miércoles, 20 de julio de 2011

CALLAR


¿Por qué no te callas?


Por JUAN SALINAS BOHIL
En un aceitado cronograma las voces de la curtura y la inteletualidá nacional y popular salieron a disputar espacios en diarios, televisoras y radios de los “medios hegemónicos” privado-estatales (que son mayoría,) y en otros a los que no se cansan de agraviar y que, curiosamente, publican sus opiniones como si fueran una verdad revelada. Esto es, dar por el pito más que lo que el pito vale. Allá ellos.

La razón de tanta alharaca parece obvia: seguir puenteando la derrota kirchnerista del domingo 17 en esta ciudad, primero, al pretender instalar el tema de la segunda vuelta que como vienen las cosas será una segunda paliza y después, ofendiendo al 50% del electorado porteño que votó a Mauricio Macri en lugar de los candidatos de la Casa Rosada.

El oficialismo nacional es pródigo en tender sobre la mesa sucesos que intentan borrar en el recuerdo de la opinión pública lo sucedido ayer. Así lo ha hecho siempre. A la usurpación del Parque Indoamericano le correspondió de manera inmediata la creación de un ministerio de la Inseguridad; y aunque no se pueda asegurar que los conocidos desmanes en River Plate y adyacencias hayan sido provocados por agentes gubernamentales, en mucho sirvieron para hacer olvidar por una semana los enjuagues del simpático Sergio Schoklender y su querida Madre Hebe que es, también, por si algunos no lo recuerdan, por decisión del difunto Néstor Kirchner, la madre de todos los argentinos.

Si lo dicho no bastara para inferir el arte con que se mueve el Gobierno para tapar ollas nauseabundas y poner al fuego otras de reciente factura, vemos que a las pocas horas de los vandálicos sucesos de River, el Gobierno sacó de su galera un nuevo conejo llamado Plan de Seguridad “Cinturón Sur”, con el que intervino militarmente la zona sur de la ciudad de Buenos Aires con gendarme y prefectos para –eso dice– “proteger y servir” a la Comunidad. Al enterarse de la novedad, los delincuentes y narcotraficantes se agarraron tal susto que se agolparon en las embajadas europeas para solicitar las visas que les permita viajar a ese continente a ejercer su profesión con tranquilidad. Por lo que se ha podido saber, no sería extraño que algunos de ellos se presenten ante el vapuleado Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI), por impedírseles ganar el pan diario con el sudor de su frente.

Por su parte, el lunes 27 de julio, la secretaria de Estado de los Estados Unidos, Hillary Clinton, presentó el informe anual de 2010 sobre la trata de personas, en el que se acusa duramente al gobierno argentino de no cumplir con los estándares mínimos para eliminar ese flagelo, de no tener un plan y de la convivencia de funcionarios con la trata.

Extrañamente, el silencio fue la respuesta de los habituales ministros encargados de chicanear o inventar supuestos incidentes con los Estados Unidos. Sin embargo, nada más que ocho días después, el martes 5 de julio, Cristina Fernández firmó un decreto que prohíbe la publicación de avisos clasificados de oferta sexual –conocidos como “Rubro 59”– por considerarlos vehículos en la comisión de trata de personas y consideró que, con la medida, "hemos dado un gigantesco paso contra la doble moral y la hipocresía". Más trabajo para el INADI.

De manera que las cuestiones que infectan o degradan la gestión gubernamental se pretenden ocultar hablando o escribiendo hasta el cansancio de determinados temas que solo al Gobierno le interesa. Si hasta el todoterreno Maradona, terminada la Copa América para el seleccionado de la AFA, volvió para abrir su gran bocaza o Martín Lousteau, el joven maravilla de la Economía, el mismo de la Resolución 125 y el Tren Bala, zarandea a los lectores de “La Nación” que, por tener que soportarlo sólo se nos ocurre decir: “Algo habrán hecho”.

Que el compositor y cantante (preferentemente lo primero) Páez, rosarino de nacimiento, quien hace bastante tiempo que no se destaca en escribir algo medianamente aceptable y vive muy bien de glorias pasadas –millonariamente bien, diríamos– necesite prensa es aceptable, casi, agregaríamos, respetable y necesario para sostenerse en el candelero cuando la llama de la inspiración hace tiempo que comenzó a flaquear. También la necesitó hace poco el golpeador Federico Luppi, al intentar denigrar a la señora Legrand, con lo que, es cierto, ganó algunos micromilímetros de titulares.

Se le atribuye a Páez haber escrito una nota en un diario en donde entre otras consideraciones dice que le da asco la mitad de la población de Buenos Aires (el 47,1% que votó a Mauricio Macri), que son simplones, gente con ideas para pocos, egoísta, para agregar, “no quiero eufemismos”. Si hubiésemos votado a Macri, siguiendo su deseo de hablar claro, al no pertenecer a esa entelequia llamada “centro” compuesta por liberales híbridos lo hubiésemos mandado bien al carajo, y habríamos montado guardia frente al lugar en donde vive para que nos repita en persona lo que dicen que escribió. Pero no fue él, se nota a la legua, como que después de prestar su firma para lo miserable, desapareció por no estar en condiciones intelectuales de defender lo que todos le atribuyen. Habría que averiguar, para tranquilizarnos un poco, el monto del último cheque que recibió del gobierno.

Pero a no desfallecer electores de la Capital Federal que hay más porque otro zafado, Luis Juez, senador de la Nación, también provinciano, también “progresista”, posiblemente cómico en uso de licencia, se permitió decir un mes atrás que odiaba a los porteños. Eso se llama hablar sin eufemismos. Como cuando la Roja Mercedes Sosa se refirió a la por entonces quinceañera Soledad con un despectivo: “Cantar no es revolear el poncho”. Así es en verdad la izquierda.

La ruindad teledirigida que le hacen decir a Páez pertenece al mismo árbol genealógico que contiene los bloqueos de Moyano, los aprietes de Moreno, las agresiones de D’Elía, las guasadas de Aníbal Fernández y los comentarios de los militantes a sueldo de los “medios hegemónicos” kirchneristas. La diferencia es que los dichos del rosarino se encuentran en otro nivel de comprensión para el 50% del electorado debido que el compositor es un “artista” o un “hombre de la cultura”. ¡Esa teníamos! Y esto lo dice la gente inteligente, la que piensa, que no es ignorante como uno, que pueden expresar sus pensamientos como una carta abierta y a los cuales nos hemos referido extensamente en “La intelectualidad nos está matando” http://www.correodebuenosaires.com.ar/nota.asp?idnota=501. Estos empleados del Estado creen que la elección se perdió por haber transmitido mal el mensaje. Lo mismo le sucedió en su momento a Raúl Alfonsín. No son entonces, tan inteligentes.

Para el final, recordamos que cuando un legislador inglés, refiriéndose a los habitantes de nuestras usurpadas Malvinas dijo: “Los isleños tienen unos vecinos muy molestos”, nos preguntamos si no habría llegado la hora de que se muden. Pensamos lo mismo de otros vecinos de esta ciudad

No hay comentarios: