
OTRA ESTAFA POLÍTICA EN MEDIO DE LOS GRITOS DE LA POBREZA
Por Jorge R.Enríquez
No se habían apagado aún los ecos de las conmovedoras demostraciones públicas por la muerte de Raúl Alfonsín, que sin dudas fue, más allá del tributo a un político ejemplar, un elocuente clamor de republicanismo, cuando Néstor Kirchner anunció su más reciente maniobra, la última hasta ahora de las muchas que viene realizando para tratar de detener o morigerar la severa derrota que tendrá en las próximas elecciones legislativas.
Dispuso, con absoluto desparpajo, que Scioli lo acompañe como candidato a diputado. Todos pensamos, en un primer momento, que se trataba de una broma, máxime porque la idea fue lanzada por el ex presidente en funciones durante un programa cómico. Pero, a las pocas horas, cuando el habitual coro de adulones del oficialismo salió a apoyar la idea, advertimos con estupor que la iniciativa no era una broma, sino un gesto patético.
No puede exagerarse el nivel de degradación de la calidad institucional que este manotazo de ahogado significa.
Es cierto que otras candidaturas de la oposición son cuestionables, cuando se trata de personas que en medio de un mandato se presentan como candidatos para otro. Así, por ejemplo, es difícil de explicar la candidatura de Gabriela Michetti a diputada nacional, en la mitad de su mandato como Vicejefa de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
Un ejemplo aún más curioso es el de Felipe Solá, que se presenta a candidato de lo que ya es, diputado nacional, con el alegado propósito de revalidar sus títulos y con el verdadero propósito de capitalizar una victoria legislativa.
Pero, en ambos casos quienes los voten no se verán defraudados, ya que los candidatos ocuparán los cargos para los que se postulan.
Por el contrario, Scioli y los intendentes que lo sigan en esta verdadera estafa política se presentarán como candidatos a un cargo que todos sabemos que no van a ocupar.
Son pues, candidaturas ficticias. Quizás sea más acorde a este juego de tahúres decir que son candidaturas truchas.
El motivo político que las impulsa es bastante claro. Las encuestas le dicen a Kirchner que el triunfo en la provincia de Buenos Aires, y aún en el Gran Buenos Aires, que consideraba un bastión inexpugnable, es incierto, y que semana a semana se torna más improbable. Ya había intentado conjurar
ese resultado adverso mediante el tramposo expediente de adelantar las elecciones, pero ahora cree que eso no es suficiente.
Por eso, en su delirio de poder, no acepta la posibilidad, esencial a toda democracia, de una alternancia de triunfos y derrotas, y pretende transformar una elección legislativa de medio término en un plebiscito. Otra vez, el todo o nada. Otra vez, el desprecio olímpico de las instituciones.
Lo que no deja de ser llamativo es la docilidad con la que Daniel Scioli se presta a estas maniobras tramposas. Nadie ignora su dependencia de los recursos fiscales de la caja central que tiene el gobierno de la provincia de Buenos Aires, pero todo tiene un límite. Debería comprender que la tolerancia social a este grosero bananerismo institucional se ha agotado hace tiempo en la clase media y está en franco retroceso también en los sectores marginales a los que el oficialismo considera como un patrimonio propio al que nada lo afecta. No es así. También los pobres y los que no han accedido a una esmerada educación estiman la dignidad. Saben distinguir entre un dirigente y un monigote.
Néstor Kirchner ha puesto toda la carne en el asador. No es sorpresa para nadie que su ambición de poder y su autoritarismo no tienen límites. Por si había aún algún distraído, este último recurso demuestra que la oposición debe deponer cualquier personalismo y estar a la altura del desafío.
Dos modelos absolutamente incompatibles habrán de enfrentarse pues, el 28 de junio: el hegemónico, populista y retrógrado de los Kirchner, por un lado, y el republicano, abierto, honesto y progresista que tiene desde la semana pasada un símbolo poderoso, que el oficialismo no ha sabido descifrar en su real magnitud, el del legado de Raúl Alfonsín.
Los gritos de la pobreza. El paco y el dengue
Pero mientras alguna dirigencia política se entretiene con estos “juegos del poder”, los gritos de la pobreza claman su dolor y nos enseñan el rostro cruel del progresismo “berreta”, encarnado en el “paco” y en el dengue.
El Equipo de Sacerdotes para las villas de emergencia de la Arquidiócesis de Buenos Aires ha denunciado que la triada hambre-criminalidad-droga es muy fuerte en las villas, razón por la cual el paco es el pan de cada día.
Los clérigos “villeros” fueron contundentes y valientes, dijeron lo que todos sabemos, pero muchos callan: las villas son “zonas liberadas” y allí la droga ya está despenalizada, agregando que “habitualmente, ni la fuerza pública ni ningún organismo que represente al Estado se mete en la vida de estos chicos, que tienen veneno en sus manos”.
En realidad, la situación es más grave aún. En este caso hablar de “despenalización de la droga” resulta un absurdo, porque en esos lugares la droga no sólo no está penalizada: es lo normal, lo rutinario, lo admitido.
Pero, realmente tenemos una idea de la gravedad de lo que estamos hablando?
Algunos datos son dramáticamente ilustrativos. El paco (de “pa”, pasta y “co”, cocaína), es la droga callejera, de bajo costo, toda vez que el precio de su dosis es de $5. Se hace con pasta base, es decir con la basura que queda de la coca después de haberla convertido en clorhidrato de cocaína, previo procesamiento con querosén y ácido sulfúrico. Hoy, la cantidad de cocinas productoras de paco en las villas, supera las 250.
Es consumido, preferentemente por chicos de 10 años en adelante, que adquieren rapidamente la adicción a la droga y que, a partir de los 6 meses de haber comenzado a fumarla en pipas caseras, los conduce inevitablemente a la muerte cerebral.
El paco socava intelectual, espiritual. psíquica y fisicamente a quienes lo consumen, afecta directamente la corteza pre-frontal del cerebro, encargada de controlar la inhibición social o conducta humana, lo cual explica la violencia de quienes la consumen.
Por ello, 6 de cada 10 chicos que roban, lo hacen para adquirirla. Así, la relación entre el consumo de la droga y el delito aumenta día a día, lo que queda reflejado en un dato espeluznante: el 80 % de los menores adictos a ella, delinquen.
Este es otro ejemplo de la absoluta falta de compromiso del gobierno nacional con la lucha contra la marginalidad.
Cuando dijimos infinidad de veces que el gobierno nacional tenía un progresismo “trucho”, meramente retórico, no se trataba de una simple frase de oposición.
No hay nada más contrario al progresismo que el aumento de la pobreza y la desigualdad. Pues bien, estamos en presencia de una alarmante epidemia de dengue, que trató de ocultarse, luego de minimizarse, bajo el eufemismo de hablar de “brote”, pero que hoy salta a la vista, habiéndose cobrado ya 9 víctimas fatales y produciéndose un caso cada 2 minutos en todo el territorio nacional.
El dengue es una enfermedad típica de la pobreza. Es también una enfermedad tropical, acorde a nuestro tropicalismo institucional.
CYA



















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