miércoles, 20 de mayo de 2009

PERAS O MANZANAS


La Nueva Provincia


¿Son peras o manzanas?

por Hugo Grimaldi / DyN


"Si no hubiéramos tenido estos fondos, la suerte de la Argentina hoy sería otra", dijo el ministro Florencio Randazzo (Interior), tras las referencias de Cristina Fernández sobre el valor determinante que su gobierno asigna a los aportes jubilatorios que antes iban a las AFJP.
La conclusión más sencilla que podría extraerse sería endilgar al funcionario la admisión de la crisis y la perentoria necesidad de manotear los fondos previsionales del sistema privado para paliarla. Parece excesivo, aunque a confesión de parte...
Lo que surge más notoriamente de sus dichos, sin embargo, es que resulta imposible creer que, después de seis años corridos de crecimiento, la suerte del país haya quedado atada a una suma que representa, en todo caso, cerca de 10% del PBI vernáculo (monto del traspaso al Estado de los aportes jubilatorios en el ámbito privado).
Una lectura más ajustada, quizás, sea que las autoridades no se animan a reconocer de una vez que --durante el último año, sobre todo-- se gastó demasiado y no del modo más eficiente y que, por eso, se necesita echar mano al salvavidas.
Más allá del sinceramiento de Randazzo, no puede dejar de mencionarse que cuando se dice ligeramente que los fondos de las AFJP no se aplicaban al sector productivo o que había U$S 1.245 millones en el exterior --y se desliza que eso sucedía por una maldad intrínseca de los privados-- aparecen dos inconsistencias evidentes:
* Nadie puede desconocer que la cartera de inversiones y sus topes estaban digitados por una Superintendencia estatal que respondía al gobierno y que éste fue quien determinó las pautas a seguir. En esos permisos se inscriben el porcentaje de fondos a derivar a la economía real (sobre el 1% que se había pautado como tope, las AFJP habían llegado a 0,6%) y la tan criticada colocación de dinero en el exterior (apenas 6,42% del total).
* Los fondos de las cuentas individuales de entonces tenían como objetivo maximizar las utilidades de los futuros jubilados (ahorros) y no un propósito fiscal, como ahora persigue la Anses.
Como son dos cosas distintas, la comparación está dada entre peras y manzanas. No se hace otra cosa que confundir conceptos o encubrir el efecto pobreza que sufrieron los aportantes de las AFJP, deterioro que ya se materializaba antes de que la crisis desembarcara en estas playas.
Cuando Cristina Fernández marca como algo filosófico que éste es un régimen solidario y no individual afirma, con razón, que cada uno no tiene derecho a saber cuánto lleva acumulado. Todo va a un pozo común.
Este razonamiento no impide que la Anses no transparente, de modo más amplio, las operaciones efectuadas, muchas a tasa negativa con respecto a la inflación, aunque --éste es el argumento oficial de defensa-- con un probable impacto social que compensaría el deterioro financiero.
Y un dato más. Cuando las AFJP entregaron sus activos al Estado le traspasaron el 57% de su cartera en títulos públicos, emitidos por el Tesoro o el Banco Central. Todo indica que esa proporción se amplió a 62,4%, guarismo que incluye, además, la consolidación de deudas hasta 2016, digitada entre gallos y medianoche hace un par de semanas.

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