En esta Argentina tan imprevisible donde la ley es casi una excepción y el incumplimiento de la misma lo común, hace tiempo que ante la falta de controles el periodismo fue ocupando el lugar de quienes deberían aplicar la ley.
El periodismo se ha convertido en los últimos 20 años en una especie de organismo controlador de todo lo que se nos pueda ocurrir, más si el ejercicio de dicha función le brinda algún beneficio importante en rating y/o audiencia televisiva.
En un principio esta práctica investigativa realizada en muchas oportunidades mediante cámaras ocultas y grabadores fue la solución para muchos casos donde la justicia no cumplía el papel que le correspondía.
Fue entonces que surgieron programas de investigación a granel y otros receptores de denuncias y reclamos, incluso hoy día no hay programa radial ni televisivo en el que no se de a los oyentes la dirección de mail, el teléfono y hasta una clave para enviár mensajes de texto sin dejar siquiera el nombre.
El periodismo se convirtió en una especie de fiscal y defensor del pueblo que con la ayuda de una cámara podía y puede destruir la carrera de cualquier persona. El problema comenzó cuando muchos comenzaron a realizar esta práctica con otros fines y se descubrieron cosas como que algunas cámaras ocultas eran prefabricadas, los protagonistas no eran casuales y poco a poco la sociedad se anotició que muchas de estas investigaciones no eran lo que mostraban. Algunos comenzaron a decir que estaban editadas.
¿Qué? ¿Cuándo se mostraba una investigación no era lo filmado originalmente?
¡No señores!
Lo que nosotros vemos o vimos ha sido previamente editado por un equipo de producción.
¿Sabían ustedes que mediante recursos tecnológicos el discurso grabado de un político puede ser modificado y hacer que diga lo que no dijo?
Fue así que nos decepcionamos y estos programas de ser fiscalizadores y condenatorios pasaron a perder toda credibilidad.
En la actualidad tenemos el caso de un intendente que ha sido filmado y sus defensores expresan que todo ha sido editado y preparado y que las imágenes han sido superpuestas con las de otras filmaciones.
¿No son verdaderas todas las cámaras ocultas y las noticias que nos anuncian los informadores?
Evidentemente los receptores tenemos que pulir el espíritu crítico y no creer todo lo que nos muestran y pensar: ¿Adónde quiere llegar este periodista? ¿Quién se beneficia con esta noticia y quién se perjudica?
El 13 de febrero de 2003 en el diario La Nación Jorge Joaquín Martínez que fue presidente de la Comisión de Libertad de Prensa de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA) expresaba lo siguiente:
"La culpa de esta decadencia argentina ya ha sido imputada a la globalización, a los imperialismos, al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial. También a la clase dirigente, políticos, jueces, empresarios o dirigentes sindicales. Y a la sociedad argentina misma, enferma crónica de anomia, una sociedad por naturaleza profanadora de las normas de convivencia. Pero los medios de comunicación, que son los que opinan, achacan responsabilidades y condenan, no se han ocupado de sus propias culpas. Pareciera que no las reconocen, con excepción de algunos prestigiosos periodistas, muy contados, que sugirieron la necesidad de una autocrítica"
"Parecería que, de tanto luchar por la libertad de prensa, hemos llegado al despotismo de la prensa. De tanto perseguir la impunidad, arribamos a la impunidad de la prensa. Del derecho constitucional de expresar las ideas por la prensa, el periodismo ha pretendido hacer -y lo ha conseguido, merced a sus presiones- un supraderecho con el cual puede arremeter contra la dignidad de las personas, sean funcionarios públicos o particulares.
"Así funciona una prensa que manipula la información, que procura sensacionalismo y exacerba la morbosidad por hacer negocio. Así funciona una prensa conformada por periodistas que se estiman muy por encima del ciudadano común y con atribuciones para indagar, con tono autoritario, a quienes se someten a sus interrogatorios. Una prensa que confunde al público asimilando una prisión preventiva con una condena y que tiene por condenado a un procesado al que le asiste la presunción de inocencia. Una prensa que no se limita a informar, denunciar u opinar, sino que, con el fin de vender, investiga, escucha a testigos, analiza pruebas, convoca a delincuentes enmascarados, interfiere en las investigaciones de secuestros y vulnera la angustia íntima de los familiares de las víctimas. La administración de justicia ya no tendrá ningún valor, desde que el declarado inocente ya fue condenado por los periodistas"
El excelente artículo expone la decadencia que atraviesa el periodismo. Ante este testimonio nosotros debemos ejercer el espíritu crítico y no creer todo lo que nos muestran.
Finalizando, un tema que investigaron los periodistas es el patrimonio de los jueces, políticos, empresarios, funcionarios pero nunca he visto que algún periodista realice alguna investigación sobre el patrimonio de los que ejercen dicha profesión.
Se conocen periodistas que nunca han sido conductores sino segundos en programas radiales y su nivel de vida es muy alto.
¿Se acuerdan los famosos sobres a los periodistas en el gobierno de Menem provenientes de los fondos reservados?
Supuestamente esta práctica continúa.
Estimo que el periodismo y los periodistas deben hacerse una profunda autocrítica.
Justo es reconocer también aquí que hay periodistas honestos que honran tan digna profesión.
Alejandro Olmedo Zumarán.
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