miércoles, 6 de mayo de 2009

DECADENCIA


Amigos y Compatriotas: Durante años, procuré, como muchos otros, indagar esta suerte de desverguenza que nos embarga como Pueblo.El populismo rosista, con una aduana porteña, que estrangulaba al resto de la Confederación, fue tal vez, uno de los aceleradores lineales de nuestros avatares.El culto a la personalidad que erigió en torno de sí mismo Juan Manuel de Rosas, fue, digamos otro aditamento.Pero no fue decisivo, y con ello debo de admitir este error de concepto, que me gobernó durante casi toda mi vida adullta.Tampoco la figura de Urquiza, que repudié tanto como la de su antecesor, tuvo una ingerencia tan notable para marcar a fuego nuestro destino.Sin importar que haya sido el único y principal responsable que tropas brasileñas, desfilaran triunfantes por las calles de Buenos Aires, luego del asunto en Caseros.El Marqués de Caixas, sufragó de manera entusiasta ese privilegio, cuando le abonó al entrerriano, el dinero suficiente como para que erigiera su Palacio de San José, en las afueras de Cocepción del Uruguay.Pero voy llegándo al desenlace.Hubo un canalla, peor que los precitados.Mucho más perverso y antipatriótico.Fue Bartolomé Mitre.Individuo de una cultura superior, tan elevada, como su macabra trama, en la guerra contra el Paraguay.Con sus más y con sus menos existe un divisorio meridiano entre una Argentina barroca y también bizarra antes, y otra paupérrima, por la que todavía transitamos, después de él.Trataré de sintetizarlo, aunque no será fácil.Francisco Solano López, que se había preparado para gobernar, veinte años antes de su época, conocía perfectamente las deficiencias territoriales de su país.Carecía de un litoral marítimo.Pese a ello, se disponía a lograr a sangre y fuego esa salida al mar, con la captura de Rio Grande do Sul y Santa Caterina.Se aprestaba a librar una dura guerra contra la Casa de Braganza, que reinaba en el Brasil.Era terco como una mula y un tanto megalómano.Pero como todo líder que trasciende su historia, era todo un Sujeto.Pugnaba por el expansionismo de su Patria, enclavada en el Gran Chaco Boreal.Para invadir a su vecino, solicitó permiso a Mitre para ingresar a territorio brasileño.Un rasgo de cierta ingenuidad de su parte.Pero fue el disparador, como el corredor del Danzig Polaco en 1939.Mitre, masón de alto grado, estaba al servicio de los británicos, por educación y por costumbres de esa época.La Argentina le declaró la guerra al Paraguay, por esa afrenta cuidadosamente selectiva y allá fueron nuestros gauchos.También los jóvenes intelectuales, cautivados por la guerra de secesión norteamericana que aún no terminaba.El final de la contienda en 1868 fue trágico para todas nuestras Fuerzas.La Infantería de Línea quedó diezmada.Dos jóvenes Capitanes, entre muchos otros Patriotas, perecieron con gloria: Dominguito Sarmiento enarbolándo la Enseña Patria, en el fatídico asalto a los cuarteles guaraníes de Curupaytí y Marcos Paz, hijo del Vicepresidente de la Nación, en ese momento.El Paraguay, sólo quedó habitado por viudas, pequeños huérfanos y una nutrida población indígena y analfabeta.Solano López, murió como todo un héroe, lanceado por una cuadrilla de esclavos reclutados de los cafetales paulistas.Su Vicepresidente que contaba con ochenta años, fue invitado cortésmente, por un Capitán brasileño, para que hiciera lo propio, en función a su condición de civil y de octogenario.Desde su carruaje, embistió al militar a bastonazos, mientras le decía Che Capitán no sé rendirme.Siguió el destello de bravura de su Jefe y pereció del mismo modo.Esa fue más o menos la parte cronológica de los hechos.Pero lo más trascendente, tuvo otras connotaciónesMás empíricas que el simple relato de los sucesos bélicos.En los últimos meses de la guerra, niños que en su mayoría no pasaban de los diez años, eran el grueso de la tropa paraguaya.Fue una carnicería.La peor y más vergonzante que registra nuestra historia.Pero analicemos juntos, la otra parte de la contienda.La que nuestros intelectuales han silenciado deliberadamente, por la influencia decisiva y el peso novante que Mitre ejerció en el periodismo y sobre todo en la política, hasta su muerte en la primera década del siglo XX.Nosotros, con la sangre de tantos soldados Argentinos, obtuvimos una franja del territorio paraguayo, estableciéndose el límite en el Rio Pilcomayo.Los brasileños se consolidaron como la potencia continental que hoy conocemos.El Uruguay que aportó para la guerra dos batallones de infantería y uno de caballería consolidó su independencia como estado tapón según las directivas del Reino Unido.Más arriba señalé que la historia Argentina se divide en dos capítulos -arrogándome una licencia académica que acaso no me corresponda- antes y después de Mitre.