martes, 30 de octubre de 2007

ENTRAR POR LA VENTANA

Al inicio de la semana / Roberto Cachanosky
Los Kirchner y la maldición de entrar por la ventana

Ahora que se ha confirmado que no habrá segunda vuelta y que Cristina Fernández de Kirchner es la nueva presidenta electa de la Argentina, comienza el momento de tener que lidiar con la inflación, la crisis energética, las demandas salariales, la falta de inversiones, la inseguridad y demás problemas acumulados. Esperemos que sabiendo lo que falta, realmente sepa cómo hacerlo.


Comienzo a escribir esta nota a las 0.23 del lunes 29 y recién están contabilizadas el 38,54% de las mesas. Sin tener ni por casualidad estos escasos datos, Cristina Kirchner salió a declararse ganadora. Este solo dato muestra el grado de imprudencia con que se sigue manejando el oficialismo. Es más, en este momento la estratégica Provincia de Buenos Aires tiene cargados sólo el 11,17% de los datos y la Capital Federal muestra solamente el 26,31% de las mesas. Salvo que se tenga una certeza de los datos basada en actos no muy transparentes, a nadie se le hubiese ocurrido salir a decir que ya era el ganador. Pero bueno, si se truchan los datos de inflación, los números fiscales, de actividad económica y demás indicadores, ¿por qué no truchar una información que hace al manejo del poder? Dicho de otra manera, todavía se estaba votando y ya se habían declarado ganadores. Toda una curiosidad.

En lo formal, este fue el peor acto electoral desde 1983. Faltaban presidentes de mesas, se robaban las boletas de los partidos opositores, no se cargaban los datos en tiempo y hubo interminables colas para votar. En fin, algo propio de un país que se ríe de la democracia republicana y en el cual todo vale para mantener el poder.

¿Qué hicimos ayer los argentinos? Lejos de llevar a cabo un acto de democracia republicana, nos limitamos a emitir un voto, bajo un sistema trucho, para elegir a alguien que, dada la ausencia de límites al poder, va a manejarse de la misma forma que se manejaban las monarquías absolutistas.

Pero lo curioso de la Argentina es que la gente va y vota un día cada tanto para elegir autoridades, pero luego vota todos los días a través del mercado, ingresando o fugando capitales, huyendo de la moneda o reteniéndola dependiendo de las expectativas inflacionarias, invirtiendo o consumiendo su stock de capital. En definitiva, un día puede darle el voto a alguien y al día siguiente quitárselo en los hechos. En otros términos, ganar una elección no es el problema. El problema es mantenerse en el poder con políticas económicas inconsistentes. De esto pueden dar fe tanto Alfonsín como De la Rúa.

En lo que hace a los resultados, haber tenido un escaso 44% de los votos muestra una performance bastante pobre considerando que han aumentado el gasto público un 50% en el año sin ningún tipo de control, distorsionado los precios relativos hasta la locura y mantenido las tarifas de los servicios públicos en base a subsidios. En definitiva, han dispuesto de los fondos públicos a su antojo y no lograron superar el 50% de adhesiones de los votantes o si se prefiere, aún con todo este manejo económico, tuvieron en contra al 56 o 57 por ciento de la población.

Quiero suponer que más allá de la audacia para declararse ganadora antes de tener un mínimo de información, Cristina Kirchner debe haber tomado debida nota de la pobre elección que logró. Puede disfrazar el resultado marcando la diferencia con el segundo, pero en su fuero íntimo sabe que la mayoría de la población no la acompañó y que, en ese contexto de mayoría en contra, tendrá que lidiar con la herencia que le dejó su marido.

Mientras todo este simulacro de democracia ocurre, en muchas estaciones de servicio sube el precio de los combustibles y no se aceptan tarjetas de crédito para pagar la nafta. Las dos caras de la Argentina. Una la de la lucha por mantener el poder a toda costa. Otra, la realidad de todos los días que debe afrontar cada uno de nosotros.

El oficialismo utilizó todas las herramientas que tuvo a su disposición para obtener la primera minoría, zafar de la segunda vuelta y seguir en gobernando.

Viene ahora el momento de tener que lidiar con la inflación, la crisis energética, las demandas salariales, la falta de inversiones, la inseguridad y demás problemas.

A Isabel Perón la salvaron los militares en 1976. Esa posibilidad no existe para Cristina Kirchner. ¿Quién la salvará de la herencia que le dejó su marido?

Como dato a considerar, CFK ganó las elecciones con el menor porcentaje que obtuvieron todos sus antecesores desde 1983. Es decir, hasta ahora todos los presidentes electos, salvo su marido, sacaron porcentajes significativamente mayores que ella. Pareciera ser que para los Kirchner es imposible romper la maldición de tener que entrar por la ventana a la Casa Rosada, porque ni el 44% está confirmado. A medida que se van cargando más datos CFK sigue bajando hacia el 43% alejándose del 46% del boca de urna que le daban los medios a las 19.00 hs. y sobre el cual todos los analistas hacían sus análisis para decir que con semejante porcentaje era imposible que hubiese habido fraude.

En síntesis: Se terminó el show, Cristina festejó y ahora llega el momento de tener que enfrentar la cruda realidad. © www.economiaparatodos.com.ar

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