lunes, 17 de diciembre de 2007

CAMBIAR EL PASADO

“EL DIARIO DE PARANÁ”
13-Dic-07
Una misión imposible: cambiar el pasado
Eduardo Pedro Reviriego (*)
Hasta ahora no se ha logrado inventar una máquina para poder viajar hacia el pasado. Por lo tanto ese pasado sigue siendo una construcción de quienes lo vivieron, obra de sus aciertos y sus errores, de sus flaquezas y sus grandezas, manteniéndose inmutable, a pesar de los esfuerzos de rehacerlo desde el presente.Puede ser que lo antes expresado parezca demasiado obvio como para mencionarlo, sin embargo observamos a diario cómo se busca intentar regresar al pasado, ya sea para ocultar alguna conducta no muy digna o demostrar haber tenido una actuación sobresaliente en defensa de valores que hoy se cotizan muy alto.En estos días en que se ha tratado ampliamente el tema de la muerte de Roberto Mario Santucho, quien fuera jefe del ERP, no deja de ser interesante recordar un editorial aparecido en el diario Buenos Aires Herald, dirigido por Robert Cox, especialmente por tratarse de una prestigiosa publicación, precursora en la defensa de los derechos humanos y en la denuncia de la desaparición de personas en nuestro país, editorial que es una muestra de cómo se entendían los acontecimientos en el momento en que ocurrían los mismos.El editorial de fecha 21 de julio de 1976, que se encuentra publicado en la obra de Anguita-Caparró s. La Voluntad, Tomo III, Grupo Editorial Norma, Buenos Aires 1998. Págs. 114/115, requiere una cuidadosa lectura, especialmente de lo que se destaca en cursiva, dice: “Va contra la naturaleza humana el alegrarse ante la muerte de otra criatura humana, pero la gente más decente y la de mejor corazón en la Argentina y en cualquier otra parte del mundo, no podrá evitar un sentimiento de profundo alivio ante la noticia de la muerte, el lunes por la tarde de Roberto Mario Santucho. Este aborrecible individuo, y sus igualmente desagradables compinches, muertos también el día lunes... han causado durante los últimos años incalculable angustia y sufrimiento en la Argentina. Para muchas personas el sentimiento de alivio ante su muerte se verá también conformado por una satisfacción enteramente humana, en cierta medida como un sentimiento de venganza por los miles que han muerte merced a la delirante locura de Santucho y sus secuaces. Afortunadamente Santucho ha seguido el camino de otros líderes igualmente asesinos, como Ernesto Guevara a quien Santucho fue comparado en cuanto a importancia. Pero hay en esto una moraleja, que consiste en que cuando las Fuerzas Armadas dejaron de verse deliberadamente entorpecidas por la esfera gubernamental, como ocurrió durante el nefasto período peronista, comenzaron a tener un éxito tras otro en su lucha contra el terrorismo....Todos los santuchos del mundo no pueden compensar la vida de civiles, soldados y otros miembros de seguridad que han muerto —en muchos casos simplemente asesinados— sin estar remotamente comprometidos paramilitarmente. Hasta cuando Santucho fue hasta su muy demorada muerte, otro soldado cayó con él: el capitán Juan Carlos Leonetti quien, según se reveló, era uno de aquellos a cuyo cargo estaba seguir a Santucho y capturarlo o matarlo. Leonetti es otro de quienes —pese a la culposa indiferencia de mucha gente en la Argentina— ha muerto por preservar el modo de vida que ha sido acordado por todas las personas responsables en este país. Con Santucho muerto, la lucha debe proseguir hasta que se liquide todo vestigio de cáncer. El resultado no estuvo jamás en duda, pero con cada nueva victoria militar se aproxima más el día en que el terrorismo se desvanecerá en la memoria de la Argentina. Incluyendo, podríamos decir, la otra clase de terrorismo que es tan siniestro como el terrorismo de izquierda”.Hoy, entre reivindicaciones al guerrillero muerto y agravios a sus contendientes, casi todos hablan de “asesinato” del líder del ERP. Casi todos, puesto que un periodista, muy informado, que maneja uno de los archivos más importantes del país como es el del CELS, archivo al que han sido puesto a su disposición todos los archivos públicos y privados existentes en la Argentina, Horacio Verbistky, dice textualmente en Página 12 del día 25 de noviembre pasado: “En 1976, cuando prestaba servicios en Campo de Mayo, Palacios fue comisionado para deshacerse del cadáver del guerrillero Roberto Santucho, muerto en uno de los pocos enfrentamiento reales de aquellos años, con el capitán Juan Carlos Leonetti, quien también perdió la vida ese día. El cuerpo fue exhibido en el Museo de la Subversión, lo cual está documentado en fotografías que Martín Balza entregó a la Justicia cuando fue jefe de Estado Mayor. Pero a pesar de la legitimidad del procedimiento, el Ejército decidió que el cuerpo debía desaparecer, como el de Eva Perón dos décadas antes”.El pasado podrá ser objeto de nuevas interpretaciones, valorárselo de forma diferente, conocerlo mejor, pero como fue y como lo entendieron quienes vivían en esa época y actuaron en consecuencia, no puede modificarse, y el rechazo a la violencia revolucionaria en esos tiempos fue mayoritario, y si bien el texto del editorial citado puede resultar en algunas expresiones demasiado chocante en nuestros días, es sin embargo demostrativo del sentir de una parte importante de aquella sociedad.__._,_.___

No hay comentarios: