
Un país traicionado por sus propias palabras
La Nación padece de una cuestión irresuelta no sólo con las palabras,
sino también con los contenidos, las esencias y las ideas. Los otros
conflictos, no importa cuán grandes sean, son, al lado esto, irrelevantes.
por Pepe Eliaschev
Imagine el lector un rompecabezas muy especial. Ésta es la propuesta de esta semana, armar una pintura suficientemente atractiva, veraz y elocuente de siete días argentinos a partir del coro a menudo disonante de tantas voces que piden ser escuchadas.
¿Mafiosos?
Al comentar una tira de historietas que publica el diario Clarín en su contratapa y en la que sus creadores aluden a dos policías homosexuales a punto de contraer matrimonio pero cuyos criollos apellidos de ficción coinciden con los de unos agentes de seguridad que custodian a la Presidenta de la Nación, el jefe de Gabinete de Ministros, Aníbal Fernández, no se privó de nada.
Convencido de que era un mensaje "mafioso", se quejó públicamente en los medios, con estas palabras: "Son las cosas a las que nos vemos sometidos (sic) todos los días. (...) Nos encontramos en presencia de quienes para no perder su privilegio mandan a los mastines a mordernos".
¿Crecimiento?
Cristina Kirchner, cuyas participaciones en actos, y consecuentes palabras alegóricas, son casi cotidianas, resuelve recordar el 36º asesinato del sacerdote Carlos Mujica, acribillado el 11 de mayo de 1974 por la Triple A organizada por el mayordomo privado de Juan Perón, José López Rega.
Como Mujica evangelizaba en la Villa 31 de Retiro, allí va la Presidenta y sus palabras, al presenciar el colosal crecimiento hacia arriba del asentamiento surgido entre el ferrocarril y la autopista, fueron éstas: "El crecimiento (de la villa) en los últimos años se traduce en ladrillos, chapas, un lugar que se está urbanizando, también implica la profunda transformación que ha tenido el país".
Privilegiados
Un minucioso estudio técnico del gobierno de la provincia de Santa Fe revela que cada colectivo que circula en la Capital Federal recibe un "subsidio" del Gobierno nacional 18.451 pesos por mes, mientras que un "bondi" cualquiera en La Pampa sólo recibe 6.992 pesos mensuales.
Pero aún es más grave el detalle fino: el dinero de los argentinos recompensa con 2,88 pesos cada kilómetro recorrido a un colectivo porteño, mientras que en la citada La Pampa el subsidio es veinte veces menor, 11 centavos por kilómetro.
El secretario de Servicios Públicos del gobernador santafesino Hermes Binner lo consigna sin vueltas: "Los pasajeros que están en un sistema que va más allá de 60 kilómetros de una capital provincial directamente no reciben ni un peso de subsidio".
¿Diversificación?
Palabras y hechos, sensación térmica y temperatura, retórica y realidad. Al explorar los datos proporcionados por el Sistema de Seguridad Social que funciona en el seno de la Agencia Federal de Ingresos Públicos (Afip), el columnista Maximiliano Montenegro descubre en La Nación que "hace rato que el 'modelo productivo de matriz diversificada' -como suele decir la presidenta Cristina Kirchner- no diversifica su matriz a la hora de generar trabajo.
Desde mayo de 2008, con el empleo privado casi estancado, "tres de cada cuatro nuevos puestos fueron creados por el Estado".
En su trabajo, Montenegro explicita que "más allá del boom de ventas de autos y pantallas de LCD, el mercado laboral camina con las muletas del sector público".
¿Escucharlos?
Sesudo debate de los ministros de Educación de todo el país, reunidos en Consejo Federal para abocarse al fenómeno de las "rateadas" masivas en los colegios secundarios. Definiciones sugestivas y previsibles: no se aplicarán sanciones especiales y sólo se les computará a los "rateros" una falta normal.
Militante de esa cultura de la macro indulgencia (todo bien, todo tranqui, todo bajo control) y que hoy cubre a la sociedad argentina para explicar (y justificar) todo, el ministro de la Nación, Alberto Sileoni, descubre que "los chicos están queriendo comunicarnos algo y, en este sentido, hay consenso en que debemos escucharlos".
