sábado, 27 de septiembre de 2008

DESCALABRO

Opinión
Alejandro Peña Esclusa
Noticiero Digital

Mensaje urgente a la nación

La crisis monetaria, financiera, bancaria, bursátil e inmobiliaria que se avecina es probablemente la más grande que jamás haya experimentado la humanidad en toda su historia. Los síntomas iniciales –la quiebra de Lehman Brothers, Fannie Mae, y Freddie Mac– constituyen apenas la punta del gigantesco iceberg.

Los orígenes de la crisis se remontan a la década de los setenta, cuando se acordó desvincular el dólar del patrón oro y autorizar la emisión de papeles sin respaldo en bienes tangibles. Durante más de cuarenta años, se ha estado emitiendo moneda, papeles, acciones, bonos, e instrumentos financieros de todo tipo, sin una contrapartida en la producción real.

El supuesto "rescate", que consiste en inyectarle 700 mil millones de dólares al sistema, equivale a echarle unas cuantas gotas de agua a un sartén hirviendo. Quizá sirva para postergar el colapso, pero no para impedirlo.

Cuando estalla una burbuja como ésta, los bancos se derrumban, las acciones pierden su valor, el papel moneda se hace añicos, los bienes inmuebles se devalúan, y lo único que queda en pie es la producción real de bienes tangibles, particularmente el sector de alimentos.

Chávez se alegra con esta crisis, pensando que significa el fin del capitalismo. Pero durante los diez años que lleva gobernando no ha hecho nada para proteger a Venezuela –y a su propio gobierno– del colapso; más bien ha hecho todo lo contrario, porque ha venido destruyendo las capacidades productivas de la nación y dilapidando nuestros recursos en una absurda utopía revolucionaria. Además, se ha enemistado con nuestros aliados tradicionales, los que podrían ayudarnos en una crisis; aliándose con gobiernos forajidos, con el castro-comunismo, con las FARC, y con el fundamentalismo islámico.

El derrumbe afectará profundamente a los venezolanos, no solamente por la baja en los precios y en la demanda del petróleo, sino porque nuestro sistema financiero y nuestros bancos –e incluso casi todos nuestros ahorros– están íntimamente relacionados con Estados Unidos y Europa, epicentros de la crisis.

Para enfrentar el tsunami financiero que se avecina, urge convocar a un gobierno de unidad nacional, conformado por los hombres y mujeres más capacitados profesional y moralmente, cuyo objetivo inmediato sea incrementar al máximo las capacidades productivas de la nación: reactivar la agricultura y la ganadería, abrir las industrias que se han cerrado y crear nuevas, reparar el daño que se le ha hecho a Pdvsa y construir grandes obras de infraestructura. En fin, llevar a cabo el equivalente de un Plan Marshall, pero en el ámbito nacional.

Chávez ya le hecho bastante daño a la nación. No podemos permitir que siga manejando nuestro barco en las aguas turbulentas que se avizoran. De no actuar pronto, el descalabro será mayúsculo.

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