jueves, 24 de noviembre de 2011

EL SUBSIDIO AL ROBO DEL GOBIERNO



por el Lic Gustavo Adolfo Bunse (24 /11/ 2011)

Las ayudas que nos daban
y que nadie había pedido…
…era un asunto fingido
que todos ellos tramaban…
Y mientras se postulaban
para ser los elegidos…
los ciudadanos dormidos,
el robo no adivinaban (G.Bunse Poemas de la Argentina trágica)


Nota : He tratado de hacer un cuento breve, inspirándome en el genio de Italo Calvino, quien hace tiempo hizo un relato de un hipotético país de ladrones. Con una trama bastante parecida, se me ocurrió un relato de una hipotética comarca de subsidiados. El autor
Era una comarca… donde todos estaban subsidiados.
Por la noche, cada uno de los habitantes hacía sus cuentas y, si veía que le faltaba algo… al día siguiente, salía a cortar cualquier calle. Sin hacer ninguna otra cosa y sin pedir subsidio… sabía que el gobierno se lo daría … pero que, para hacerlo… debía saquear a otro ciudadano.
Y todos vivían en concordia y sin daño, porque uno lloraba por lo que en forma caprichosa decía que le faltaba… y… aunque no le correspondía, el gobierno saqueaba a otro… y ese otro lloraba aún más … y el gobierno saqueaba a otro… y así sucesivamente, hasta llegar al último tipo … que recibía otro subsidio y entonces empezaba el ciclo de nuevo.
En aquella comarca, el comercio solo se practicaba en forma de embrollo, tanto por parte del que vendía, como del que compraba.
El Gobierno, era una asociación creada para delinquir en perjuicio de los súbditos…y - por su lado - cada uno de los súbditos sólo vivía pensando en la forma de defraudar al gobierno, de quien recibía cátedra especial.
El que se inscribía en el organismo fiscal, quedaba dentro del zoológico impositivo en el que cazaba el gobierno para despojar a cualquiera.
El que había podido salvarse de ser llevado, a la rastra, al zoológico… no tenía problema : Ponía una manta en la calle Florida o en cualquier otro lugar y se largaba a vender mercadería robada, falsificada, contrabando y hasta marihuana .


Nadie lo molestaba, ni le advertía, ni lo llamaba al orden.
La vida transcurría sin tropiezos,… y no había un solo empresario que se preocupara por otra cosa que no fuese saber arrastrarse cada día mejor delante del gobierno subsidiario. Es que la mayoría de los empresarios (también ellos) recibían un subsidio para que su negocio funcionara.
Pero he aquí que, un buen día… el gobierno se dio cuenta que no había más margen para subsidiar a nadie. Y lo más importante, era que las elecciones ya habían pasado…de modo que, a esa altura, no importaba ya seducir a nadie con subsidios de ninguna clase.
Se inventó entonces una nueva burla para una ciudadanía a la que era tan sencillo engañar… que ya había batido el récord de pueblos embaucados de todo el planeta.
En lugar de decir que habría un terrible tarifazo, se diseñaron dos lindos embustes de distinto calibre pero de idéntico infantilismo :
1) Se inauguró un concurso de obsecuentes y genuflexos… que consistía en que todos los que quisieran mostrar arrastramiento… renunciaran a su subsidio.
Y que renunciaran… aún sabiendo que, hacerlo, no sólo no serviría para nada, sino que esa actitud implicaría algo así como perdonarle sin motivo al gobierno… el grave error y la enorme trapacería de haber sostenido ese régimen populista de ayudas…con un objetivo claramente negro.
Si fue un engaño o si fue incapacidad… ¿ por qué había que perdonárselo si no era por la única causa por la que se absuelve a un gobierno ? :
Obsecuencia, genufluexión, felpudismo… o arrastramiento.
2) Se lanzó un gran tarifazo bien disfrazado de “retiro escalonado de los subsidios” en el que, cualquiera que fuese medianamente despierto (no era el caso de esta comarca de candorosos ciudadanos)… se podía dar cuenta de la espantosa cantidad de cosas que se habían barrido bajo la alfombra. Por eso, el tarifazo fue salvaje. Y el Congreso, último revisor de las salvajadas impositivas… raramente… había enmudecido.



Y aquí apareció lo verdaderamente insólito :
Ante todo esto… nadie… esto es… ni una sola persona de esa comarca, se animó a plantear lo que estallaba ante la vista de cualquiera :
La verdad más evidente.
Y la verdad cruel era que… ese escenario, era nada más y nada menos, que la trágica consecuencia de una práctica política totalmente farsante, de una manga de filibusteros, encabezados por la jefa de gobierno, que había tenido como único destino, captar votos para poder ser reelecta y establecer un clima absolutamente ficticio, trucho y claramente fingido de tranquilidad tarifaria… hasta el día de las elecciones
Dicho en otras palabras : Todo eso, había sido un fabuloso engaño.
Una perfecta estafa y una vulgar trapacería… utilizada solamente para embaucar a la masa crítica de los ciudadanos idiotas que pensaron que hasta ese momento… ese y sólo ese… era el escenario normal de la comarca para evaluar al gobierno que debía ser reelecto o no, conforme lo que mostraba a todos como un logro inamovible.
Era más o menos como el candidato que se presenta a postularse para un trabajo, elegante y prolijamente vestido. Y una vez que es designado se presenta… al día siguiente… vestido con un andrajo y descalzo.
Y les dice : Este es el verdadero empleado que ustedes eligieron.
Los que renunciaban al subsidio, eran tan hipócritas… que trataban, con gran dificultad, de hacer de cuenta que jamás habían advertido que todo eso… era un engaño hecho y derecho y que todos los subsidios eran una parte esencial de la plataforma electoral mentirosa del régimen.
Lo que se había ideado, era una maniobra psicológica tan imbécil que consistía en una especie de traslación de culpas. Las culpas de los trapaceros del gobierno que inventaron los subsidios como herramienta falsaria de buena gestión gubernamental… se trasladaban a los tarados que recibieron los subsidios… creándoles … a todos ellos, una especie de cargo de conciencia acerca de quienes merecían o no, el subsidio.


Un remordimiento social generalizado de una comarca de ovejas que no distinguía entre lo que era una obligación o un derecho, que ignoraba la diferencia entre el vicio y la virtud… y que se instaló alegremente… de un modo tan insólito…que lo que se había otorgado de prepo desde arriba se transformó súbitamente en una culpa vergonzosa de los beneficiarios.
La traslación de culpas, los convirtió en “aprovechados” a todos ellos y en “víctimas” a todos los filibusteros del gobierno, que eran justamente quienes habían ideado la tramoya.
Obviamente los primeros en la fila para renunciar a los subsidios… eran los filibusteros de la corona, para dar el ejemplo de una caridad tan poco creíble, como que resultaba una escandalosa auto devolución.
Como la inflación falsificada era otro de los engaños vigentes… y como el tarifazo la elevaría aún más … los subsidiados de antes de las elecciones no vieron otra alternativa que salir a buscar el subsidio por mano propia.
O sea robando.
En otras palabras… copiaron la técnica más idónea del gobierno :
Robaban de noche para devolver de día… y para devolver sólo una parte (en forma de renuncia a cualquiera de los subsidios)
Esto aumentó la confusión, porque hubo muchos ex - subsidiados que no sabían robar…y que tuvieron que salir a aprender esa técnica nueva, que era la de… robar, sin subsidio al robo.
En verdad los miembros del gobierno robaban “con subsidio al robo” aún después de la fulminación de los subsidios, por cuanto… de lo que nadie se había dado cuenta, era que el exterminio de los subsidios era sólo para lo que estaba “en blanco” pero no para lo que seguía “en negro”.
De tal modo … la fulminación de los subsidios a la comarca de los tontos, se convirtió en la paradoja mas extraordinaria.
Era una fulminación de subsidios a la gente… Pero en verdad
… era para subsidiar el robo que se disponía a perpetrar el gobierno.

Lic Gustavo Adolfo Bunse
gabunse@yahoo.com.ar

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