miércoles, 20 de mayo de 2009

JUBILADOS AL SOCORRO


Río Negro - 20-May-09 - Opinión

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Editorial



El gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y su marido procuró justificar la estatización de los fondos de jubilación privados atribuyéndola a su voluntad de salvar a los ancianos de los caprichos despiadados de los mercados financieros, planteo éste que el grueso de la clase política aprobó con entusiasmo, pero parecería que sus integrantes ya olvidaron el compromiso así supuesto. Aunque según la ley, que fue cohonestada por los legisladores, los recursos de la Anses deberían dedicarse sobre todo a la seguridad social, el gobierno ha optado por usarlos para rescatar a empresas privadas en dificultades sin que nadie, con la excepción de los funcionarios a cargo del organismo, se haya preocupado por mantener debidamente informada a la ciudadanía sobre el destino de los muchos millones de pesos que están repartiéndose. La primera empresa que se ha visto beneficiada por la largueza de los jubilados ha resultado ser la Papelera Massuh, ya rebautizada la Papelera Quilmes, la que en adelante será manejada por el secretario de Comercio, Guillermo Moreno, nada menos, pero nadie supone que será la última. Según se informa, hacen cola frente a la ventanilla de la Anses las empresas automotrices, cuyas necesidades crecen día tras día, y las del cuero. Pronto habrá muchas más cuyos directivos intenten aprovechar sus vínculos con miembros presuntamente influyentes del gobierno para conseguir los fondos que precisan para mantenerse en carrera. Conforme a los voceros oficiales, la prioridad consiste en impedir la desaparición de fuentes de trabajo, ya que si todo quedara en manos del mercado habría una marejada de despidos masivos. Es de prever, pues, que en las semanas próximas muchos establecimientos se afirmen al borde de la bancarrota con la esperanza de que el Estado intervenga para salvarlos.

Los fondos jubilatorios, tanto los estatales como los privados, siempre han constituido un botín irresistible para gobiernos en apuros financieros, es decir, para virtualmente todos, de suerte que no es del todo sorprendente que el de los Kirchner haya reaccionado frente al agotamiento de su "modelo" apoderándose de las AFJP, medida que al destruir el mercado de capitales local desató la fuga de miles de millones de dólares, para después hacer de la Anses enriquecida una nueva versión de su tristemente célebre "caja". Según el titular, Amado Boudou, a diferencia de las AFJP, la entidad que encabeza usa el dinero para financiar "la economía real" sin despilfarrarlo en inversiones financieras especulativas, pero esto no quiere decir que los jubilados actuales y futuros estarán entre los beneficiados por su olfato estratégico. Por desgracia, lo más probable es que el gobierno gaste cantidades inmensas de dinero en tratar de mantener con vida a empresas que de otro modo se hundirían por la razón muy sencilla de que han dejado de ser viables. Por cierto, el que funcionarios como Moreno hayan asumido la responsabilidad de administrar empresas antes privadas no contribuye a difundir optimismo sobre las perspectivas ante la economía nacional. Por el contrario, hace temer que nos depare un período prolongado de estancamiento en que una proporción creciente de decisiones empresarias se inspire en criterios políticos o, si se prefiere, sociales.

Desde hace décadas los jubilados son víctimas de una estafa cruel perpetrada por políticos que han sabido asegurarse contra los riesgos enfrentados por los mortales comunes. No hay motivos para suponer que la realidad así supuesta esté por modificarse. El dinero que se ha ahorrado so pretexto de que será usado para que todos, tanto los que siempre han contribuido al sistema como aquellos que nunca han aportado un solo centavo, gocen de una vejez digna, está a la merced de políticos, empresarios cortesanos y los sindicalistas que festejan nacionalizaciones que a su juicio sirven para defender las fuentes de trabajo. Es imposible prever cómo terminará este capítulo de una historia ya muy larga, pero por lo menos una cosa es segura: con muy escasas excepciones, los jubilados del próximo futuro estarán entre los perdedores puesto que su eventual bienestar no se encuentra entre las prioridades de un elenco gubernamental que está más interesado en las elecciones del mes que viene que en lo que pueda suceder en los años siguientes.

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