Para destacar: En una Argentina donde casi nadie moviliza, miles de personas fueron al Obelisco
POR EDGAR MAINHARD
¿Quien puede reunir cientos de miles de personas sin ofrecer dinero a cambio? Algunos artistas tienen un poder de convocatoria gigantesco. Pero en el caso del mediático pastor Luis Palau se trata de un acto religioso, una manifestación fenomenal de militancia en su fe que realizan miles de personas que merece interés y respeto ante la expansión de los cultos evangélicos en una Argentina en teoría católica.
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Los cultos cristianos no católicos se encuentran en expansión en la Argentina, católica, apostólica y romana aún en su Constitución Nacional, y donde rige, en los hechos, una tolerancia de cultos antes que una libertad de cultos.
20 años atrás, las grandes manifestaciones religiosas parecían monopolio de procesiones católicas a la Basílica de Luján o convocatorias especiales como la visita de un Papa, antes que las movilizaciones convocadas por los pastores evangélicos o de cultos carismáticos (pentecostales y otros) que no parecían conseguir en la Argentina los fenómenos multitudinarios que sí obtenían, por ejemplo, en Brasil.
Pero ocurren cambios importantes en la sociedad argentina. Hay muchas personas intentando experimentar nuevas experiencias religiosas. Por supuesto que hay muchos que no se sienten contenidos por la religión en la que nacieron. De lo contrario no podría explicarse la expansión verificable en muchos centros urbanos.
Es bueno que ocurra porque también provoca fenómenos importantes dentro del propio catolicismo, obligándolo a recuperar el contacto con los creyentes y revisando su propia relación con las manifestaciones carismáticas.
Por supuesto que es positiva toda experiencia religiosa, en especial en una sociedad que sufre de síntomas muy fuertes de violencia y castigada por el auge de adicciones.
Y ocurre en una Argentina donde las fuerzas políticas carecen de credibilidad y, por lo tanto, de militancia. El poder político sólo convoca desde el clientelismo prebendario. Mientras los partidos políticos fracasan, parte de la sociedad encuentra otras inquietudes y cómo expresarse.
La última vez que un dirigente político congresó a los argentinos en el Obelisco fue en el cierre de campaña de 1983, con Raúl Alfonsín como candidato, antes de la gran desilusión que provocó el mismo Alfonsín gobernando.
Esos cultos cristianos no católicos, es bueno destacarlo, no reciben la asistencia financiera del Estado, que sigue reservada con exclusividad al culto católico; pero en casi todos ellos, al igual que en los adventistas del 7mo. Día y en los Testigos de Jehová, ocurre una conducta muy interesante: el aporte del diezmo de los creyentes para el mantenimiento de la institución donde ellos sienten que obtienen una contención para su fe.
El diezmo, además de las ofrendas, resulta un movimiento financiero muy importante que consigue darles a esos cultos una independencia del Estado que es un atributo muy importante para la consolidación de organizaciones. No es igual orar por los gobernantes (un mandato bíblico) que participar de la Hacienda pública.
Al fin de cuentas fue Jesús de Nazareth quien dijo "Al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios", marcando límites estrictos entre el Estado y la fe.
Por supuesto que, a veces, hay denuncias de abusos de esos dineros (el famoso pastor Héctor Giménez, por ejemplo), pero ocurre en todos lados. ¿O es que acaso hay que ignorar a Paul Marcinkus, o, en lo doméstico, los escándalos protagonizados por escasos colaboradores del cardenal Antonio Quarracino?
Ocurre en las mejores familias. No tiene sentido mirar la paja en el ojo ajeno.
En el caso de Luis Palau, a los 73 años (cumplirá 74 el 27 de noviembre de 1934) es un evangelista internacional que nació en la Argentina, y no hay otro predicador local de esa capacidad de convocatoria global, situación que resulta muy destacable.
En cuanto a la manifestación de fe explícita en la convocatoria, resulta muy importante, y de la que podrán extraerse muchas conclusiones. Pero no podrá negarse la importancia del cambio ocurrido entre los '80 y el presente, en una sociedad que, a la vez, perdió muchos ídolos, mitos y héroes, pero que, al menos en parte, insiste en no migrar hacia el escepticismo absoluto o la incredulidad total. Habrá que indagar más en ese punto.
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