jueves, 21 de junio de 2007

LA MENTIRA

Es difícil opinar sobre la mentira porque todos hemos mentido alguna vez.
Casi siempre tratamos de justificarnos cuando lo hacemos.
Existen pequeñas, medianas y grandes mentiras.
Las piadosas, las crueles, las cotidianas, las de toda una vida.
Necesarias e innecesarias según el cristal por donde se las mira.
La mentira lleva esa carga humana que la hace imprecisa al tratar de juzgarlas, salvo decir que una mentira es siempre una mentira.
En el caso de Blumberg su pequeña debilidad lo traicionó, entonces uno no puede entender como un hombre que a partir de una desgracia personal mayúscula, que emprende una lucha representando a miles de personas, haya podido dejarse arrastrar por tan ínfima tentación.
En nada le sumaba un título y en mucho le resta ahora ante la voracidad de los periodistas al servicio del gobierno que lo ve como un potencial enemigo.
Pero ¿quiénes somos para juzgar?
Desde hace años venimos asistiendo impávidos a la imposición de la mentira.
Tal vez ese gol de mentira que hizo Maradona y que justificamos porque hizo otro que valía por dos y además era a los ingleses, nos representó mundialmente respecto a la verdad.
Desde que asumió Kirchner el país se transformó en una parodia, así la mentira se hizo natural en todos sus actos de gobierno.
¿Y quién hizo algo al respecto?
Unos pocos periodistas independientes, unos pocos ciudadanos, tratando de mostrar la verdad.
La mentira se acomodó en nuestras vidas desde entonces.
La mentira histórica mostrando como héroes a terroristas.
La mentira diaria presentando a delincuentes como víctimas de una sociedad que no los comprende.
La mentira sexual que nos dice que no importa nuestro sexo porque podemos optar.
La mentira social que soluciona con dádivas las necesidades de tener trabajo.
La mentira religiosa de hacernos creer que Jesús y el asesino del "Che" son lo mismo.
La mentira de un índice de precios que nunca supera el uno por ciento mientras las cosas aumentan el treinta.
La mentira del estado de derecho acomodado a los deseos del presidente.
La mentira de un presidente que dice odiar a quienes fueron sus amigos; que formó parte de un gobierno por años y ahora desconoce; que firmó leyes con las que se benefició y ahora llama genocidas; que se llevó millones fuera del país y aún no trae; que se autoproclama defensor de derechos humanos que nunca defendió.
¡Demasiadas mentiras en un hombre que guía los destinos del país!
Posiblemente Blumberg debe ser condenado por su mentira.
¡Con más razón Kirchner!
¿Nosotros?
Nosotros ya estamos pagando el precio de permitir que nos sigan mintiendo y cuando caiga la máscara de este gobierno veremos la cara de la mentira que no queremos ver.
Porque tarde o temprano la mentira acaba.

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