viernes, 15 de octubre de 2010

LA PROPAGANDA



Técnicas publicitarias de Mussolini, Kirchner y Frondizi

Por Ernesto Poblet

Con el gracejo de su idioma me comentaba un historiador romano en una pizzería del Trastevere: “Dos cosas fueron relevantes en la personalidad de Benito Mussolini. Una que hablaba demasiado. La otra que viajaba mucho para poder hablar mucho más y adorar su culto por la propaganda…”

No le interesaba al Duce si su régimen se encontraba dentro de los cánones de una república, de una monarquía o de un conjunto de normas kelsenianas. Todos los poderes emanaban de él descendiendo por los diversos grados que impuso su filosofía acerca del Estado.

Desde ahí manejaba las actividades y sectores de la sociedad, los estamentos corporativos y sindicales, la justicia, la educación, los sentimientos y las decisiones más privativas de sus familiares, amigos, altos funcionarios y hasta el último de los aldeanos, la cultura y el mínimo detalle que se le ocurriera.

El ser humano debía constituirse en un sujeto obediente a la “parla” permanente, incansable, del pintoresco orador que adecuaba a su estilo el reconcomio del pueblo más orgulloso por su esplendor de antigua gloria, el más creativo, el gran cultor del arte.

Quizás por esos auténticos motivos era también la sociedad más dispuesta a comprar fácilmente y con regocijo los halagos de aquel gesticulador presuntuoso, fronterizo con el tartufismo, que tantos personajes inspirara en Victorio de Sica, Totó, Alberto Sordi, Victorio Gasman y otros genios del cine italiano de décadas atrás.

Fueron instrumentos de Mussolini la evocación del imperio romano, un histriónico nacionalismo, cierta influencia de Nietzsche, algunas travesuras que sonsacó de Maquiavelo y su arrolladora energía para la auto-publicidad que le permitió construir un poder absoluto, talento enorme para consagrar el logro de ese objetivo en la díscola, desordenada y turbulenta Italia.

Todos sus movimientos, hasta sus reflejos y sueños instintivamente los orientaba hacia el cultivo patológico de la propaganda. Ningún émulo le podría discutir –al menos en su originalidad- esa propensión a convertirse en el primer trabajador, el primer deportista, el primer agricultor, el primer guerrero, etc.

Comenzó Mussolini sus andanzas ejerciendo el periodismo de la izquierda socialista, después fundó el fascismo en un giro de ciento ochenta grados aunque preservando el altar sagrado del Estado, exacerbación que le quedó de su antiguo marxismo. En 1922 marcha sobre Roma con sus huestes consolidadas en un aparato sólido de poder.

La propaganda y su mística pintoresca le permitieron mantener férreamente el gobierno –durante más de dos décadas- a través de las corporaciones y un fino cultivo de la mentira, la exageración y el sofisma. Lejos de amar al pueblo italiano lo despreciaba en su intimidad, le reprochaba y culpaba de cuanto fracaso él mismo sufrió en sus torpes avatares políticos y militares. Por eso otro italiano simpático me lo definió así: “Si al Duce le dieran la oportunidad de elegir su apotegma favorito para eternizarlo en el frontispicio de Delfos, elegiría: la culpa la tuvo el otro…”

KIRCHNER Y LA PROPAGANDA

En el suplemento “Enfoques” de La Nación del 28-08-07 la periodista María O´Donnell denuncia numerosos actos ilícitos practicados por el gobierno de Kirchner y sus agentes publicitarios del Estado, malversando así los fondos públicos en una propaganda abusiva e ilegal. Cebados desde que asumieron el poder santacruceño, los funcionarios del gobierno no le temen a la flagrancia exhibida en la comisión de delitos o actos reñidos con la ética. Contratos con los canales de TV por avisos que alcanzan sumas extraordinarias según la facturación, pero en la programación aparecen escasísimos anuncios.

La diferencia de lo pagado por el Estado ¿sobreprecios? la utilizan para apariciones públicas de funcionarios y candidatos oficialistas o difusión constante en noticiosos o informativos, de datos –ciertos o no- favorables al gobierno . El sistema se observa en los distintos canales de aire y cable, radios principales y los más diversos medios y hasta agencias sofisticadas -“La Corte” entre ellas- que se ocupan de la propaganda extravagante y costosa que efectúa en el extranjero la candidata digitada para la presidencia de la nación.

El cinismo llega a tal grado de corrupción que no les importa a las autoridades oficiales dejar sus digitales en órdenes expresas a los canales del interior: “El acto de lanzamiento de la senadora C. F. de Kirchner será transmitido mediante los parámetros oficiales de la Presidencia” (Miguel Núñez-Vocero de la Casa Rosada).

