Por Marcelo Elías (*)
Es evidente que el cambio de roles pensado, planeado y ejecutado por el matrimonio K desacomodó el funcionamiento de la sociedad política que constituyen.
Acostumbrada durante años a la tarea parlamentaria, mechada con “atendibles” inclinaciones y gustos que consumen parte de su tiempo y energía, a Cristina no le sienta la agenda y el trabajo del Ejecutivo.
Por ejemplo, la Comisión de Asuntos Constitucionales del Senado presidida por Cristina no había ganado buena fama por su funcionamiento y trabajo.
No es lo mismo participar de la mesa chica del poder, aportar ideas, acercar propuestas, dejar opiniones e irse, que ser el último en tomar las decisiones y ejecutarlas.
Tampoco se hace fácil esquivar o no compartir decisiones antipáticas o fotos indeseables con funcionarios, gremialistas o intendentes que antes despreciaba.
El uso de herramientas como los superpoderes que la Señora evitaba votar en el Senado hoy se hace inevitable, no hay espacio para taparse la nariz, hay que oler la pudrición. El burdo intento de diferenciación respecto de los DNU, pone esto en evidencia.
En el caso de Néstor, después de 20 años de ejercicio salvaje del Poder Ejecutivo y protagonismo excluyente el desacomodo se hizo rápidamente notorio.
A los pocos días de haber “transmitido el mando” se lanzó a la aventura de la selva colombiana. Allá fue cual niño explorador en busca de rehenes y gloria fácil. Volvió con las manos vacías y después de haber protagonizado un blooper bochornoso.
Luego se convirtió en inquilino de Puerto Madero, desde ahí pergeñó el plan para conquistar la presidencia del Pejotismo, o sea su protagónico.
Es evidente que no evaluó que esa jugada menguaba el ya poco protagonismo de Cristina y además conspiraba contra la Concertación Plural, herramienta por él mismo diseñada para supuestamente comenzar una nueva etapa en la política argentina.
No se trata solamente del ejercicio del poder, algo que tal cual está constituida esta sociedad podría hacer desde las sombras, con sutileza y mesura. Néstor necesita además figuración, su última aparición otorgando un aumento de salarios a la C.G.T. por los medios es un ejemplo.
Innumerables son los hechos que sustentan esta mirada: discursos, conferencias, reuniones, fotos, actos, decisiones de gobierno; muestran claramente que ninguno de los dos se adapta todavía a su nuevo rol.
Hoy pierden capital político, dificultan la gobernabilidad, tornan más ineficiente la gestión y provocan un retroceso que nos afecta a todos.
En lo económico y lo social es tangible, en lo político se insinúa la generación de antinomias y divisiones que durante décadas nos marcaron negativamente.
No es bueno que nos planteen por ejemplo: “La democracia del pueblo” contra “La democracia corporativa”, reduccionismo destinado a descalificar la disidencia, o lo que es igual a minar la democracia.
Hace falta más y mejor política, tolerancia, consenso, institucionalidad. Para esto Néstor y Cristina deberían asumir nuevos roles, modificar algunas prácticas de construcción política y mirar más por el parabrisas que por el espejo retrovisor.
*) Marcelo Elías es Diputado de la Provincia de Buenos Aires, mandato cumplido, por la Unión Cívica Radical.
FTE CRÓNICA Y ANALÍSIS
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