domingo, 2 de mayo de 2010

LOS UNE EL AFANO


El caso Rodríguez en la OEA: ¿Puede repetirse con Kirchner en UNASUR?

Antonini Wilson reconoció que el ex presidente estaba en conocimiento de la oficina de “peaje” de Uberti.

Por Carlos Tórtora

El 30 de septiembre del 2004 estalló el escándalo. El flamante Secretario General de la OEA y ex presidente de Costa Rica, Miguel Ángel Rodríguez, fue denunciado por José Antonio Lobo, ex director del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE). Este último declaró ante el Fiscal General costarricense, Francisco Dall’Anesse, “Alcatel ganó una licitación (sobre 400.000 líneas para teléfonos móviles o celulares en el año 2001), me contactaron para decirme que tenía un premio. Yo lo consulté con don Miguel Ángel Rodríguez y le pregunté qué debía hacer. Me dijo que aceptara y que fuéramos en una relación del 60% para él y el 40% para mí”. Este “premio” fue un soborno equivalente a 2.4 millones de dólares pagado por la empresa gala. Con el objeto de disfrazar el acto de corrupción, tanto Rodríguez como Lobo planearon -según la televisión costarricense- que el dinero “donado presuntamente” por Alcatel a Jean Sue Philip Gallup, esposa del entonces director del ICE, pasara a engrosar la cuenta bancaria del Jefe de Estado.

Para hacer creíble su coartada, el ex presidente, en declaraciones al periódico “El Día”, tras señalar que “no tengo nada de qué arrepentirme”, afirmó el primero de octubre que el dinero del soborno que recibió “era parte de un préstamo de 140.000 dólares” que Lobo le otorgó para financiar “sus gastos en la campaña” para ganar la secretaría de la OEA, “a la que no pienso renunciar”. Dijo también que se encontraba reuniendo el dinero del “préstamo” para devolverlo rápidamente.

Pero el final estaba cantado. El 10 de octubre del 2004 Rodríguez presentó su renuncia a la Secretaría General de la OEA y dos años atrás fue juzgado y condenado en su país por los sobornos de Alcatel.

El otro escándalo en la Secretaría General de la OEA -aunque bastante menor- lo protagonizó un argentino, Alejandro Orfila. Cuando estaba a punto de finalizar en 1984 su mandato al frente de la OEA, se descubrió que estaba violando la obligación de tener dedicación exclusiva, cobrando altos honorarios mensuales de una importante consultora. Orfila renunció antes de que se cumpliera su mandato y el asunto pasó al olvido.

Vidas paralelas

Hoy Clarín publica declaraciones de Guido Antonini Wilson, el protagonista del valijagate junto con Claudio Uberti. Muy explícito, Antonini ratificó con lujo de detalles que en Caracas Uberti dirigía una oficina para el cobro de peaje a los empresarios argentinos que querían hacer negocios en Venezuela. Pero agregó algo más. Que Néstor Kirchner llamaba si algo pasaba. La mención involucra directamente al ex presidente, cuando menos en el pleno conocimiento de la misión especial de Uberti. Judicialmente, esta mención puede ser suficiente para que, cuando le toque, Kirchner tenga que dar explicaciones sobre esas llamadas, sin poder descargarse en el fusible del caso, Julio De Vido. En un triste paralelismo con Rodríguez, Kirchner está a punto de asumir la Secretaría General de la UNASUR mientras empieza a ventilarse un escándalo que lo puede tener como protagonista. Si el ex presidente puede llegar a convertirse en el Rodríguez de la UNASUR es algo que sólo podrá develarse a medida que progrese la investigación judicial. Por lo pronto, el cariz que está tomando el asunto da como para que en las cancillerías que integran UNASUR empiecen a correr rumores de inquietud, porque la diplomacia latinoamericana tiene muy presente lo ocurrido en el mayor escándalo de la historia de la OEA. Por lo pronto, las tormentas parecen rodearlo a Kirchner allí donde vaya, porque le tocaría asumir la Secretaría General de UNASUR acosado por los fantasmas de Rodríguez y Orfila.

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