miércoles, 8 de abril de 2009

HORMIGA DE JUGUETE


Spaccavento: “En un país serio Ocaña ya habría renunciado”
El sanitarista director del Argerich y ex ministro de Salud porteño confirma a Puro Periodismo que “para que haya una epidemia de dengue tiene que haber un grupo social de situación paupérrima crónicamente”. Dice que se malgastó un crédito del Banco Mundial de U$S 1.200 millones para mortalidad infantil y que ya hay brotes de tuberculosis y de fiebre amarilla.

La ministra Ocaña dijo que “el dengue llegó para quedarse”. ¿Qué piensa usted?

Que es terrible. Podríamos hablar horas del dengue, es una enfermedad de la pobreza. Pero una cosa es el dengue como enfermedad y otro muy distinta es la epidemia de dengue. Acá lo grave es la epidemia. Para que haya una epidemia de dengue tiene que haber un grupo social de situación paupérrima crónicamente. La plata que se la ha dado en el proyecto del Banco Mundial, ya desde la gestión de Ginés, para descentralizar a las distintas provincias y a los gobernadores, esos programas, nunca llegaron.

¿Por qué no llegaron?

Porque fueron utilizadas las partidas para otra cosa. El mercado no llega a esos lugares, ahí tiene que llegar el Estado. Esa gente no forma parte del mercado y la plata se invirtió en otras cosas y no en prevención. En Santiago del Estero cuando yo llegué –fue ministro de Salud en la intervención- la plata había llegado en el gobierno de Juárez y se la había utilizado para otra cosa.
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¿De cuanto estamos hablando?

El último crédito que yo conozco, que se dio para luchar contra la mortandad infantil, fue de 1.200 millones de dólares, que le dio el Banco Mundial al doctor Ginés y se usaron principalmente para comparar incubadoras cuando la principal causa de muerte infantil no es la institucional sino la social. Por eso no bajó tanto como debería haber bajado con una inversión de 1.200 millones de dólares.

Ahora cuando usted habla de esta situación crónica, uno piensa que con un crédito del Banco Mundial no se arregla. Requiere de otro país.

Requiere políticas de Estado, con una estabilidad socio-sanitaria básica y sustentable en el tiempo.

¿De qué hablamos? ¿Cloacas, viviendas?

Cloacas, viviendas. El desarrollo social de divide en dos ramas: el de primera generación que es trabajo, vivienda y agua potable, las cosas elementales; y las segunda generación como cultura, educación, esparcimiento, cosas que también hacen a la mortalidad infantil y hacen a este tipo de problemas.

Usted habla de una pobreza estructural, de cosas que no se hicieron. Usted participa filosóficamente del kirchnerismo, pero, ¿Cuál es la responsabilidad que la cabe a la ministra Ocaña y a Ginés González García?

Creo que tienen un perfil administrativista -concretamente Ocaña es licenciada en Ciencias Políticas-, de ahorro administrativo, de eficiencia administrativa, cuando hay que hablar de eficacia sanitaria. Eso es una cosa que nos diferencia notablemente. Ni a mí ni a nadie que haya estudiado a Dora Carrizo o haya visto el sistema de salud cubano, venezolano, o el sueco o el francés, sabría que en salud nadie puede pensar que hay que ahorrar. Es una inversión permanente, pero es una inversión socio-sanitaria. No sólo en enfermedad sino en prevención y promoción de la salud. Concretamente, creo que lo que no se hizo es tomar la responsabilidad de la Nación y le dejaron el dinero a los gobernadores que han hecho, no todos pero sí muchos, con esos programas otros asuntos. No han llegado los programas a la gente y los dejó.

No va a haber nunca una epidemia de dengue en Callao y Corrientes, porque la gente tiene una alimentación rica en proteínas, se esparce, etcétera. Digamos, digo esto como para que se entienda que es una enfermedad de la pobreza como la tuberculosis, la fiebre amarilla o el paludismo.

Tuberculosis y fiebre amarilla

Según Spaccavento, “ahora se está negando un brote epidémico de tuberculosis en el norte de Santiago del Estero, concretamente en San Pedro, donde hay un brote epidémico con muertes ya de niños, porque la gravedad pasó de tuberculosis de adultos a niños”. “Yo soy testigo de los recursos de amparo que han pedido los médicos de esa zona ahora, y sin embargo se los niegan, les dicen que no hay epidemia”, agregó el médico.

Lo que dice es que hay un brote de tuberculosis en Santiago del Estero…

Absolutamente. Como el dengue y la fiebre amarilla, que son primas hermanas, vienen juntas. Cuando terminemos con esto del dengue, va a venir la fiebre amarilla.

¿Pero usted tiene datos de que hay fiebre amarilla?

Si, claro que hay datos, en los boletines epidemiológicos del Ministerio de Salud. Hubo casos de fiebre amarilla en Misiones o Formosa. Hace falta una política que es más de promoción y prevención, de participación comunitaria. No alcanza el aparato estatal para cortar esto. Hay que formar un ejército de agentes sanitarios.

Ocaña es la ministra de Salud. Es grave la reverencia de la opinión pública sobre una gestión que está replicando en Salud lo que hizo en el PAMI.

Otro ministro, en cualquier otro lugar del mundo de países en vías de desarrollo, es causa de renuncia. Una epidemia de dengue en el siglo XXI es porque no se hizo lo que había que hacerse. Seguramente la cosa viene de atrás, no es sólo responsabilidad de Ocaña.

Lo que dice es que no es algo que viene del cielo. Se puede controlar

Absolutamente. Dos cosas hay que aclarar. Una, es que estamos de acuerdo con el tema del calentamiento global. Pero el calentamiento global produce un caso de dengue, instala el dengue en uno o dos casos, no una epidemia. Para que haya una epidemia tiene que haber un grupo social con mucho tiempo de pobreza y exclusión.

Lo otro, es que ahora parece que hay que cambiar la cultura de toda una sociedad de un día para el otro. Sacar los cacharros, etcétera. ¿Usted se cree que lo hacen porque quieren? Hay que ir progresivamente y el Estado tiene que dar las respuestas. Hay que cambiar la goma que tiene de hamaca, pero dale la hamaca para que tiren la goma. No es que viven así porque quieren

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