usó y abusó luego de su cuenta en Twitter para desprestigiar al máximo tribunal de Justicia, creyendo tal vez que el capricho presidencial torcería la dirección de lo que ya era inevitable. Consiguió, al revés de lo que se propuso, un fallo en contra dictado por la unanimidad de los jueces supremos.
Sucedió ayer, exactamente una semana después de que se lanzara desde el oficialismo la ofensiva más dura de los últimos 27 años contra la Corte. La decisión del tribunal ratificó una decisión de no innovar en la aplicación del artículo 161 de la ley de medios, que encierra la médula misma de esa nueva legislación sobre el universo audiovisual. Ese artículo obligaba a los medios a desprenderse apresuradamente de sus propiedades, mucho antes de que vencieran las licencias ampliadas, en tiempos menos bélicos, por el propio kirchnerismo. La decisión de la Corte de ayer no es idéntica al fracaso político de la resolución 125 en la madrugada del 17 de julio de 2008, cuando el Senado volteó las retenciones a la soja, pero se le parece demasiado.
La decisión de la Corte estaba tomada desde hacía varias semanas. Los votos de seis miembros del tribunal en contra de la petición del Gobierno se iban amontonando. Faltaba sólo la opinión de Eugenio Zaffaroni, de quien se esperaba que promoviera el único voto a favor de los Kirchner. Pero Zaffaroni no entregaba su voto y eso dilataba la decisión de la Corte. ¿Qué motivó la oportunidad y la unanimidad de la resolución? "Bonafini y Twitter", respondió, seco, un funcionario judicial que suele escuchar a los jueces supremos.
Zaffaroni habría expresado en el plenario de ayer de los máximos jueces que él pertenece a ese cuerpo, que se siente parte de él y que los últimos ataques al tribunal despertaron su solidaridad. No nombró a Bonafini, pero la aludió. No podía aceptar, sobre todo, la calumnia de Bonafini sobre el presidente del tribunal, Ricardo Lorenzetti, al que acusó falsamente de actitudes deshonestas. Zaffaroni había hecho previamente un recorrido mediático con frases más o menos amables hacia el Gobierno. Al final, se distanció del oficialismo con el arma más importante que tiene un juez en sus manos: sus propias resoluciones.
Inconsciente presidencial
Twitter es una especie de inconsciente presidencial puesto bajo la luz pública. Entre Cristina Kirchner y sus mensajes públicos no existen consejeros, asesores ni funcionarios que se interpongan para diferenciar la opinión personal de la Presidenta y la de la jefa del Estado, que no son la misma cosa. Hasta el lenguaje es simple, trivial y muchas veces ramplón, una mezcla de broncas y de ironías, de rabietas y de revanchas personales. Nada, en fin, que sea compatible con el estilo y los modos propios de quien está a cargo del Estado argentino.
Twitter fue utilizado por la Presidenta en los últimos días para despotricar contra la Corte, culpable según su visión de meterse en su provincia, Santa Cruz, con el caso del ex procurador Eduardo Sosa; de ordenar la extradición del ex guerrillero chileno Apablaza Guerra cuando ella se disponía a viajar a Santiago, y de prohibirle a la AFIP los embargos por deudas que no hayan pasado por la Justicia.
Si Cristina Kirchner pudiera abandonar por un instante su insistencia autorreferencial (Santa Cruz es la provincia donde ella vive y ella se disponía a viajar a Chile, subrayó en esos mensajes sin filtros), podría preguntarse qué es lo que hizo su administración para que la Corte deba frenar tantos desvaríos. Podría, por ejemplo, despedir a buena parte de su equipo jurídico y reclamarle a su esposo que imagine decisiones oficiales más ajustadas a los mandatos y a las garantías constitucionales. Podría interrogarse sobre los errores que cometió más que sobre imaginarias conspiraciones de los jueces.
La resolución de ayer de la Corte es sólo aplicable a Clarín, porque fue la empresa que interpuso el reclamo judicial de no innovar. Sin embargo, el precedente de los jueces de primera y segunda instancia, y la ratificación de ayer del máximo tribunal pueden servir como jurisprudencia para que otras empresas de medios hagan similares presentaciones. Indirectamente, esa resolución podría serles útil, por ejemplo, a Cadena 3, de Córdoba, o al español Grupo Prisa, que están obligados, como lo estaba Clarín, a desinvertir en el plazo de un año.
Cinco jueces de la Corte reclamaron ayer que el juez de primera instancia fijara un plazo para expedirse sobre la cuestión de fondo, que no es otra que la inconstitucionalidad -o no- de ese artículo. Se trata de una vieja doctrina de la Corte, que viene repitiendo en varios fallos. Esto es: las medidas cautelares deben tener un plazo prudencial para no terminar siendo, de hecho, una sentencia definitiva. En el caso de la ley de medios, la prolongación de esa decisión afectaría al Gobierno, pero también a las empresas privadas, porque éstas verían desvalorizados sus activos por la inseguridad sobre los plazos de la titularidad de las licencias.
Sensible frente a los antojos de Bonafini, la Presidenta corre el riesgo de ser sometida por Chile a la Corte Interamericana de Derechos Humanos. El caso Apablaza podría violar los convenios internacionales sobre acciones contra el terrorismo, de los que son signatarios Chile y la Argentina, y desnaturalizaría la figura del refugio, defendida por todos los organismos internacionales en tanto que se cumpla con los necesarios requisitos. El refugio de Apablaza no los cumple y semejante institución, la del refugio político, no podría quedar sometida al capricho de cualquier jefe de Estado. La Presidenta quiso quedar bien con Bonafini y sus alianzas, pero está quedando mal con Chile, con organismos internaciones y hasta con las instituciones americanas de derechos humanos. Nada, en efecto, le sale bien.



















No hay comentarios:
Publicar un comentario