lunes, 18 de octubre de 2010

EL GRITO


¡ESE GRITO…ESA SÍNTESIS!



Hace poco, en otra de las tantas peroratas a las que le tengo acostumbrado/a, lo traje a cuento. Fue el grito proveniente del corazón desgarrado de un adolescente, quien en Ingeniero Machwitz, participaba de la marcha en memoria del joven Matías, otro adolescente que recién se aprestaba a desplegar las alas que le permitieran convertirse en un hombre de bien. “¡NO QUEREMOS QUE NOS ENCUENTREN MUERTOS…QUEREMOS QUE NO NOS MATEN!”. ¡Patético!...¡ciertamente patético!. La síntesis más apretada de una realidad que hace poco más de una década, a los argentinos siquiera nos rozaba. Una realidad que no necesita del aporte de la estadística, y nos golpea todos los días, la puerta de la negación a la que parecemos estar aferrados. De otro modo, resulta más que imposible imaginar semejante grado de desidia, de falta de compromiso.

Ud. me podrá decir, “…se equivoca, éramos casi diez mil los autoconvocados días pasados en reclamo de seguridad”. ¡Justamente por eso le hablo de desidia y falta de compromiso, y entonces le recuerdo que solo quienes habitamos la Ciudad de Buenos Aires, rondamos casi los cuatro millones de almas!.

Pero le voy a decir más; está visto que batiendo palmas o encendiendo una vela, quienes tienen la indelegable e intransferible obligación de protegernos, no se dan por aludidos…no nos dan un gramo de pelota, si prefiere!, porque el delito criminal, sigue “in crescendo”, ¿se díó cuenta?.

Ojo; le confieso que he participado de esas manifestaciones, como las que tenían como referente al defenestrado Juan Carlos Blumberg. ¿Sabe qué pasa?, en una de ellas, quienes siempre restan, llegaron a contar hasta cuatrocientas mil personas. Cuatrocientas mil personas batiendo palmas o con una vela en su mano, constituyen un más que importante “llamado de atención”. Diez mil personas en esa misma actitud, no dejan de ser lo más parecido a una murga aburrida. Y perdone por la comparación”…sé que soy extremadamente duro diciendo lo que digo. En todo caso, sepa que me comprenden las generales de la ley…¡también formé parte de más de una murga!

¿Recuerda las palabras de la mamá de Diego Rodríguez, ese muchacho modelo que además era un modelo de vida asesinado en Liniers, durante el transcurso de la última convocatoria realizada en Plaza de Mayo?. Yo tampoco las recuerdo exactamente; sí sé que desde su extremo dolor, se manifestó decepcionada por la falta de participación ciudadana, en la que fuera la segunda de las convocatorias. No trate siquiera de imaginar la impotencia que esa mamá sintió e hizo aún más profundo su dolor…¡no va a poder!, y a decir verdad, todo me conduce a pensar que es muy poco lo que le importa.

Y fíjese en contrapartida, lo que son capaces de hacer “cuatro gatos locos” a quienes solo inspira la necesidad de “hacer quilombo” como para que su vida, la mía y la de todos, siga convertida en un verdadero infierno. Cortan una autopista ante la mirada complaciente y hasta cómplice de un Gobierno y sus autoridades, evidentemente empeñadas en meternos tres o cuatro metros bajo tierra, o convertirnos en un paciente más de los ya abarrotados frenopáticos, o si prefiere, dejarnos “tullidos” por el resto de nuestros días, deambulando de un lado para el otro, hablando solos, con la mirada y las ganas de vivir, perdidas. ¿Acaso Ud. supone que el impresionante incremento de los ACV es producto de la casualidad, de la mala alimentación, del consumo desmesurado de cigarrillos?. ¡Esto último, es probable que en alguna medida, “tenga que ver”. Sin embargo estoy en condiciones de asegurarle que el principal detonante de ésta verdadera catástrofe, está directamente emparentada por el incesante consumo de “mierda” que nos hacen digerir contra nuestra voluntad.

Para concluir, permita le recuerde los primeros versos de las “coplas por la muerte de su padre”, de Jorge Manrique:

“Recuerde el alma dormida,”

“avive el seso y despierte”

“contemplando”

“como se pasa la vida,”

“como se viene la muerte,”

“tan callando”….

Ricardo Jorge Pareja

parejaricardo@hotmail.com

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