miércoles, 20 de mayo de 2009

SUPERÁVIT NEGATIVO


Río Negro - 19-May-09 - Opinión

Editorial
Un superávit muy negativo


En otras circunstancias, el que en abril el país haya registrado el mayor superávit comercial de toda su historia sería una muy buena noticia, pero, si exceptuamos a algunos funcionarios del gobierno que por motivos electoralistas tienen que interpretar todo cuanto ocurre de la forma más optimista posible, pocos están festejándolo porque no se debió a las hazañas de los exportadores sino al desplome vertiginoso de las importaciones. Según las cifras disponibles, el mes pasado compramos al exterior bienes por 2.789 millones de dólares estadounidenses, mientras que en abril del 2008 gastamos 4.929 millones, o sea que se trata de una caída del 43%. Por fortuna, gracias en buena medida al aumento reciente del precio de la soja, en abril la merma del valor de las exportaciones fue menor, de sólo el 13%, de ahí la magnitud del superávit. Antes de recuperarse el precio de nuestro producto estrella, las exportaciones también caían en picada: en enero pasado se ubicaron en 36% por debajo del nivel alcanzado en el mismo mes del año anterior.

Mal que le pese al gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, el que por motivos ideológicos desprecia el aporte del campo, en los últimos meses las exportaciones de origen agropecuario han resultado ser mucho menos vulnerables que las industriales a los golpes asestados por la crisis financiera internacional. Mientras que Alemania y Japón, países industriales por antonomasia, han visto desplomarse su producto bruto a causa de su dependencia de la exportación de bienes manufacturados, la Argentina se encuentra en una situación relativamente mejor por ser todavía un país agroexportador, aunque la ventaja así supuesta podría desaparecer si resultaran ciertas las previsiones de quienes afirman que pronto tendremos que importar trigo y carne.

El derrumbe de las exportaciones que comenzó a hacerse sentir hacia fines del año pasado es un síntoma llamativo de la desaceleración abrupta de la economía. Se ha reducido el consumo, es decir, el nivel de vida de la población en su conjunto, la producción está frenándose, lo que ha incidido en la importación de insumos y bienes de capital, escasea cada vez más el crédito y las empresas están invirtiendo todavía menos que antes, asegurando así que los próximos meses serán decididamente difíciles. También han contribuido al colapso de las importaciones las medidas oficiales destinadas a limitarlas, en especial las vinculadas con las licencias no automáticas para importar. Con el propósito de defendernos contra las temidas "invasiones" chinas, brasileñas, chilenas y hasta uruguayas, el gobierno kirchnerista se ha puesto a obstaculizar la entrada de bienes de origen foráneo con demoras burocráticas, aunque, claro está, como los gobiernos de otros países, se afirma contrario por principio al proteccionismo.

Puesto que en la Argentina la tradición mercantilista es muy fuerte, abundan los que suponen que las exportaciones, aun cuando tengan que ver con la soja, siempre son buenas y las importaciones son intrínsecamente malas. Asimismo, aunque el hundimiento actual de las importaciones es una consecuencia lógica de la caída del poder de compra de la población ocasionada por el agotamiento del "modelo" y, últimamente, por la incertidumbre provocada por una campaña electoral que a juicio de muchos podría modificar sustancialmente el paisaje político nacional, el gobierno ha optado por atribuirlo exclusivamente a la crisis internacional, como si la mejor forma de reaccionar frente a la emergencia consistiera en aislarnos todavía más. Sin embargo, para que la economía se modernice necesitamos importar no sólo tecnología, insumos y bienes de capital, sino también muchos bienes de consumo sofisticados, como computadoras, en rubros en los que los empresarios locales no están en condiciones de competir a menos que el gobierno obligue a los consumidores a comprar sus productos manteniendo a raya los fabricados en el exterior. Sin embargo, la experiencia ya nos ha enseñado que "la sustitución de importaciones" equivale a un callejón sin salida puesto que las empresas favorecidas por medidas proteccionistas raramente resultan capaces de sobrevivir a las aperturas que, para disgusto del lobby industrial, suelen permitirse luego de un período prolongado de cierre.

No hay comentarios: