jueves, 13 de marzo de 2008

EL CANSANCIO...............

EL CANSANCIO DE LA SEÑORA HIPOCRESÍA.
(Por el Lic Gustavo Adolfo Bunse). (11/3/2008)

La información confidencial que permitió esta nota, ha sido producto de una gran casualidad, lo cual acaso le quita al que suscribe, el mérito de una laboriosa investigación, que hubiera sido lo pertinente.

Luego de su viaje a Caracas y a Santo Domingo, la señora, planteó en privado, un cansancio estructural que no era producto del viaje, ni de su condición física, ni mucho menos de las terribles hipocresías a las que tuvo que asistir, en medio de las cuales se sintió sin dudas con el mismo clima de toda su vida familiar y política.

No mencionó la palabra renunciar, ni lo hará. Nada de eso.

Pero sus casi cien días de ocupar un cargo para cuya responsabilidad no estaba preparada, fueron suficientes para expresar, en familia, que estaba muy cansada de su “trabajo”. “En tres meses envejecí 5 años”, dijo.

Ella ha actuado siempre, desde jovenzuela, como el caso del “Doctor Jekill y Mister Hyde”, la novela tan famosa de Robert Stevenson, publicada en 1886.
El tipo era un médico que se provocaba a sí mismo una especie de doble personalidad, ingiriendo una rara pócima que, al rato, lo transformaba en un ser realmente monstruoso.

Pero cuando se le pasaba el efecto, volvía a ser, otra vez, el de antes.

Vale aclarar aquí, algunas cosas sobre el tema:

Digamos para ilustrarnos que, en el más alto grado de la esquizofrenia, hay dos “estadios” igualmente graves.

El primero, es aquel en el que el individuo ignora por completo la personalidad en la que se desdobla y las circunstancias en las que eso ocurre.

En el segundo, en cambio, el sujeto es totalmente conciente de esa terrible transformación y hasta lucha contra ella llegando incluso a amenazarla de muerte, mirándose en el espejo.




Supongamos una pequeña modificación en el personaje de Stevenson.

Es decir, imaginemos que el Dr Jekyll es una persona que en su vida normal actúa con gran malevolencia e innegable perversidad. Y luego, cuando se transforma, es alguien muchísimo peor, tan abiertamente monstruoso y tan malvado, que sus malos actos se multiplican, desde la infamia hasta la hipocresía, desde la deshonra hasta la escoria social.

Y no sirve para nada detenerse a pensar que es lo que ocurre de noche cuando la señora se saca la media tonelada de pintura y rimmel que le ha permitido cada mañana, hacerse a sí misma, en el espejo, un cuadro de Goya o de Velázquez, como aquellos que, por horribles, fueron ya sacados del Museo del Prado en Madrid y guardados con vergüenza en sus sótanos.

Pues hay esquizofrénicos que, además, son unos perfectos hipócritas.
Y llega un momento en el que estallan, por cansancio, o por alguna rara sensación interna que los aproxima por pulsos sucesivos, al miedo de su propia conciencia.

Verla a esta mujer en su dimensión histórica, es bastante difícil.

Por este camino que vamos, asustaría a cualquiera imaginar como ha de aumentar en forma exponencial la medida de sus inacciones y de sus deberes de reforma estructural científicamente incumplidos, postergados, mentidos, camuflados y contaminados.

Realmente hay que hacer un enorme esfuerzo para entender que es lo que quiere lograr profundizando por ejemplo, las mentiras con el índice de precios.
Y sirve detenerse a mirar, que es lo que realmente ha logrado hasta ahora:

Logró que nadie crea ni en esos índices, ni en cualquier otra estadística o guarismo que sea jurado públicamente por cualquier miembro del gobierno.

Peor que eso, logró que aparezca con gran fuerza, la indignación general por la burla y el insulto a la inteligencia que produce una realidad ortopédica.



El engaño, ya ha merecido internacionalmente un enfoque de alarma por la falsificación de todas las variables que se desprenden de aceptar en modo ciego una mentira ingénita y originante, que ha contaminado hasta los contratos de títulos públicos ajustados por precios.

Y como el crecimiento declamado es función directa de aquel sofisma, cae también fulminada su validez internacional y se envenenan todos los otros títulos que están atados a esta variable, con la consiguiente convicción general de una estafa enciclopédica.

Pero en la Argentina nadie paga en la justicia por vilezas y mucho menos por los desastres perpetrados desde la función pública. Nadie es juzgado por incompetencia, nadie es procesado por la famosa falta de idoneidad, condenada implícitamente en un precepto constitucional, nadie paga la catástrofe de un gran concurso preventivo de las áreas públicas y no se ha conocido un solo ejemplo de que “Dios” ó la “Patria” hayan demandado alguna vez, algo a alguien en estas comarcas.

Es el “campo orégano”, una típica mesa de sala de operaciones donde se practica con las vísceras de un enfermo, expuestas a cielo abierto.

Kirchner fue un experto en “poner anestesia”, tapar con algodones, suturar con pésimo hilo, meter órganos en frascos de formol, inyectar altísimas dosis de corticoide a la Nación aunque fuese un veneno, postergar todo hacia delante y reprogramar el quirófano para que llegue el próximo turno de la “guardia médica”.

Súbitamente, su esposa, se encontró penosamente con su “herencia”.

Como no come vidrio, le cuesta aceptarla mansamente, y entonces la arrastra o la profundiza sólo por la garantía de impunidad que campea en este trágico territorio de aventureros del poder.

Ella es conocida y admirada como un clásico personaje del histrionismo y de los malabares de la verborragia. La admiraron y produjo gran impacto visual en su visita, subida al escenario del teatro de la cumbre del Grupo de Río, en Santo Domingo.




Pero en ese teatro, en el tablado, o en la asamblea pública, la admiración es rápida y barata. Y aunque ilusoria, los asistentes se sugestionan recíprocamente. Suman su entusiasmo y estallan en ovaciones.

Por eso, cualquier histrión de café con leche, puede conocer el triunfo más de cerca que De Gaulle o que Belisario Roldán.

La intensidad, que es el éxito, está en la razón inversa de la duración, que es la gloria.

Esas facetas caricaturescas de la personalidad construyen, con unos pocos escarbadientes una aparente celebridad que depende en todo de una aptitud secundaria del actor o de un estado accidental de la mentalidad colectiva.

Resquebrajada la aptitud o transpuesta la circunstancia, vuelven a las sombras y asisten, en vida, a sus propios funerales.

Y entonces pagan muy cara su gran notoriedad de goma. Su martirio es pues, vivir en perpetua nostalgia.

El que ha recibido el aplauso inmerecido o la lisonja barata no quiere resignarse jamás a la oscuridad de perder esos regalos, esa es la parte más cruel de toda preeminencia fundada en la farsa, en el capricho ajeno o en las aptitudes teatrales transitorias.


Volver a la realidad es una suprema tristeza, un castigo durísimo, aún para un enfermo de esquizofrenia o de hipocresía.

Y el primer síntoma de la declinación… es el cansancio.

El cansancio de la señora… “hipocresía”.


Lic Gustavo Adolfo Bunse
gabunse@yahoo.com.ar

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