Arriba a los actos del Conurbano en los helicópteros del Estado la candidata oficialista. Recorre las capitales de América y Europa en los aviones presidenciales transportando una nutrida comitiva que incluye entre sus valets al propio canciller de la nación. Los detalles de los numerosos delitos y transgresiones cometidos ante los ojos de la comunidad parecen no haber trascendido para las denuncias y querellas que corresponden interponer los fiscales y jueces.

El Poder Judicial se ha transformado en una institución flácida, anodina y temerosa. La reforma estructural del Consejo de la Magistratura la manejó desde su sitial en el senado la señora Kirchner con una actitud que va a manifestarse en la historia por sus intenciones y consecuencias deteriorantes. La propaganda extremadamente abusiva de todos los días de los cuatro años y medio de gestión del régimen se parece al sistema de Mussolini.

El Duce viajaba al exterior para hacer discursos para los italianos. No le importaba convertirse en el hazmerreir del extranjero. La señora Kirchner participa o le organizan foros en París, New York y otras capitales para un grupo de invitados “costosos” como el hombre más rico del mundo o mujeres de alto nivel político. La escasa trascendencia periodística en el exterior de estas apariciones sólo hacen alusiones a su frivolidad, soberbia y atuendos.

Las intervenciones del presidente Kirchner en los altos foros elegidos por su investidura han dejado un triste recuerdo por su grosería, desubicación y mal gusto. El discurso de Kirchner en Dubai ha logrado que los argentinos viajeros sean maltratados en cuanto lugar foráneo fueren reconocidos.

Podría argüirse que los fondos destinados a los medios de la publicidad son convenciones entre las partes y la voluntad es ley. Pero cuando participa el Estado no lo hace con las mismas prerrogativas que los particulares. El derecho administrativo rige esas convenciones y lo que es lícito entre privados no lo es con los funcionarios públicos que sólo son mandatarios y en absoluto propietarios de los fondos que administran.

FRONDIZI Y LA PROPAGANDA

El presidente Arturo Frondizi estableció un sistema igualitario entre los partidos políticos para las elecciones. Durante la campaña cada partido gozaba de un espacio gratuito de media hora por día en radios y los diferentes canales de televisión. Todos los medios gráficos eran opositores al gobierno desarrollista menos el diario Clarín de Roberto Noble.

Se habían inscripto cuarenta y tres partidos de los cuales uno era oficialista y cuarenta y dos opositores. Por lo tanto el gobierno contaba con media hora de espacio y la oposición veintiuna horas por día. En esas condiciones aquel gobierno hizo una buena performance eleccionaria, salvo en la provincia de Buenos Aires donde influyeron las corporaciones fascistas del Conurbano y las militares del mismo signo para concluir en el golpe de estado de marzo de 1962.

En ese clima de abnegación y austeridad para el uso de los fondos del Estado la gestión 1958/62 ganó las elecciones en Capital Federal, Santa Fé, Entre Ríos, Misiones, La Pampa, Corrientes, Jujuy, San Luís y otras, la UCR en Córdoba, en Mendoza los conservadores, Neuquén el MPN y el peronismo en Santiago del Estero, Chaco y el caso fatal de la Provincia de Buenos Aires que dio pie a las Fuerzas Armadas golpistas para apropiarse del gobierno y mandar preso al presidente constitucional por un año y siete meses.

Una feroz acción psicológica de las corporaciones fascista de la provincia más grande, los militares en plena comisión de su peor delito, la prensa falaz y los métodos de Mussolini iniciaron esa marcha deletérea sobre Buenos Aires en marzo de 1962. La única diferencia con la de 1922 sobre Roma fue la falta de las camisas negras.

Este triste episodio deja una lección para la historia. La actitud del estadista derrocado en no utilizar los bienes del Estado para su propia propaganda permitió determinar un mapa político equilibrado y muy apto para desarrollar la más madura democracia que todavía le hace falta al país.

Las instituciones podrían funcionar fluidamente, el parlamento a través de los altos debates y consensos, las autonomías provinciales con su vida propia más la plena vigencia a su favor de los poderes remanentes que les permite la Constitución, los jueces ejerciendo su competencia y jurisdicción en plena independencia con el sólo límite de su buena conducta.

Obsérvese con angustia que ninguna de estas tres potestades se cumplen en la desnutrida democracia que padecemos. Por más que el bombardeo aplastante de la propaganda kirchnerista pretenda pintarnos de rosado el más negro de los paisajes.

epoblet@fibertel.com.ar

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