
NotiAR - 21-Oct-10 - Opinión
El día después
por Omar López Mato
omarlopezmato@gmail.com
El 17 de octubre ha entrado en la mitología nacional como la fecha consagratoria de la figura del general Perón y la entonces señorita Eva Duarte. La misma mitología los ungió artífices de su destino, mientras la realidad fue muy diferente.
El poder acumulado por el entonces coronel Perón había puesto nerviosos a sus camaradas. Era Vicepresidente, Secretario de Guerra y Secretario de Trabajo.
Sus camaradas consideraban que era bueno que el coronel diese un paso al costado y éste no veía con malos ojos la idea de retirarse y gozar de la relación idílica que mantenía con la joven actriz, una causa más de irritabilidad entre los altos mandos. Resignado a su destino, el coronel pidió que se le concediera un último favor, cómo el de los condenados a muerte: hablar por radio. Por un error de cálculo, la gracia le fue concedida y cambió la historia.
Mientras Eva dejaba trunco un viaje de Marte que protagonizaba por la radio y buscaba abogado, para promover un habeas corpus, Cipriano Reyes, jefe del Sindicato de la Carne y líder del partido Laborista que se había entendido con el coronel durante su gestión al firmar en 1943 un pacto entre miembros del movimiento obrero (Borlenghi, Bramuglia, Doménech, y Luís Gay entre otros) con jóvenes oficiales del ejercito, se puso al servicio de su aliado. Reyes inició una movilización desde los barrios fabriles del sur, el 17 a la madrugada, para llegar a la Plaza de Mayo después del mediodía.
Lo demás es historia conocida. El coronel se presentó como candidato a presidente por el partido Laborista creado por Reyes y ganó las elecciones. Éste, a su vez, fue elegido diputado.
Pero a diferencia de la obsecuencia de otros seguidores que acataron sin chistar las ordenes del coronel, Reyes rechazó el verticalismo y se resistió a disolver el partido Laborista para aunarse al Movimiento Nacional Justicialista. Además se opuso a que todos los gremios se unieran bajo una sola CGT.
Esta rebeldía lo malquistó con el líder carismático. En 1946 sufrió un atentado, a raíz del cual su chofer resultó muerto, y el mismo Reyes herido en una pierna. En otro atentado que sufriera en la localidad de Berisso, cayeron dos seminaristas y seis obreros resultaron muertos. Para esa época Reyes le escribió a Perón una carta donde decía:
“Usted termina de romper amarras intempestiva y públicamente con el Laborismo, a través de un ‘orden y mando’, como si lo hubiera hecho el Zar de Rusia o el mismo Caligula”.
“Su demagogia es tan autentica como su falta de respeto a la dignidad y derecho de los demás. Su ambición no es ser líder, sino el amo de la república para convertir a sus turiferarios y sus creyentes en su rebaño predilecto.”
En 1948, dos meses después de terminar su mandato de diputado, Reyes fue acusado de organizar un complot contra Eva y Perón. Fue encarcelado y torturado con picana eléctrica. No fue el único, cien laboristas fueron aprehendidos junto a la dirigencia del partido.
A raíz de estas torturas, Reyes perdió un testículo.
Uno de sus torturadores, señalado por el mismo Reyes, fue Roberto Pettinato, que convirtió los pabellones V, VI y VII de la Penitenciaría Nacional en las “Mazmorras argentinas”, siguiendo las instrucciones del nefasto Jorge Osinde, de triste memoria. Lo curioso del caso es que Pettinato fue condecorado post mortem por el ex presidente Kirchner, que lo señaló cómo “un ejemplo a seguir”. Otro colega y asistente de Pettinato fue Cardoro, célebre por su afirmación “Me cago en todos los jueces del país”.
Entre los perseguidos por el régimen se encontraban otros gestores del 17 de Octubre, como Luís Gay, y el escribano Luís García Velloso, acusado de fabricar bombas, crimen imposible que haya cometido, ya que para el momento de su captura García Velloso estaba ciego. A pesar de esta condición fue torturado por negarse a firmar una declaración que obviamente no podía leer.
En 1955, después de ser liberado, Reyes se encontró cara a cara con uno de sus torturadores, Salomón Wasserman –que en 1948 había sido premiado por Perón- “Perdóneme Cipriano”, le dijo el comisario Wasserman con lágrimas en los ojos, “Por mis hijos, perdóneme. Fueron esos H de P los que me mandaron” Damos en suponer que se refería a los miembros del partido que acababa de ser derrocado.
Vale señalar –aunque en breve será motivo de un artículo más extenso- que mientras el régimen torturaba a los opositores, la Argentina se convertía en el hogar de cientos de criminales de guerra, como Eichman, Mengelle, Pavlic, Barbie y Priebke, traídos al país con la asistencia de Rudy Freund, jefe de los servicios secretos nacionales, porque Perón consideraba que los tribunales de Nüremberg “estaban realizando entonces algo que yo, a título personal, juzgaba como una infamia y una funesta lección para el futuro de la humanidad” (Sic)
Años más tarde, el historiador Félix Luna tuvo la oportunidad de preguntarle a Perón el por qué de éstas persecuciones y torturas. El general impaciente lo increpó: “Torturas, torturas, nómbreme usted un solo torturado”. “Pues a mí”, contestó Félix Luna, apresado en 1951 por apoyar la huelga de los ferroviarios.
El General hizo un gesto displicente y la entrevista llegó abruptamente a su fin.
Perón no podía desconocer estas denuncias, durante su gobierno el diputado Agustín Rodríguez Araya le entregó en mano una carta de Reyes donde declaraba “estar preso y torturado, sin garantías para su vida”.
Esta trágica historia comenzaba el día después del 17 de Octubre.



















No hay comentarios:
Publicar un comentario