
Candidato patagónico, con domicilio en Olivos
Por Fenando Gonzalez, director periodístico
El 10 de diciembre de 2007, mientras Cristina se probaba la ropa para la asunción presidencial, Néstor Kirchner le decía a un ministro de su confianza que creía que las cosas se podían complicar para 2009 y no descartaba que él mismo tuviera que ser el candidato en la provincia de Buenos Aires. El funcionario kirchnerista sospechaba que lo estaba cargando. Pero el ex presidente le contó al oído su plan.
Le pediría al entonces senador reemplazante de su esposa, Eric Calcagno, que renunciara a su banca y llamaría a elecciones para completar el terceto de legisladores bonaerenses para la Cámara Alta.
— ¿Y qué domicilio vas a poner?— le preguntó el ingenuo colaborador.
— Olivos, boludo..., si yo vivo en la Quinta de Olivos desde hace cuatro años.
Kirchner se reía y el ministro lo acompañó canchero en la risa, creyendo que todo se trataba de una gran broma. Pero el humor no tiene lugar en el universo kirchnerista.
Ayer, en el distrito bonaerense de José C. Paz, Kirchner puso en marcha la maquinaria electoral del oficialismo para poder conseguir una victoria en los comicios decisivos de octubre. Y no dejará herramienta sin usar para conseguir el objetivo. Ya empezó a distribuir un millonario plan de obra pública para favorecer a los intendentes que lo respalden. Ha hecho correr la voz de sanguinarias venganzas para aquellos que le jueguen en contra. Y utilizará el argumento de su candidatura para convencer a los peronistas bonaerenses que tengan dudas sobre el lado en el que habrá que estar a la hora de las urnas.
Ya no habla de ser candidato a senador, porque la “operación Calcagno” sería complicada pero no tiene ningún prurito en ser el primer candidato a diputado nacional por la lista oficialista. Cree que así serán muy pocos los que se animen a cruzar el charco que va desde el pejotismo K al antikirchnerismo. ¿Y qué domicilio bonaerense dará el santacruceño Kirchner? La respuesta del ex presidente a los que le preguntan sigue siendo la misma: “Olivos, boludo...”.
La estrategia la tiene muy clara. Concentrar el esfuerzo electoral en los municipios más pobres del primer y, sobre todo, del segundo cordón del Gran Buenos Aires. Allí donde cree que conserva la simpatía de los sectores sociales más castigados por la crisis y donde cree que no penetra el sentimiento antikirchnerista que creció con el conflicto agropecuario, el desborde institucional y los tarifazos en los servicios públicos y privados.
Todos los días, al levantarse, Kirchner lee encuestas que le informan sobre sus posibilidades de derrotar a una oposición todavía muy dispersa. Si tiene una mínima chance de ganar, irá por el desafío y será el candidato que buscará salvar la ropa de la deshilachada gestión de Cristina.
Fernando Gonzalez, director periodístico
cronista.com



















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