Informador Público - 10-Ene-10 - Política
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La crisis terminal del kirchnerismo
por Guillermo Cherashny
El gobierno estaba esperanzado a finales del año pasado. Si bien había perdido la mayoría en Diputados y podría perderla en el Senado, ya se había garantizado el presupuesto de este año y con ello la partida para pagar los vencimientos de la deuda externa. Con el lanzamiento del Fondo del Bicentenario podía destinar esa partida del presupuesto a crear 200.000 puestos nuevos del Plan Argentina Trabaja y terminar las obras públicas que por falta de fondos se paralizaron en el en el 2009. También podría soñar con emprender más planes de infraestructura. De ahí que Amado Boudou y Sergio Chodos, director del BCRA y hombre de la asociación ilícita llamada Cámara Argentina de la Construcción, idearon el Fondo del Bicentenario, con la ayuda de Juan Carlos Pesoa y con el consejo de Mario Blejer, un economista de escasa reputación internacional en el FMI. En círculos de la colectividad judía, Blejer es mencionado -irónicamente- como SZMOK y SCHELEPER, es decir, un charlatán mal vestido. Su imagen fue inflada, entre otros, por Eduardo Elsztain, que vació el Banco Hipotecario, y por el kirchnerismo, que lo ve como el Joseph Stiglitz argentino. En el 2002, Blejer presidía el BCRA y el entonces ministro Roberto Lavagna tuvo que pedir su relevo, porque se inmiscuía en la negociación de la deuda externa.
Esta idea creativa fue comprada por Néstor Kirchner, quien se entusiasmó con las nuevas obras de infraestructura que se iban a realizar, crear nuevos planes Argentina Trabaja para intendentes y piqueteros, evitando los conflictos entre estos dos sectores, y esperando una cosecha record de soja, el acuerdo con los holdouts, el regreso a los mercados voluntarios de crédito a tasa de un dígito y la posibilidad de recuperar el calor popular de las clases humildes, que no lo votaron el 28-j, y con ese caudal entrar al ballotage y negociar impunidad con el que lo venciera.
Una maniobra sorpresiva
Los Kirchner no analizaron que Martín Redrado tenía un límite en su cooperación con el gobierno para tapar los agujeros fiscales. No toleraría la confiscación de los encajes de los depósitos en dólares por U$S 7.700 millones y no emitiría billetes sin respaldo del Central. Por lo cual se negaba a darle stock en el primer caso y flujo en el segundo. Entonces en Olivos encontraron el atajo del Fondo del Bicentenario, por el cual se empoderarían de un importante stock, sin que pareciera una confiscación y sin emitir, lo que aumentaría la alta inflación existente. Finalmente, habían encontrado la solución.
Redrado sabe que tiene un prestigio bien ganado y lee seguido los informes del economista del CEMA Agustín Monteverde, un experto en los números de la contabilidad del BCRA. Así es que Redrado decidió franelear a Kirchner, Boudou y Chodos. Cuando éstos se dieron cuenta, optaron por la mas fácil, es decir, inducirlo a la renuncia. Ésta era una salida elegante para Redrado, que quería despegar del desprestigio K. Así pensaban la mayor parte de los economistas de la city.
Pese a que se define como un economista profesional, durante el gobierno de Duhalde y con Carlos Ruckauf en la Cancillería, Redrado aprendió bastante de política y habría hecho el siguiente cálculo: renunciando, el gobierno podría caer en default antes de fin de año. En cambio, quedándose y plantándose frente a los K, podría hacer "la gran Cobos", retener el cargo, despegar y también salvar al país del default.
Estos tres motivos que el político Hugo Franco definiría como palo, carambola y tronera, sorprendieron a Kirchner y a Aníbal Fernández, dos personas con mucha calle y política. Con menos calle, quedaron totalmente descolocados Boudou, Blejer, Chodos y Pesoa.
Para el gobierno esta crisis puede ser terminal, por los tiempos judiciales. La apelación a la Cámara en lo Contencioso Administrativo recién se empezaría a tratar el jueves o viernes. En esos 3 o 4 días los bonos caerán fuerte, se renovarán pocos depósitos, habrá presión sobre el dólar. Y si el gobierno obtiene un fallo favorable de la Cámara, la oposición le arruinará el festival de los bonos, pataleando en el Congreso y en los medios. Los inversores volverán a fugar capitales y, a esta altura, éste será un factor terminal.



















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