miércoles, 9 de julio de 2008

MOLINOS DE VIENTO

Cervantes, tuvo todo en su contra. Su Padre era un cirujano ambulante. Ni siquiera se había graduado de Médico. Su famila era pobre de solemnidad. Y en un cuarto lúgubre de menos de veinte metros cuadrados, con la dificultad de contar con un sólo brazo, redactó el Quijote. En su ancianidad, y en virtud al canallezco desafío que Avellaneda le hizo, tuvo que ir por la Segunda Parte. La trascendencia del manco de Lepanto, pese a lo que muchos creen, no fue la impecabilidad de sus relatos sobre un supuesto caballero andante, que había perdido la cordura. Lo más trascendente es que a través de su lectura; a partir de los relatos de un ficticio Hidalgo y sus aventuras, España comenzó a utilizar el castellano como idioma oficial. Se aglutinó. Leí algunas biografías sobre Don Miguel. En una de ellas, relata sus desventuras, cuando cayó prisionero del Sultán de Argel. Dice con ese estilo tan especial: Yo que he sufrido toda suerte de desventuras, he visto columnas de condenados al patíbulo, con sus ojos plagados de confusión. Al observar mejor a esos desgraciados advertí, que cada uno de ellos no se preguntaba porqué iba a morir, sino ¿porqué había nacido?. Medité bastante sobre esta anécdota en estos últimos meses. Volveré sobre ella, en unos momentos. Evidente es, que hasta no hace muchas décadas. Más precisamente hasta la Segunda Guerra Mundial, que implicó la aberrante cantidad de cincuenta millones de muertos en menos de seis años de hostilidades, la vida en Europa, no tenía mucho propósito. Soldados y Civiles, perecieron por igual, sin un motivo. Fueron víctimas de lo que en matemáticas se conoce como la Ley del Porcentaje. Después de aquélla luctuosa e innecesaria contienda, las cosas cambiaron drásticamente. Emergió, lo que hoy conocemos como la Sociedad de Consumo. La fabricación en serie. Los precios populares. El confort y una mejor calidad de vida. La amenaza nuclear se encargó de no motivar a ningún lunático, para reiterar otro desafío como el del teatro de operaciones europeo y japonés. Así transitamos estas últimas seis décadas. Los norteamericanos, que fracasaron, primero en Corea y luego en Vietnam, tuvieron una remake en el golfo pérsico, de la que ahora no saben como salir. El Capitalismo Tardío arribó a Asia y hoy economías emergentes como la nuestra que no padece la endemia de la superpoblación, podría resurgir con esplendor, merced al menú de proteínas que podemos ofrecer a quienes las requieren. Pero surgió una dificultad. Algo que pareciá sencillo se complicó. Resucitó el Peronismo. No como dogma. Algo peor que eso, como mentalidad. He insistido mucho sobre ello. Tal vez demasiado. Italia, en tiempos de Mussolini, tomó el ejemplo español. Obligó a todos a tomar el toscano como idioma. Se basó en el Dante, para hacerlo. Nosotros tomamos a Hernández y su Martín Fierro. Sus detractores pontificaron en su momento, que no era una lectura recomendable porque deformaba la lengua y porque contenía, según ellos, un mensaje homosexual. Por su menosprecio a la mujer. Como no soy una autoridad en literatura me abstendré de opinar al respecto. Pero trataré de introducirme, áunque sea mediante unos breves párrafos, en nuestro padecer. En esa suerte de personalidad Argentina, viváz, pero desaprovechada. Tenáz pero claudicante al mismo tiempo. Culta e inculta. Los contrapuestos son nuestro carcinoma. Convivimos con la virtud y la miseria intelectual. Todo por partida doble. Alguien, un extranjero, me confió una vez, que Nosotros, los Argentinos, somos como un automóvil de alta cilindrada, como los de la fórmula uno, pero con un pie en el acelerador y otro sobre el freno. Accionados en paralelo. Por eso nadie nos entiende. Pertenecemos por nuestro orígen caucásico, capacidad, riqueza natural y know how al Primer Mundo. Perón nos ubicó en la lista de los no alineados. Como integrar a un tipo del Jockey Club con un conjunto de paniaguados. Carecemos de problemas étnicos, como los yankees con su población de color ó los europeos con sus hipotecas colonialistas, que ahora los ha introducido en una xenofobia más aguda que en los tiempos del Nacionalsocialismo alemán. Contamos con los cuatro climas. Nos permitíamos exportar a Rusia nuestros deshechos cárnicos. Y por nuestra exigua densidad demográfica, somos a pesar de todo La Tierra Prometida. Podríamos, con una vuelta de torque. Reinsertarnos en el mundo como un faro. Pero, mucho me temo que no lo