Además de haber mentido sin que se le alterase un músculo de su cara --facultad que los grandes estadistas comparten con los grandes delincuentes-- respecto del destino de los fondos extraordinarios de Santa Cruz, en esa misma oportunidad Néstor Kirchner agregó a su mentira un dislate: dijo que los había depositado en la Reserva Federal norteamericana, que ni acredita cuentas corrientes ni devenga otro interés que los producidos por venta y compra de bonos del Tesoro. Tiempo después volvió a mentir en un reportaje radial a una conocida periodista, cuando anunció con bombos y platillos que había repatriado en su totalidad esos recursos.
Pero resulta ser que los más de 500 millones de dólares estaban y siguen depositados a buen recaudo en un banco suizo. De cuándo se depositaron, qué intereses devengaron y cómo se administraron, el señor Kirchner nunca ha rendido cuentas en tiempo y en forma.
A esta altura a nadie le puede caber dudas que es un mentiroso. El problema sería que además se comprobasen las serias sospechas de que es un corrupto.
LA NUEVA PROVINCIA
sábado, 15 de marzo de 2008
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