El discurso de Néstor, leones por corderos
Néstor Kirchner se adelanta al incendio. Así, queda al desnudo de que a pesar de que el oficialismo predicó sobre "abrir el debate", sobre "consensos" y demás, solo utilizó la instancia legislativa como una estrategia más en la búsqueda de la victoria de la guerra gaucha
Néstor Kirchner se repite. Hoy fue al Mercado Central, en La Matanza y allí, durante casi media hora habló pausadamente, casi coloquial, sin levantar el tono. Como ayer en Chaco, habló de “abrir los brazos para los que quieren un país chiquitito”. Pero el diccionario casi eclesial, con palabras como “amor”, “esperanza”, “caridad cristiana” y otras “mejillas” sumado a una gestualidad suave, amable fue solo el maquillaje.
Entre el tono buena onda y las palabras por momentos susurradas, llegaron definiciones fuertes. Definiciones que anticipan lo que el gobierno anticipa que va a pasar, un discurso para el día de mañana.
Pero primero lo primero, la ya habitual defensa del sistema de retenciones móviles, la muletilla de la “mesa de los argentinos”, la repetición del último argumento favorito del gobierno, sobre el acierto de la escala de la alícuota y la previsión sobre aumentos de los precios de la soja. Una repetición de la explicación de la timba financiera de ayer de Cristina.
Luego, la desmentida sobre la supuesta reunión secreta que habría tenido el presidente de la Corte Suprema de la Nación. Ricardo Lorenzetti con la presidenta Cristina Kirchner para advertirle que en el máximo tribunal había consenso para fallar en contra de que las retenciones se decidieran vía resolución ministerial. De paso, misiles teledirigidos para el diario La Nación, aunque el ex presidente prefirió omitir que los primeros que escribieron sobre el tema fueron Eduardo van der Kooy y Ricardo Kirschbaum en el Clarín del domingo. Como siempre, las desmentidas enfáticas hacen sospechar, nada es negado con tanta fuerza como la realidad que no se quiere admitir.
Luego Néstor Kirchner habló de que los sectores del campo “tuvieron” la posibilidad de debatir en el Congreso. El tiempo verbal no fue puesto azarosamente, Kirchner ya da por resuelto el trámite parlamentario. Aunque con costosas compensaciones el ex presidente consiguió el número para salvar su posición de máxima: no entregar la 125 y su escala de retenciones.
En la frase siguiente deslizó una advertencia: “todos los diputados y senadores llegaron con mi proyecto”, que sonó más a un aviso de venganza para los que ya lo “traicionaron” que una presión para los que deben votar.
Pero el punto clave de su discurso fue cuando habló de los cortes de ruta. “Yo nunca estuve de acuerdo con los cortes de ruta, lo que no hice fue ir a reprimir”. Y justificó su no intervención contra los piqueteros que cortaron en innumerables oportunidades las callas de Buenos Aires en 2003 y 2004.
“Nosotros no podíamos levantar una sola mano contra esas madres y esos viejos y viejas que habían perdido la esperanza”. Y completó “pero si no estaba bien que corten las calles aquellos que lamentablemente no tenían trabajo, mucho más indignante, mucho más grave, mucho más desestabilizante, casi golpista, es que corten las rutas aquellos que les está yendo tan bien en este proceso que estamos llevando adelante.”
Obviamente que Kirchner prefirió “olvidar” su anuencia al corte de ruta la ruta internacional que mantienen los ambientalistas de Gualeguaychú y que él apoyó públicamente con aquel acto en el corsódromo de esa ciudad en mayo de 2006.
“Y ustedes lo saben, porque cuando uno tiene la verdad uno no necesita recurrir a ninguna medida de extorsión”, dijo en tono casi amable Kirchner.
La hipocresía de Néstor Kirchner sobre el tema ya ha sido marcada, pero vale repetirlas. Después de que Luis D´Elía hubiera “tomado” la Plaza de Mayo, desalojando a los caceroleros a golpes de puño, en los albores del conflicto, allá por marzo, salió Alberto Fernández a justificarlo “No me parece razonable cargar las tintas sobre D´Elía. Salió a expresarse como otros se expresaron antes”. Más tarde D´Elía fue recompensado con lugares de privilegio en los actos de Cristina Kirchner. El piquetero oficialista solo fue corrido de la cancha luego de los cacerolazos del lunes 16 de marzo. Pero dos días antes, el sábado 14, luego la polémica detención de Alfredo De Ángeli.
Tampoco parecen haber sido extorsivos para el ex presidente Kirchner los piquetes en las estaciones de servicio Shell a los que el convocó cuando era titular del ejecutivo, en marzo de 2005. O la banda armada que, al mando de Rudy Ulloa Igor, desbarató a cadenazos a un tímido grupo de caceroleros que se manifestaba por las calles de Río Gallegos, cuando él era aún gobernador.
Pero, más allá del los desatinos en el discurso de Kircher, su recurrencia con el tema del corte del ruta, sumado a la condena a la banda de “patoteros” que ayer escarcharon a Daniel Scioli en Olavaria, adelanta algo: el Gobierno está previendo que la media sanción de la ley en la Cámara de Diputados provocará el alzamiento de los autoconvocados en el interior del país. El presidente, con sus palabras está adelantando su jugada a lo que todavía no ocurrió, la vuelta de los cortes de ruta.
Una vez más, disfrazado de predicador de la paz, Kirchner vuelve a actuar de fogonero del infierno
Graciela Fernández
Urgente 24
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