UNA PRESIDENTE ANESTESIADA
Luego del rechazo del Senado Nacional a la Resolución 125, que adoptaba un sistema de retenciones móviles a las exportaciones agropecuarias de características confiscatorias, hemos esperado ansiosos la repercusión que ello provocaría en la señora Cristina Kirchner.
En su breve discurso celebrado en la inauguración de un nuevo aeropuerto chaqueño, acompañado por mohines casi adolescentes, forzadas sonrisas, brevísimos anuncios deshilachados en relación con Aerolíneas Argentinas, cifras de crecimiento del INDEC desinformado y manipulado, y una desvahida alusión a los “agoreros” (los enemigos de siempre según su óptica), hemos percibido que ni eventuales dosis de calmantes recurridos ante la emergencia, han podido evitar que la Presidente abandone su estilo discursivo de magisterio y ese permanente flotar en el aire, hablando con frases emocionales que indican siempre su falta de contacto con la realidad. Un lenguaje de libro de texto con “letras de molde”, como a ella le gusta decir reiteradamente.
Cuando el país entero esperaba alguna palabra –en cualquier dirección que fuere-, en relación con la votación de anoche, se nos ha aparecido la imagen de una persona “sin registro”, sonriendo en forma inexplicable y volviendo a inflamar su verba con alusiones a hechos de trascendencia menor, ante la crisis emergente de esta verdadera “cachetada” política de quienes le han hecho conocer a ella y su marido algo más que el “no” lineal a una resolución equivocada.
La sociedad le ha puesto una “tarjeta amarilla”, como en el fútbol, y le está sugiriendo que podría tornarse en “roja” si no asumiera la realidad sin demagogia, sin soberbia, y sin este nuevo “estado vaporoso de presencia ausente” que acabamos de ver por televisión.
Creemos que si queda algo de sentido común en los partidarios del Frente para la Victoria (hoy quizá de la “Derrota”), deberán hacerle saber a Cristina Kirchner que estamos esperando una reacción inmediata. Una reacción que nos permita encolumnarnos detrás de una nueva etapa de racionalidad que insufle un nuevo impulso a los tres años y medio de gobierno que aún le restan.
Alguna vez hemos dicho que el matrimonio gobernante es incorregible, y ello parece estar inscripto en su temperamento emocional. Eso nos hace temer por las consecuencias que ha desatado la derrota que acaban de sufrir.
Dicen los psiquiatras que la neocorteza cerebral es el asiento del pensamiento; contiene los centros que COMPARAN Y COMPRENDEN LO QUE PERCIBEN LOS SENTIDOS. Añade a un sentimiento lo que pensamos sobre él, y nos permite tener otros con respecto a las ideas, los símbolos y la imaginación. Las zonas emocionales están entrelazadas a través de innumerables circuitos que ponen en comunicación todas las partes de la neocorteza. Esto da a dichos centros el poder necesario para influir en el funcionamiento del resto del cerebro, INCLUIDOS LOS DEL PENSAMIENTO.
Nada de eso es lo que estamos percibiendo ocurra a través del lenguaje y de los gestos de la Presidenta, que se nos ha aparecido más bien como un boxeador a quien le han administrado sales después de un “punch” y que parece dispuesto a impedir, casi candorosamente, que sus ayudantes del ring “tiren la toalla” para impedir que pierda el combate por “knock out”.
Decimos todo esto con verdadera preocupación, y casi estamos cruzando nuestros dedos en un deseo firme de que más allá de conveniencias egoístas, NO SE PIERDA NI UN MINUTO MÁS.
Sabemos que cuando la medicina sedativa no puede actuar con efectividad sobre un estado de perturbación emocional constante, este hecho puede crear carencias en la capacidad intelectual de quien se trate, deteriorando su posibilidad de aprender.
Y de eso se trata en realidad. De que la Presidente, o su marido, o los dos a la vez, puedan enterarse de “qué es lo que está sucediendo en el mundo real”, mientras ellos siguen estirando la mala dirección de sus ensoñaciones. Las de los “relatos”, las “plazas del amor”, los “desestabilizadores”, las réplicas de los “comandos civiles del 55” y todos los disparates con que nos han regalado durante estos 130 días de conflicto con el campo.
El Dr. Antonio Damasio de la Universidad de Iowa, estados Unidos, dice que a pesar de que ciertas personas mantienen “su inteligencia intacta, hacen elecciones desafortunadas en los negocios y en la vida personal y pueden obsesionarse permanentemente por una decisión tan sencilla como cuándo deben concretar una cita, por un mal manejo de sus centros emocionales”.
Quisiéramos sinceramente que esta magnífica oportunidad de auténtico reencuentro de la sociedad no se frustre una vez más en el fragor de una mascarada similar a la protagonizada por el General Galtieri, cuando ensoberbecido por los informes trasnochados de sus acólitos, desafió en la Guerra de las Malvinas a los ingleses, diciéndoles que “manden al Principito, no le tenemos miedo”, en un franco desafío a la racionalidad.
Son otros tiempos, se nos dirá, pero estudiosos de la conducta del ser humano como el mencionado Dr. Damasio, y muchos otros especialistas, dicen que quienes convocamos a casi todos los conflictos, somos los seres humanos cada vez que desconocemos la realidad.
CARLOS BERRO MADERO
sábado, 19 de julio de 2008
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