haremos. Les conté acerca de Cervantes, porque trasladando ese lugar y esa época, también percibo lo mismo, cuando diviso criaturas embarcadas en la mendicidad y en un horizonte sin esperanzas. Los pobres, los nuestros, piensan eso. Cuando viajan abigarrados en trenes desvencijados, para trasladarse desde una vivienda llena de carencias y en un asentamiento que también las tiene, hasta una ciudad que les es hostil. Porque huelen mal. Porque generan desconfianza en los transeúntes que se topan con ellos. Porque la gente trata de evitarlos desprediéndose de algunas monedas. Y porque las mayorías urbanas, no advierten que Ellos corporizan Nuestra Deuda. La real. No la que mantenemos con nuestros acreedores externos. Que generalmente se resuelve, abonando intereses usurarios como los que le aportamos a un malandra como Chávez. Como desgraciadamente en esta Patria nuestra, rica por nacimiento y paupérrima por mentalidad, ya que a todos nos inocularon el virus del HIV justicialista, aunque no deseemos admitirlo, estamos en el callejón de los condenados. Los que nos infectaron son los Moyano, los Barrionuevo, los K, los Rodriguez Saá, los Duhalde, los Menem y todos los que adscriben a ese razonamiento vacuno. Esos son, quienes amasan diariamente inmensas fortunas, patrocinando el narcotráfico, el juego, la prostitución organizada, las prebendas del gasto público, los negociados y -para hacerla corta- el dispendio de un término que ningún político conoce: los Fondos de los Contribuyentes. En otras épocas, teñidas por los historiadores modernos, de sórdidas, como las que transcurrieron antes de Perón, estos personajes no hubiesen sido otra cosa que proxenetas barriales ó porteros de cabarets. La Sociedad de entonces no le hubiera allanado el camino para otra cosa. Hábía normas. Se imponía la ética. A los inmigrantes e indigentes de la Boca, los representaba un individuo con mayúsculas: Alfredo Palacios. A los chacareros, otro grande: Lisandro de la Torre. Tómense la molestia de juntar las fotos individuales de estos sujetos. Los de la actual Clase Dirigente. La que piensa y resuelve por Nosotros. Si las compilan, en nada se diferenciarán a un álbum de Robos y Hurtos de cualquier departamental policial. Por eso amigos, vengo ensayando en mi pequeño imaginario otra alternativa. La Democracia nos ha empobrecido. En valores culturales. En nuestro modo de ser. En el libertinaje, cuyos efectos los podemos observar en los ciclos secundarios. Para exhibirles algo bien contemporáneo, sólo les recordaré que ayer ó un día antes que ése, un alumno le prendió fuego a la cabellera de una maestra, porque intentaba imponerle una sanción disciplinaria. El Nacional Buenos Aires, que otrora formaba universitarios, ahora está gobernado por una chusma de pendejos que ni saben ciertamente porque tomaron sus instalaciones. La UBA, es otro aquelarre. Las del Interior no lo son menos. Tenemos un sistema educativo gobernado exclusivamente por los educandos. Mañana serán profesionales. Que Dios se apiade de Nosotros, si caemos en sus redes como pacientes ó clientes. Esta Sociedad de Poetas Muertos, que son las Madres, Abuelas, Hijos, Nietos y Choznos de la Plaza de Mayo, se disputan el botín de los subsidios. Se estafan entre ellas mismas. La Señora de Bonafini emitió 125 cheques sin fondos. Pero es una referente. Hasta le envía a la Diputada Conti, nóminas de futuros Magistrados. Más los que ya introdujo. Entre sus filas, cuentan con asesores impolutos como un tal Shocklender, parricida y matricida, que mitiga sus penas, durante varias horas al día en el Casino Flotante de Puerto Madero. Señores, a quienes todavía aguardan expectativas con una modificación de la 125. A los que creen que el debate parlamentario enrriquece a la democracia. A los que se quejan, pero desisten de actuar en consonancia con el estado catatónico de nuestra Sociedad, que permite a un gobierno hacer y deshacer a su antojo. Que lo ejecuta mofándose de todo un pueblo que no participa de sus bacanales. Que practica un rito satánico al tener aún las riendas del poder hegemónico. Que cree que durarán para siempre, con una coraza de impunidad, que le sostiene todo la Nación, por su indiferencia´. Digámosle BASTA. Pero con hechos. Tumbemos al enemigo. Si nos detenemos ahora, seguiremos tratando de introducir nuestras lanzas a un conjunto de fantasmas. A Los Molinos de Viento.
Cordialmente
Lucio Catano (h).-

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