
¿Seguridad o inseguridad?
Debo resaltar que la inseguridad que más ha trascendido por los medios de comunicación en todas sus expresiones data, más o menos, de la llegada al poder de los Kirchner. Digo esto y recuerdo que la primera medida tomada por el señor Kirchner como presidente fue desarmar a la policía en la Capital Federal y obligar a sus integrantes a enfrentar con sus bastones las armas sofisticadas de los delincuentes. Sin lugar a duda, esta medida irracional ha demostrado que el señor K siente profundo desprecio por los uniformes (azules o verdes), recordando, al parecer, su paso por el ejército montonero, según propia declaración televisiva, dejando así la Capital como zona liberada para el accionar de los delincuentes.
En sucesivas declaraciones en los medios de comunicación, funcionarios de primera y segunda líneas continúan minimizando el accionar de los secuestradores y asesinos de policías, comerciantes y personas en general, conducta que responde a la gran obsecuencia de estos funcionarios a los K. Uno de ellos es dueño de la famosa frase: "Es una sensación de inseguridad"; sin duda, le faltó decir que los proyectiles de los asesinos son virtuales.
Frente a este temor real generalizado en el país, la pregunta principal es ¿qué hacer? ¿Cómo? Quién lo hace? ¿Hasta cuándo tenemos que soportar la vista gorda de los K y sus seguidores hacia los delincuentes?
No comulgo con la pena de muerte, pero esta ya es aplicada todos los días por los delincuentes hacia la sociedad. No se puede esperar de este gobierno peronista y montonero que baje alguna línea a fin de combatir este flagelo, ya que el mismo ha demostrado un profundo desprecio hacia las instituciones; en particular, hacia la clase media trabajadora, que es la que produce la riqueza para que los políticos vivan bien y cobren bien.
También es de suponer que el gobierno del señor K no hará nada en materia de seguridad: tenemos en cuenta que el valor de la vida para un montonero no es igual que para un civil común y corriente. Todos los muertos en manos de los delincuentes, para el sistema de los K, no son otra cosa que un número para las estadísticas.
Es difícil aceptar que nuestra Argentina haya caído en manos de estos señores con poco apego al trabajo, de gran facilidad de palabra a los efectos de minimizar todos los asesinatos. Nuestro país ha colapsado moral y económicamente. Salvarse de esta epidemia como se pueda será la solución.
Mario Vilchez
Bahía Blanca
M
LNP



















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