Integrante de un gobierno que ha sancionado un feriado nuevo este 24 de mayo para armar un colosal puente turístico de cuatro días, Sileoni se maravilla del suceso. "Este es un fenómeno nuevo y no nos vamos a pelear con la herramienta (facebook), la alentamos". Conclusión: rateadas masivas pero impunes, hay que "escuchar" a los chicos y, sobre todo, no pelearse con sus herramientas.
¿Reprimir?
A mitad de la semana, Buenos Aires fue más imposible de vivir y agreste que nunca, cruzada por decenas de manifestaciones, marchas, escraches, "liberación" de peajes y molinetes, y todo ello sazonado con la avenida 9 de Julio cortada en diversos tramos por la Casa Rosada, que está armando allí tinglados y tribunas porque decidió usar ese espacio para celebrar el Bicentenario.
Diagnóstico del abogado constitucionalista Andrés Gil Domínguez ante el hecho de que todo este maremagnum de embotellamientos martirizantes fue tolerado por las autoridades federales: "El derecho de protestar está amparado por la Constitución, y debe primar sobre la circulación cuando lo que se reclama son derechos básicos, como la salud o la comida, pero una cosa es que la protesta moleste parcialmente el derecho de los demás y otra cosa es que se lo afecte completamente. Si se cortan todos los accesos a la ciudad, lo que se está buscando es que la gente no pueda circular. Esto es un ejercicio irracional del derecho a protestar".
Patético
De eso, pero a escala ya más grave porque trasciende la discusión doméstica de la Argentina, habla el ex presidente uruguayo Julio María Sanguinetti, que en su columna de opinión habitual se refiere al no resuelto conflicto de Gualeguaychú, tras el fallo de la Corte Internacional de Justicia en La Haya.
"Ahora, queda pendiente el levantamiento del corte del puente (entre Fray Bentos y Gualeguaychú). Pensamos que en la Argentina -aún de buena fe- mucha gente no entendió a cabalidad lo que significa para Uruguay ese hecho ilícito. Interrumpir la libre circulación de un puente internacional viola todos los principios y normas que rigen la convivencia entre Estados. No es un piquete en una huelga, en que cada país hace lo que le place. (.) No se necesita ninguna operación 'represiva' especial, cuando es notorio que el corte lo mantienen tres o cuatro personas, en una patética vigilia".
Lo que Sanguinetti expresa no lo dice en público nadie relevante en la Argentina, donde toda la oposición se calla la boca, demagógicamente, ante esa inaceptable irregularidad.
Acaso el ahora procesado jefe de gobierno capitalino Mauricio Macri no tolera pasivamente que una cuadra de la calle Bartolomé Mitre, en el abigarrado barrio porteño de Once, siga cortada por no más de cinco personas desde diciembre de 2004 porque han hecho un campamento tipo "santuario" a esa altura, donde estaba el incendiado boliche Cromañón, para ¿homenajear a los muertos en esa tragedia?
Sin embargo, Macri responde en una entrevista de hace una semana que "de lo único que me siento responsable y orgulloso es de desafiar el no te metás".
¿Única?
Es la actual una época de asombrosa irreflexión en el uso de las palabras y en los hechos que generan quienes tienen responsabilidades públicas. El joven gobernador de Salta es, en este sentido, un paradigma de esa frescura prepotente e impune con que se manejan hoy todos los asuntos en la Argentina, como lo revelan sus palabras en un reciente reportaje del diario al que el gobierno nacional al que ese funcionario reporta, llama "el monopolio".
Luego de admitir que quiere ser presidente de este país en los próximos años, y de prometer que nunca se va a pelear con nadie, Juan Manuel Urtubey suelta, sin tartamudear, que "el Partido Justicialista es la única organización política vigente en la Argentina. Lo demás son grupos que hacen conferencias de prensa".
Entre sus innumerables problemas, hay uno que tiene la Argentina y que esta columna ha pretendido radiografiar aquí mediante el recurso de un popurrí. El país padece de una cuestión irresuelta no solo con las palabras, sino también con los contenidos, las esencias y las ideas. Los otros conflictos, no importa cuan grandes sean, son, al lado esto, irrelevantes.



















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