Éste, siguiéndo los lineamientos de San Martín, cuando la independencia de Chile y Perú, renunció expresamente al expansionismo que los Estados Unidos, practicaron con éxito, al tomar todos los territorios, que los mejicanos no supieron ó no pudieron defender, como Texas, California, Arizona, Florida y Nuevo México.Con El Santo de la Espada y su pupilo Mitre, la Argentina abandonó para siempre su destino de Superpotencia, desdeñándo la captura de todo el virreinato peruano y sobre todo el Uruguay, que el General Lavalle y sus Granaderos conquistaron con la más excelsa hidalguía en Ituzaingó.Trataré de no cargar demasiado las tintas con la cuestión de San Martín, porque de seguro heriré la sensibilidad de muchos.Los Mendocinos en particular.Pero sin una pretensión demasiado incisiva, necesario es, exhumar nuestra historia.Porque si renunciamos a ello, nunca podremos hurgar debidamente la irónica y única causa de un fracaso tras otro, desde hace, al menos, sesenta y cinco años.El Yrigoyenismo fue un populismo con una silueta muy similar al rosismo.El Peronismo fue su sucesor y heredero.Por alguna extraña razón, desconocida para mí, la Argentina con un destino de grandeza se ha sumergido voluntariamente en la más absoluta ruindad.Pudimos ser los primeros en todo.Pero somos como un auto que corre en la fórmula uno, con el freno de mano accionado.Lo que nos sucede, no se lo debemos achacar al azar ni a la mala suerte.Somos, lo que supimos conseguir, como reza el Himno Nacional.Nuestras letanías pueden ser compatibles con las del bíblico Hijo Pródigo.El señor Hitler, ocupó toda la Europa Continental, sin un puñetero marco.Saqueó los caudales de los países bajo su dominio, porque carecía de los propios.Y con todo en contra rearmó Alemania hasta los dientes.Juan Domingo Perón, que heredó una fortuna de reservas auríferas, estimadas en moneda actual, en más de quinientos mil millones de dólares, multiplicó a los pobres, para saciar su vanidad, como Juan Manuel de Rosas, lo hizo en su época.Según veo, ni el populismo ni la intelectualidad conservadora, fueron algo bueno para la Argentinidad.Por la impudicia del primero y quizás la miopía de la última.Si seguimos postergándo un revisionismo, los Alfonsín, Menem, Duhalde, y estos comemierdas, nunca captaremos debidamente como atravesaron la barrera del prostíbulo.Lilita, sería cocinera de empanadas. De la Rúa, encargado de edificio y el resto, barrasbravas de algún club de fútbol.En la década del treinta, un tipo como Néstor, sólo hubiera sido apto para abrir y cerrar las puertas de los taxis, en procura de una mísera propina, en las salidas de algún teatro de variedades.Hoy, es el arquitecto de nuestro más absurdo dilema.Pero hubieron otros responsables, aunque de menor grado.Roca, luego de la formidable y astuta conquista de la Patagonia, debería de haber entregado toda esa Pampa Gringa a Colonos, como los yankees hicieron con los pioneros en el medio oeste.Con el arado adelante y el fusil detrás.Aquí, se formaron ingentes fortunas de la nada, como la de Santamarina, Pereyra Iraola, Menéndez Behety, Anchorena, Braun, Martinez de Hoz y otras veinte familias a las que les otorgó toda la Provincia de Buenos Aires y La Pampa.Ninguno de ellos luchó contra la indiada.Recibieron millones de hectáreas gratis y libres de ocupantes.La generación del ochenta nos otorgó valiosas plumas como la de Miguel Cané, entre muchas otras, pero también nos legó una aristocracia rancia y vetusta. El día que decidamos romper con esos atavismos de nuestros falsos héroes, empezaremos a hacer las paces con nuestra historia.Comenzaremos a conocer El Principio de Nuestra Decadencia.Cordialmente Lucio Catano (h).-

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