domingo, 5 de abril de 2009

LA HIPOCRESÍA


05 Abril de 2009 Nº 279 - Año VII
Editorial

La hipocresía... esa compañera de ruta para la política Argentina.

Falleció Ricardo Alfonsín, un dirigente que representó la voluntad del pueblo Argentino por despegarse de la agresividad encarnada por una patota de dirigentes violentos, más parecida a las barras bravas futboleras que a un grupo de candidatos que se postularan para administrar un país.

Tal vez la sociedad no estaba preparado en 1983 para vivir en democracia o la que no poseía las cualidades cívicas necesarias era su clase dirigente, es así como Argentina, gracias a errores cometidos desde el gobierno y a una despiadada y sistemática campaña orquestada desde los gremios, se sumergió en una hiperinflación poco común, un flagelo que como siempre castigó a los que cuentaban con menos recursos y enriqueció a los "socios del Estado".

Y eran esos mismos personajes que en 1983 renegaban de militares autoritarios, quienes intentaban desestabilizar al gobierno para lograr acceder al poder con métodos similares a los denostados y podría afirmarse que hasta peores, por la virulencia prepotente que es viable en países donde no se respeta la ley, y todo para lograr sus objetivos políticos.

De la honradez de Ricardo Alfonsín, nadie puede dudar como tampoco de sus convicciones, pero si bien son méritos poco comunes entre la dirigencia política acostumbrada a convenientes "giros ideológicos", fueron utilizados por esta como únicos atributos incluidos en el panegírico; los eternos especuladores con discursos matizados con poco creíbles lamentos intentaron acaparar los medios de comunicación, son los mismos que se enfrentaron encarnizadamente con el más como enemigos, que como simples contendientes.

Pocos se acordaron de sus intentos de pacificar el país con la Ley de Obediencia Debida, que no se correspondía precisamente con su forma de pensar...

La hipócrita clase política argentina no tiene límites para intentar aprovechar toda circunstancia que considere beneficiosa para lograr obtener ventajas en las urnas. Se utilizan las características de un pueblo profundamente sentimental, por carecer de propuestas coherentes para lograr captar adhesiones.

Quienes ayer acusaban a Alfonsín por el pacto de Olivos, o lo que es peor, de haber contribuido junto con Duhalde al derrocamiento de De la Rua, no han perdido la oportunidad de derramar la lágrima que intenta convencer a la audiencia de su fingida pena.

Ante la masiva respuesta ciudadana que quiso despedirse del fallecido dirigente radical, no podía renunciar a la "cosecha política", ya hay quienes especulan con motorizar la candidatura de su hijo como si la herencia genética determinara que siempre los hijos heredan las cualidades de los padres.

Hoy usan la memoria de Alfonsín, ya fallecido, pero no es el único caso en que se utiliza la muerte como arma política, hace unos días se intentaba culpar a un piquete agrario por la muerte de una joven. Cabe aclarar que su familia desmintió que dicho piquete hubiese impedido el paso de la ambulancia que transportaba a la víctima de un accidente rumbo al hospital donde falleció. Realmente un intento despreciable de crear descontento.

¡Dejad los muertos en PAZ!

Pero la necrofagia parece ser la práctica publicitaria preferida para manipular opiniones, ya que los discursos son carentes de contenido por parte una clase política que se resiste a desaparecer y cuyo característica más relevante es la hipocresía.

Horacio Guido Dupuy
"Dime con quien andas y te diré si te voto"

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