viernes, 22 de mayo de 2009

CANDIDATOS INADECUADOS



Sobre candidatos inadecuados

Autor: Carlos Berro Madero


“La razón humana es de suyo cavilosa. Ciertos hombres poseen cualidades tan a propósito para deslumbrar, presentando los objetos desde el punto de vista que les conviene o les preocupa, que no es raro ver a la experiencia, al buen juicio, al tino, no poder contestar a una nube de sus argumentos especiosos, otra cosa que: esto no irá bien; estos raciocinios no son concluyentes; AQUÍ HAY ILUSIÓN Y EL TIEMPO LO PONDRÁ EN EVIDENCIA.”
- Balmes
Al intentar describir el perfil de un candidato político, hemos creído interesante reflejar un pensamiento que se extiende sobre las características personales negativas que nos muestran algunos líderes actuales: demasiadas palabras, muy poco tino y una baja calidad moral.

Querríamos añadir también que en el ejercicio de la inteligencia y demás facultades del hombre -aplicadas a lo que fuere menester-, hay muchos fenómenos que se expresan mejor sin demasiados discursos.

Dice Balmes al respecto: “hay ciertos entendimientos que parecen naturalmente defectuosos, pues tienen la desgracia de verlo todo desde un punto de vista falso, o inexacto, o extravagante. Suele aparecer en individuos que se distinguen por una insufrible locuacidad, por la fascinación de hilvanar raciocinios sin juzgar nada con acierto. Ellos terminan levantando un castillo, que no tiene otro defecto que...estar en el aire.”

Reflexionando sobre estas cuestiones, no es difícil advertir que la causa de muchos hechos aberrantes de la política, provienen la mayoría de las veces del mal funcionamiento de las emociones y la psicología de sus actores, que reniegan del buen juicio que debería proporcionarles su cabeza.

Se olvida que un dirigente debe saber desarrollar su entendimiento a través de un cierto buen sentido que le permita fijar su atención no sólo en las ideas, sino en el objetivo de las mismas; tratando de recordar siempre que no es conveniente pensar en ellas como se desearía que fueran, sino como realmente son.

Sólo la humildad nos hace conocer el límite de nuestras fuerzas y nos alerta sobre nuestros propios defectos. Bien practicada, nos impide exagerar nuestros méritos y nos lleva como consecuencia a no despreciar a los demás, valiéndonos en lo que hubiere lugar de sus opiniones, sin tomarlas con frivolidad.

¡Cuántas reputaciones de hombres capaces se derrumban -cuando no se destruyen simplemente-, por miserable vanidad!

¡Cuántos se empeñan en entregarse a su propio pensamiento en forma excluyente sin dar importancia a las reflexiones de quienes les rodean, aunque éstos estuvieren viendo las cosas con mayor claridad!

De aquí surge otra condición indispensable: el desarrollo de la aptitud para el diálogo y la consulta. La sagacidad para poder combinar pensamientos propios con quienes tienen siempre algo que aportar.

Para eso se necesita prestar atención sobre un objeto determinado a la vez. El inconstante en este aspecto, suele ser un perezoso inclinado a elucubrar grandes planes que no terminan siendo finalmente más que divagaciones. Se aleja del orden y el método y emprende muchas cosas simultáneamente con el deseo de ahogar el campo del pensamiento con sus proyectos meramente imaginarios.

La sociedad espera también de un líder que no abandone la fuerza de la moral; que tenga presente que el objetivo final de su función es promover el bienestar general, establecer el cumplimiento de la ley y procurar el fomento de la igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos.

Sería bueno recordar asimismo que lo recto y lo útil, -que suelen andar divorciados frecuentemente-, deberían confluir en un solo camino. Porque, finalmente, el arte de dirigir no es más que una síntesis entre la razón y la moral, aplicadas a resolver una cuestión determinada.

Finalmente, sería interesante incluir un párrafo sobre el arte de mandar. Éste está sostenido por tres pilares fundamentales: a) la falta de apasionamiento al momento de ordenar la acción; b) un estricto control de la hipocresía para no mandar lo que conlleva algún germen maligno que envilezca la acción ordenada y c) el abstenerse de deliberar mientras el espíritu pueda estar bajo la influencia de una pasión ó un interés personal.

Los requisitos descriptos aquí someramente, deberían estar acompañados en todas las circunstancias, por un profundo sentido del honor y la dignidad.

Quizá estas breves reflexiones puedan servirnos como ayuda para analizar con mayor eficacia el perfil de quienes se postulen para desempeñar cargos políticos y nos propongan ser oídos y votados.

carlosberro@arnet.com.ar

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