jueves, 20 de mayo de 2010

JUSTICIA GLOBAL ?


Río Negro - 20-May-10 - Opinión

http://www.rionegro.com.ar/diario/opinion/editorial.aspx?idcat=9542&tipo=8

Editorial
Justicia no tan global

El que un juez español, Baltasar Garzón, procurara desempeñar el papel de fiscal mundial y llevar ante los tribunales de su país a ex dictadores latinoamericanos para que rindieran cuentas por delitos de lesa humanidad siempre fue paradójico, ya que en España, donde se violaron los derechos humanos en una escala llamativamente mayor que en Chile y la Argentina durante los años setenta, regía una amnistía generalizada. Al intentar superar la contradicción así supuesta y emprender una investigación de los crímenes cometidos por el franquismo, Garzón chocó contra magistrados resueltos a dejar lo sucedido en los años que siguieron a la feroz Guerra Civil española en manos de los historiadores. La decisión de suspenderlo bajo acusación de prevaricato ha motivado la reacción airada de quienes quisieran ver condenados a los franquistas, pero algunos izquierdistas habrán sentido alivio porque, antes de terminar aquel conflicto en que murieron centenares de miles de personas y muy pocos manifestaron respeto por la vida ajena, individuos comprometidos con la República resultaron ser igualmente brutales y arbitrarios, razón por la que hasta hace muy poco la mayoría abrumadora de los dirigentes políticos españoles estaba a favor de respetar la amnistía.

Aunque Garzón y otros militantes de la justicia universal han incluido en las listas de acusados a terroristas de organizaciones como ETA, los paramilitares de los "Grupos Antiterroristas de Liberación" que fueron formados por el gobierno del socialista Felipe González y ciertos islamistas, entre ellos el presidente de Sudán, es innegable que han sido proclives a concentrarse en criminales sindicados como "derechistas" y pasar por alto las atrocidades perpetradas por los regímenes comunistas que gobernaron la mitad de Europa hasta fines de los años ochenta. Tal actitud puede atribuirse en parte al escaso interés de los "progresistas" en investigar lo hecho por regímenes que muchos apoyaron y también porque hubo tantos culpables de delitos aberrantes que se hubieran visto desbordados. Para complicar todavía más la situación, en los países de Europa central y oriental muchos ex comunistas, reciclados en socialdemócratas o nacionalistas, siguen ocupando puestos gubernamentales, de suerte que cualquier intento de procesarlos tendría consecuencias políticas y diplomáticas imprevisibles.

Si los únicos contrarios a la idea de la justicia universal, o sea de la difusión por el mundo entero de los valores y principios que disfrutan de un amplio consenso en los países occidentales avanzados, fueran los cada vez más ancianos veteranos de dictaduras latinoamericanas y regímenes totalitarios europeos ya desaparecidos, las aspiraciones de jueces como Garzón y nuestro compatriota Luis Moreno Ocampo podrían considerarse realistas, pero por desgracia éste dista de ser el caso. Los gobiernos de países como China y Rusia no tienen ninguna intención de permitir que otros juzguen su conducta con el propósito de castigarlos por lo que han hecho. Aún más agresivos en tal sentido son los islamistas, que en todos los foros internacionales están reclamando la adopción universal de un código sanguinario de justicia que en otras partes del mundo sólo motiva horror. Asimismo, desde que Barack Obama fue elegido presidente de Estados Unidos se ha hecho evidente que la eufemísticamente "guerra contra el terror" -en verdad, se trata de una guerra contra el islamismo militante- no fue una extravagancia maligna de George W. Bush sino una necesidad lamentable, razón por la que el gobierno norteamericano aún no ha podido cerrar el campo de Guantánamo y ha multiplicado los "asesinatos selectivos", sin preocuparse demasiado por "los daños colaterales", que siguen llevándose a cabo en Afganistán y Pakistán. Mal que les pese a quienes quisieran que absolutamente todos se vieran obligados a respetar normas más benignas que las tradicionales, los encargados de la defensa de los habitantes de los países occidentales no pueden limitarse a emplear métodos que serían apropiados para agentes policiales en las zonas más pacíficas de Suecia, mientras que sus enemigos no tienen intención alguna de respetar leyes que les son ajenas y que, en su opinión, sólo reflejan la debilidad fatal de sociedades que están resueltos a destruir.

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