
Kirchner y el endurecimiento del personaje ante la pérdida de poder
Desde su llegada al gobierno en 2003, el ex presidente nunca estuvo tan complicado políticamente. Ante esto, endureció su discurso y sus ideas y se encerró más que nunca en su personalismo. Hablan de un fenómeno natural a los ex presidentes en la curva descendente de su carrera. La similitud con el caso Menem. Opinan Roberto García, Ignacio Zuleta y Marcos Novaro.
Por Nicolás Fiorentino | 11.06.2009 18:19:00
Según el encuestador Carlos Fara, la estrategia de Néstor Kirchner de polarizar la elección con Francisco De Narváez “es claramente un error” porque “le convendría fomentar la pluralidad del voto opositor”. Para él, se trata “de un fenómeno que ocurre con muchos ex presidentes que, al final de su carrera, les resulta muy difícil cambiar una fórmula que les ha dado éxito”.
La idea que el director de la consultora Carlos Fara y Asociados soltó al aire en Puro Periodismo, por AM El Mundo, dejó volando una pregunta: ¿Está Néstor Kirchner en un proceso de endurecimiento de su personaje y sus ideas, encerrado en su personalismo, avizorando tal vez la pérdida de poder o, peor aún, la curva descendente de su carrera política?
Según Roberto García, eximio columnista político del diario Perfil, el ex presidente no está encerrándose sino que, en pocas palabras, siempre fue así. “Es una persona, a mi juicio, mucho más cerrada que otros mandatarios que tuvo la Argentina. No es una persona que no escucha a nadie ahora; antes tampoco lo hacía”.
Al intentar entender esto, se basa en dos puntos: “Kirchner plantea que no se puede ceder ni un sólo gramo de poder y la base de su funcionamiento es conseguir caja para gobernar”.
“Él tiene un concepto: al poder no le puede entrar agua por ninguna grieta. Entonces, si vos introducís gente con la que hablar o consultar y abrís el abanico, según su lectura, estás distribuyendo poder. Y eso es lo único que no quiere hacer y no hace. Por eso generalmente contrata personajes inanimados, inservibles o profundamente incultos que le sirven para la ocasión pero no para discutir. En ese sentido tiene una postura de pensamiento totalitario”, opinó el periodista.
De Menem a Kirchner
Según el sociólogo Marcos Novaro, “A Alfonsín, Menem y Kirchner les pasó lo mismo. Pero por distintos motivos. La frustración de no estar más en el poder y de no ser suficientemente reconocido por sus sucesores hace que se abroquelen en una posición defensiva. Es psicológicamente explicable esto. Se ven acorralados, con el plan de defender lo que hicieron y un núcleo de votantes fieles que conservan, justamente, porque adoptan esa actitud defensiva. En los tres casos de algún modo sucede eso”.
Al intentar entender esto, Novaro explica: “Kirchner y Menem tienen una diferencia con Alfonsín, y es que los dos se vuelven reactivos y más ideológicos, no porque quien les sigue en el poder quiera heredar sus propuestas, sino porque ven que todo lo que quisieron construir como definitivo, en realidad, se derrumba muy rápido”.
“Ellos creen que son incomprendidos y asumen una posición muy ideológica, que extrañamente es una actitud que no tuvieron antes y lo que les permitió ser más exitosos. Se sienten desvalorizados en esta especie de divorcio de la sociedad”, disintiendo con la idea del consultor Fara.
Ignacio Zuleta, editor y columnista de Ámbito Financiero, en cambio, no ve cambios en la postura de Kirchner en la campaña: “Cada vez que fue a elecciones siempre lo hizo aliado al peronismo de Buenos Aires. En 2003 con Duhalde y en 2007 con Solá. Yo no veo ninguna modificación en la estrategia de campaña del kirchnerismo, es una constante, un lugar común ir aliado al PJ bonaerense”.
A su vez, diferencia también la situación del santacruceño con la del riojano y la pone en paralelo con la del recientemente fallecido ex presidente radical. “Alfonsín y Kirchner sostuvieron el poder después de sus presidencias. Menem a los pocos años de dejar el gobierno estaba preso. Su poder se disipó absolutamente. Alfonsín se quedó con el control del radicalismo durante toda la década del 90, tanto que en 1999 puso al presidente. De la Rúa fue una decisión de él”, cerró.
Para Novaro, “el personaje de Kirchner cuando fue exitoso no era éste”. Y opinó: “Era uno que hacía equilibrio entre Chávez y Lula, era como la versión mejorada de los dos, un tipo mucho más pragmático. Ellos han reinventado mal, hacia atrás, su propia historia. Menem es hoy un fanático del conservadurismo y de la cosa más virulenta de la derecha neoliberal, y en realidad en su experiencia no lo fue. Era más moderado y eso le permitió ser exitoso. Terminan siendo el peor defensor de su legado”.
Mal asesorados
Por último, otra de las características que parece estar mostrando Kirchner es un desapego total a, incluso, su círculo más cerrado. Para el prestigioso sociólogo esto se asemeja al caso de Menem: “Los dos se quedaron con lo peor de su entorno”.
“Cuando Menem se pelea con Cavallo y con Corach, porque éste le dice `tenés que elegir un sucesor y el mejor es Reutemann´, Menem le hace caso a Kohan y Granillo Ocampo y va por la reelección. Eso tiene bastante parecido con tipos como Massa o Alberto Fernández, que no pesan nada en las decisiones porque tienen el arrojo de ir con ideas mínimamente razonables”.
García, en cambio, opina distinto: “Kirchner nunca gobernó con mesa chica; a lo sumo, lo que tenía era un señor que lo escuchaba y se la daba de psicoanalista, que era Alberto Fernández. Con el cual se veía a las 8 de la mañana hasta la nochecita y después se olvidaba”.
“Durante el día llamaba alguna que otra vez a Zanini, que es quién le cuida la lapicera, pero no son personas a las cuáles consulte Kirchner. Mucho menos consultaba con Julio De Vido. Ninguna de ellos tiene la capacidad ni el coraje para rebatirle cosas a Kirchner. Eventualmente consulta con la mujer, pero le mastica la comida antes de ofrecérsela en el plato”.



















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