viernes, 17 de junio de 2011

URUGUAYO BECADO


ESTUDIANTINA KIRCHNERISTA EN LA PLATA
El cuestionado Víctor Hugo le entregó el premio Walsh a la clientelar Hebe

Luego del premio Rodolfo Walsh concedido al censor bolivariano Hugo Chávez Frías, es difícil que la Facultad de Periodismo de la Universidad Nacional de La Plata sorprenda con sus preferencias políticas. Sin embargo, resultó curioso el galardón entregado ahora a Hebe Pastor de Bonafini, en medio del escándalo por fraude al Estado realizado por la Fundación Universidad Madres de Plaza de Mayo.

por EDGAR MAINHARD

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). El locutor-periodista uruguayo Víctor Hugo Morales presentó a Hebe Pastor de Bonafini, cubriéndola de elogios a la vez que acusó al periodismo profesional de cierta complicidad con el Proceso de Reorganización Nacional 1976-1983.

Morales -protagonista horas atrás de una polémica porque el periodista Luis Majul escribió acerca de conductas reñidas con la ética que tendría el famoso relator deportivo, kirchnerista de la 3ra. hora- presentó a Bonafini, a quien un par de semanas atrás entrevistó por Canal 9 y antes lo hizo por radio AM Continental.

Morales llevó a Bonafini a la TV porque cuando la entrevistó en la radio, el día del inicio del escándalo sobre fraude al Estado de parte de la Fundación Universidad Madres de Plaza de Mayo, nada le preguntó acerca de una noticia que era tema del día en cualquier agenda periodística. Sus propios oyentes le reclamaron por la omisión.

En esa ocasión, que ocurrió hace apenas un par de semanas, no en 1976, Morales se autocensuró ante quien elogió en La Plata. Por eso, su ponderación de Bonafini resultó frívola porque él demostró en reiteradas ocasiones no solamente una extraordinaria simpatía por Bonafini sino un silencio llamativo ante los problemas de ella, algo que contrastó con la libertad de expresión, la valentía y otras virtudes que pretendió imponerle al curriculum-vitae de la polémica mujer premiada.

Ese mismo Víctor Hugo Morales que incumplió su deber como periodista cuando decidió no preguntarle a Bonafini desde los micrófonos de Continental, resulta que ahora pretendió, desde el atril de la Facultad, explicar qué es lo correcto en el periodismo, alentó a los jóvenes universitarios presentes a nunca callar en la búsqueda de la verdad y fustigó a cientos de periodistas profesionales por una supuesta conducta reprochable durante el gobierno de facto de la Junta Militar.

En verdad, Víctor Hugo Morales es un buen relator deportivo que luego intentó incorporar alguna cultura general que, por su locuacidad, le abrió nuevas oportunidades en su carrera laboral. Pero él carece de capacidad crítica y menos autocrítica. Y termina embarrado con el gobierno de turno, tal como le ocurrió a quien fue su antecesor, José María Muñoz.

Morales pretende que la historia de los años de plomo se escriba como una cruzada entre buenos vs. malos, una crónica de redenciones posibles, de blancos vs. negros, cuando ese análisis es incorrecto porque fue una tragedia abundante en grises.

Al menos, Morales debería fundamentar su punto de vista porque no es el dueño de ninguna verdad, justo él que tantas veces mencionó la palabra "verdad" durante su presentación de Bonafini, atribuyéndosela a ella.

Para quienes vivieron los años de plomo, Morales quedó como un ignorante. O un fantasioso. O un hipócrita. O un militante kirchnerista pero nunca como un profesional de la comunicación.

Y sus frases acerca de qué ocurre "cuando callamos la verdad" perdieron significado para convertirse en, apenas, una gacetilla de prensa leidas por un pomposo orador enfermo de fatuidad.

Después de Víctor Hugo Morales llegó Hebe Pastor de Bonafini, a quien su presentador consideró "persona superior", "dulcísima mujer que puede hablar desde la ternura y la transparencia" y "topadora como nunca existirá otra igual", hoy envuelta en un proceso judicial sobre turbios manejos de dinero de los contribuyentes.

Es obvio que el premio fue decidido para darle cobertura a Bonafini cuando ella pierde credibilidad y podría ser investigada como integrante del fraude cometido desde su Fundación contra el Estado Nacional, en el marco del programa de construcción de viviendas Sueños Compartidos.

Obviamente que Morales ni mencionó el motivo por el que Bonafini es un personaje de moda en las noticias.

Sí distribuyó elogios a Rodolfo Walsh como periodista sin preguntarse si Walsh era periodista y montonero o montonero y luego periodista. En cualquier caso, cuando él murió era el jefe de Inteligencia de una organización terrorista llamada Montoneros.

Hebe de Bonafini habló menos que Víctor Hugo Morales, aunque su objetivo quedó en evidencia apenas arrancó: "He descubierto todo lo que hice por todo lo que escriben", un intento de sostener que ella es atacada por su tarea cuando lo que ocurre es que la Fundación Madres de Plaza de Mayo cometió un fraude y deberá determinarse quiénes son los responsables del delito. Según ella, es consecuencia de la persona en quien delegó la administración de la Fundación, Sergio Schoklender. Pero el tema se encuentra en el ámbito judicial y Bonafini no se encuentra exenta de sospechas de complicidad.

Según Bonafini, si pudiera volver a vivir "recorrería el mismo camino, orgullosa de haber tenido los hijos que tuve" (en verdad, lo de repetir la historia habría que preguntárselo a sus hijos ya que ella inició su militancia luego de que ellos fueron detenidos-desaparecidos. ¿Volverían a elegir ser detenidos-desaparecidos? Ella expuso su punto de vista gracias a que se encuentra con vida pero sus hijos no están para opinar porque están muertos. Es muy injusto, hacia quienes no están, opinar sobre los que no pueden hacerlo).

Decidida a participar del acto político organizado para su lucimiento personal, Bonafini ponderó a Víctor Hugo, les dijo a los universitarios militantes presentes que no basta con aplaudirlo sino que hay que imitarlo y también a Néstor (Kirchner, se supone).

Acerca del ex Presidente -quien ayudó a financiar desde el Estado la organización clientelar ahora bajo doble investigación judicial-, Bonafini dijo: "Quienes amamos la revolución lo amamos a él porque él encarnaba la revolución".

Esa idea de Kirchner revolucionario es una falta de respeto a cualquier proceso revolucionario. Probablemente Kirchner haya intentado ser un reformista pero nunca fue un revolucionario. Y su pasado santacruceño lo identifica más bien con un conservadorismo popular, origen de todo peronista, no con un partidario de cambios profundos y radicales.

De hecho Kirchner ni modificó el sistema bancario ni la propiedad de la tierra ni la propiedad del capital, ¿a qué le llamará revolucionario Hebe de Bonafini? ¿Al impulsor de Electroingeniería, Austral Construcciones y otras muchas empresas contratistas del Estado? ¿Al financista de Sergio Szpolski?

Pero hubo algo aún más grave en el discurso de Bonafini: ella les dijo a los universitarios militantes presentes que debían crear radios, canales de televisión, medios de comunicación desde donde propagar sus consignas.

¿Cómo se pagarían esos medios? Con dinero del Estado, igual que la Fundación Madres de Plaza de Mayo ahora investigada y, probablemente, en breve intervenida.

Así, el ejemplo expuso a la Bonafini clientelar, demandante de la teta del Estado, ausente de respeto hacia los contribuyentes, imponiendo siempre el subsidio en nombre de la causa política, mecanismo por el cual le ocurrió su infortunio presente.

Bonafini es circular: ella estaba recibiendo un homenaje para librarla del bochorno y en ese momento aconsejaba repetir el motivo del bochorno. Increíble.

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