martes, 5 de enero de 2010

RESURGE UNA ESTRELLA




"¿Quién los jueces con pasión,

"sin ser ungüento, hace humanos

"pues untándoles las manos

"les ablanda el corazón?

"¿Quién gasta su opilación

"con oro y no con acero?

"El dinero"

Francisco de Quevedo





El Poder Judicial ha renovado, con un brillo inaudito, una vieja estrella del firmamento argentino de los impresentables, ya casi superpoblado.



Tal como han registrado varios diarios porteños en sus ediciones de hoy, el incansable adalid de la justicia (ahora, con minúscula) Norberto Oyarbide, luciendo su habitual elegancia -¡no se viste, se decora!-, realizó ayer un raid mediático, sin parangón entre sus colegas.



Con mis cuarenta y dos años de ejercicio profesional del derecho, el pequeño juez consigue que, cada día, recupere mi capacidad de asombro. Hace algún tiempo, escribí una nota, en la cual agradecí efusivamente a doña Cristina por lo mismo ya que, con ello, me siento casi un adolescente. Por eso, ¡gracias, don Norbertito!



Cuando ingresé a la facultad, una de las primeras reglas que aprendí fue que "los jueces hablan a través de sus sentencias". Evidentemente, asistimos a casas de estudio diferentes y, casi son seguridad, a distintas disciplinas. De don Norbertito me separan años de edad, y siglos de ética, de moral y de pudor.



No solamente permite que los periodistas lo aguarden, cada mañana, cuando sale de su domicilio todo emperifollado, sino que no hesita en abrir su boca para opinar de todo, especialmente sobre los procesos que tiene a su cargo. Así, nos enteramos todos, por radio, de las imputaciones que pesan sobre sus encausados, y aún sobre los meros sospechosos.



Si bien la Justicia argentina tiene otros émulos de Chaplin -como Faggionato Márquez, un ejemplo entre varios- Oyarbide no solamente se permite hacer reír y llorar a sus conciudadanos, sino que desafía abiertamente a la Ley y al sentido común, amén de hacerlo con la sociedad toda.



El fallo mediante el cual sobreseyó a la parejita imperial de las imputaciones por enriquecimiento ilícito en el año 2008 -respaldado, por omisión, por el Fiscal y por la FIA- no es, precisamente, una pieza jurídica de la cual el pequeño juez pueda enorgullecerse. Antes bien, hubiera debido llamarse a silencio, y tratar de evitar, cultivando el bajo perfil, que cuando los vientos legislativos cambien de cuadrante, lo transformen en uno de los primeros en caer bajo la jurisdicción de un Consejo de la Magistratura serio, honesto e independiente.



Sin embargo, ayer don Norbertito nos regaló algunas frases que pasarán a la historia pequeña de nuestro devaluadísimo Poder Judicial. No solamente se permitió retar a la sociedad a hacerle un juicio político, si se atreve, sino que mintió descaradamente.



La resolución que dejó -casi- fuera de posibilidad de investigación concienzuda el patrimonio del matrimonio hasta enero de 2009 se basó, exclusivamente, en un dictamen de contadores integrantes, hasta ese momento, del Cuerpo de Peritos Judiciales de la Corte Suprema de la Nación.



Dijo Oyarbide a las radios que, habiendo recibido ese informe del "cuerpo de peritos más prestigioso del país . si los peritos estampan su "firma, yo debo acatar porque solicité el informe" (sic).



Estas frases contienes, obviamente, dos flagrante falsedad. En primer término, el prestigio invocado no existe, toda vez que la propia Corte Suprema desvinculó, hace pocos días, al contador Peralta, su decano, y en la práctica, intervino ese Cuerpo.



En segundo lugar, porque en ningún lugar de nuestro ordenamiento legal se establece que un dictamen sea vinculante, esto es, de obligatoria verosimilitud para un juez.



Y, en este caso concreto, cuando las noticias acerca de la reunión mantenida entre los sabuesos de la AFIP y el contador de los Kirchner, don Manzanares (podridos), para "conciliar inconsistencias" en las declaraciones juradas de don Néstor y de doña Cristina, había tomado estado público, don Norbertito hubiera debido adoptar especiales cuidados. Pero, como se sabe, estaba demasiado ocupado vistiéndose de frac para asistir a la procesión religiosa salteña u organizando cumpleaños en el sauna de Colmegna. ¡Qué bajo hemos caído!



Es más, este descarado juececito, que tanto habla de causas en las cuales no avanza un milímetro, salvo que Olivos haya bajado el pulgar al encartado, hubiera debido fundar muy bien el razonamiento que lo llevó a dictar el sobreseimiento. Esto porque, como todos sabemos, se trata de un asunto que, por involucrar a la Presidente y a su marido, reviste todas las características de un escándalo público, que hubiera ameritado todas las explicaciones posibles e indispensables.



Lo que hizo don Norbertito fue como si, ante a las cámaras de televisión, con un cadáver y con un detenido in fraganti y muchos testigos alrededor, declarara la inocencia del acusado porque la madre del mismo dijo que era un buen muchacho.



Es cierto que, cada vez que lo necesita, Kircher exhuma carpetas (¡parecen inagotables!) de pasados episodios, algunos prostibularios, para controlar a quienes pudieran mostrar algún signo de rebelión y, a la vez, tienen la cola sucia, pero eso no implica que debamos soportar, de parte de quien debe impartir Justicia, una conducta como ésta.



Sólo una sociedad tan apática como la nuestra puede tolerar hechos como este sin reaccionar de modo alguno. En verdad, y como dijo Bertolt Brecht, somos cuarenta millones de analfabetos políticos, y don Néstor sabe aprovecharse muy bien de ello.



Esperemos, solamente, que esta estrella sea la exacta contracara de aquella que, en una noche como la de hoy, guió a los Reyes Magos a Belén.



Bs.As., 5 Ene 09



Enrique Guillermo Avogadro
Abogado

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