viernes, 15 de octubre de 2010

EMBARGANDO EL FUTURO


EMBARGANDO EL FUTURO...

Por Susana Merlo (*)

Excepto que el clima se complique, Argentina va camino a lograr alrededor de 100 millones de toneladas en la próxima cosecha agrícola, de la mano de los, nuevamente, muy atractivos precios internacionales.

Y, si bien es cierto que tal volumen se podría haber alcanzado hace ya tiempo, de no haber mediado políticas muy poco “amigables” para la producción, especialmente del campo, es innegable que estos tonelajes son cada vez de mayor impacto.

Pero no en las cuentas fiscales, en la balanza comercial, o en la actividad económica donde es indiscutible su incidencia. Tampoco en la relación con los fuertes sectores exportadores, o con los procesadores que los convertirán en carnes, aceites o harinas. Nada de eso.

La relevancia está en lo que se “consume” para poder lograr cada cosecha, y en el hecho de que no se produce “del aire”.

Es que aunque parezca de Perogrullo, cada cultivo “extrae” cantidad de nutrientes del suelo para desarrollarse, y el problema es que apenas se está reponiendo algo menos de un tercio de lo que se saca.

Si bien las cantidades de fertilizantes que se aplican son crecientes, a excepción del año pasado cuando las cantidades utilizadas cayeron casi un millón de toneladas a 2,5 millones, esos volúmenes siguen siendo apenas una parte mínima de lo que haría falta para quedar en equilibrio. Para colmo, la soja es la que menos se fertiliza, y es la que representa más del 60% de la cosecha.

¿Hasta cuando puede aguantar el suelo si se le sigue sacando sin reponer?...

De hecho, se dice que actualmente los rindes podrían ser muy superiores si la fertilidad fuera la adecuada, al punto que en soja se habla de casi una tonelada más por hectárea (10 quintales) de diferencia entre los cultivos que no aplican nutrientes y los que usan las dosis que corresponde.

Si esta cifra fuera el promedio nacional, entonces la Argentina podría producir entre 15 y 20 millones de toneladas más, en la misma superficie que ahora. ¡!30% más del “yuyo”!!, con sólo devolver lo que se quita de nutrientes.

Para ser más gráficos, lo que está sucediendo es casi equivalente a usar nafta común en una Ferrari. Igual camina, pero el andar es muy distinto y la velocidad mucho menor…

Esto, además, está demostrando que “la tierra” comienza a agotarse, y a rendir menos.
Nos estamos “comiendo” el suelo. No hay milagros, de algún lado sale la producción y no vale engañarse.

Si Brasil para lograr 4 toneladas de soja por hectárea necesita gastar entre U$S 300/400 por hectárea de fertilizantes, es porque su suelo no le aporta la cantidad de nutrientes que si dan, aunque sea en parte, los de Argentina.

Pero todo tiene un límite y el agotamiento llega.

Volvemos a “manotear” las joyas de la abuela…Igual que en los ’90, pero en lugar de las empresas públicas de entonces, ahora nos comemos los ahorros, y “embargamos” la fertilidad de la Pampa Húmeda (y de otras zonas también).

Y casi tan grave como esto, es la doble pérdida que están teniendo las provincias, y que muy pocos legisladores parecen estar considerando. Es que con el esquema de retenciones a los productos agrícolas, reimpuesto a partir de 2002 (aunque de incidencia creciente en los años posteriores), ese “recorte” de ingresos que viene imponiendo la Nación, representa menos posibilidad de gasto e inversión de los productores (entre otras cosas, en fertilizantes e insumos) en cada provincia y, además, los fondos de los impuestos a la exportación (retenciones) prácticamente no se coparticipan.

De tal forma, la “gula” de la Nación, no sólo se lleva el 35% directo de la soja, o el 23% del maíz, sino también los volúmenes de nutrientes que fueron necesarios para producirlos, y esa cifra (millonaria) nunca se ve en los cálculos, ni aparece a la hora de negociar fondos, coparticipación, etc.

Según datos de la entidad civil Fertilizar, la extracción de nutrientes requeridos anualmente por los cultivos, y que “no” se reponen (básicamente por la soja, que es la que menos se fertiliza y cuyo balance es totalmente deficitario), supera los U$S 3.000 millones en equivalente de fertilizantes, por año.

La soja no es tan “barata” como algunos creen (incluido más de un productor), lo que sucede es que el “préstamo” que se toma anualmente del suelo no se pone en las planillas de cálculo de costos. Es como una deuda que no se paga, y tampoco se piensa que esa provisión o aporte se pueda suspender.

Lo increíble es que, mientras el gobierno plantea un rimbombante y pretencioso plan “estratégico” agroalimentario, no aparece ninguna política pública o lineamiento para preservar, justamente, la calidad y cantidad de la producción agrícola, como si el objetivo de las cosechas fuera meramente coyuntural y fiscalista, sin importar el riesgo –cierto, a esta altura- de matar a la gallina de los huevos de oro…, o al “yuyo” que, a estos efectos, vendría a ser lo mismo.

(*) Crónica y Análisis publica el presente artículo de la Ingeniera Agrónoma Susana Merlo por gentileza de su autora y Campo 2.0.

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