
Quo vadis, Argentina?
Dijimos ayer dolor de Patria cuando un payaso, mancillando los blasones del uniforme de nuestro Ejército, obedeciendo a los gritos de su amo, descolgó de la galería en la que se exhibían, los cuadros de algunos de sus camaradas que lo habían precedido en el cargo de comandante en jefe de nuestro Ejército.
Decimos hoy dolor de argentinos cuando vemos a un pobre hombre con arrestos de matón, haciendo doblar la rodilla a dirigentes políticos que, por un plato de soja, venden su dignidad, sus principios y su Patria, al no tener empacho en fotografiarse con la consorte secretaria de él, quien ejerce inconstitucionalmente el Poder Ejecutivo de la Nación.
¡Qué lejos están de Antonio Ruiz, humilde mulato que conocemos como Falucho, que prefirió morir antes que arriar la bandera de su Patria!
Dante Alighieri, en su Divina Comedia , nos cuenta que en la puerta del infierno hay un letrero que dice "quienes por aquí entran, abandonen toda esperanza". En los templos laicos de los que hacen de la política su medio de vida, en el atrio, deberían insertar una leyenda que rece: "los que a esto se dediquen abandonen principios, dignidad, vergüenza y todo aquello que sea propio a una persona de bien". Afortunadamente, no son muchos los que oran en esos templos, pero hacen daño.
Los más, los que en silencio, con constancia y tesón de todos los días amasamos la harina para hacer el pan del que ellos, sin esfuerzo, a la vez que sin merecimiento alguno, también comen, tenemos conciencia de que, con nuestra sencillez y nuestro trabajo diario, hacemos ciertas las palabras que Edmundo Rostand puso en boca del señor de Bergerac: "Todo nos lo quitarán, todo: el laurel y la rosa, pero nos queda una cosa que arrancarnos no podrán, libre de toda impureza ha de acompañarnos, mal que les pese, y es el sello de nuestra grandeza".
Como dijo Estanislao Severo Zeballos, al asumir el decanato de la facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires: "No estamos vencidos ni amargados, no bajamos los brazos. Solamente estamos desolados por lo que acontece".
También hacemos nuestras las palabras que dijo el Cyrano: "algún día lo sabrán, y lo sabrán aunque tarden en salir de su ilusión, lo bien que mancha el jubón la baba de los cobardes".
Mañana, sonreiremos; hoy, no puedo menos que, en el tintero de la tristeza, mojar la pluma para firmar estas líneas.
Carlos Ramiro Del Río
Bahía Blanca



















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