lunes, 11 de junio de 2007

LA CORRUPCIÓN NOS AHOGA

Uno de los males que amenazan a la democracia –no solo como sistema de gobierno- sino como estilo de vida de una sociedad, es la corrupción.Desde sacar una entrada para el cine o el teatro, el contrabando de armas de la Ministra Garré o el caso Skanska, la corrupción asume expresiones que surgen de la conducta seguida por gobernantes, políticos, magistrados, empresarios, sindicalistas y también por intelectuales, es decir, por quienes no hacen honor a sus obligaciones y en suma, ofenden el respeto que cada uno se debe así mismo y a la comunidad. Hoy, lo vemos a diario y parece que nada podemos hacer para evitarlo.Esta actitud social concuerda con la despreocupació n con que se toleran los negociados que figuran con detalle en la prensa de todos los días.Los arquetipos de la sociedad resultan ser pues, los que exhiben fortunas dudosas de quienes no pueden explicar satisfactoriamente el origen de sus ingresos, luego de haber mejorado repentinamente su posición económica, al pasar por altas funciones públicas.Quizás, cerca de usted haya alguno de estos nuevos ricos que lo mira con desdén… Los conocemos bien, por la insolencia que ostenta la riqueza mal habida, o a quienes han dado un mal ejemplo. Lo cierto es que todos los señalan, pero muy pocos los censuran.La protesta airada y las reacciones multitudinarias desatadas y que todos padecemos con los paros, piquetes, saqueos, cortes de calles, etc. están desatadas como las fuerzas de la naturaleza; y entonces esta cultura de la corrupción en la que estamos inmersos, puede llegar a ser un factor de desintegració n política y social.Debemos actuar con urgencia para tratar de eliminarla, y para eso están las elecciones en segunda vuelta, del 24 de junio, para elegir como Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, al que ya ganó, y en el mes de octubre para sacar con cajas destempladas al Presidente de la República y a sus aláteres.Tenemos la oportunidad para lapidar con nuestro desprecio a quienes han deshonrado las posiciones que ocuparon antes y ahora, públicas o privadas, y se busquen en el seno de la sociedad a los ciudadanos probos, ejemplares, capaces de recuperar la virtud republicana para las actuales y las futuras generaciones…Porque frente a un pueblo que quiere creer en la democracia, no hay empresa más grande ni más necesaria que la de acabar con esta cultura de la corrupción que nos ahoga.
LUIS JOSÉ VINCENT de URQUIZ
Fte.Tabano

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