viernes, 27 de junio de 2008

OBSTINACIÓN

Publicada 26/06/2008
Política Nacional / Alejandro Sala
Retenciones móviles: el porqué de tanta obstinación

La fijación de las retenciones móviles a las exportaciones agropecuarias fueron –sin perjuicio de cualquier otra consideración de cualquier naturaleza- un grave error de cálculo político. Néstor Kirchner creyó que la oposición a la medida sería tibia y que, más allá de algunas declaraciones periodísticas críticas por parte de los dirigentes ruralistas, todo seguiría su curso sin mayores sobresaltos. Hasta ahora, siempre había sido así. ¿Por qué esta vez habría de ser diferente?

La firme oposición de los ruralistas a las retenciones móviles tomó al gobierno completamente por sorpresa. La posibilidad de que sucediera lo que está ocurriendo no figuraba en los cálculos de Kirchner y si alguien lo hubiera planteado en las cercanías del poder, hubiese sido fulminado como un traidor. Los hechos están demostrando, de manera inequívoca, que la sanción del decreto que estableció las retenciones móviles fue una completa imprudencia. El problema radica en que la defensa de la iniciativa por parte del gobierno ha sido tan tenaz, que ahora resulta prácticamente imposible dar marcha atrás sin quedar en una posición muy desairada.

Quizá –permitámonos una humorada- la solución sería que Cristina Fernández se divorcie de su marido, de modo que, en tal caso, la Presidenta podría presentar ante el país la derogación del decreto 125 (el que establece las retenciones móviles) como una de las causales de la separación.

Lo cierto es que el gobierno se ha colocado en una posición prácticamente sin salida. La pregunta que cabe formularnos es la siguiente: ¿por qué sucedió esto, en virtud de qué llegamos a esta situación? La respuesta es que Kirchner priorizó su concepción ideológica por sobre las señales de la realidad. Kirchner aspira a concretar sus sueños juveniles de instituir la “patria socialista” que los montoneros procuraron establecer por medio de las armas hace más de 30 años. Han cambiado los métodos pero no los objetivos.

Pero las realidades tanto mundial como nacional son diferentes. Algunos en el mundo lo han entendido así. Felipe González, Lula, los socialistas chilenos, Alan García, etc. tienen clara la situación. Kirchner, en cambio, está anclado en el pasado, no entiende que la Guerra Fría terminó con la victoria de Estados Unidos sobre el comunismo y que el mundo entero ha adoptado el capitalismo. La pretensión de apropiarse, por medio de las retenciones, de la renta agropecuaria, forma parte de ese arcaico universo conceptual.

¿Tiene solución el conflicto entre el kirchnerismo y los ruralistas? La solución sería que el gobierno anule el decreto que estableció las retenciones móviles pero la dificultad para que esto suceda es que semejante decisión implica abandonar el motivo por el cual Kirchner y su esposa aspiraban a ocupar la presidencia. Para Kirchner, la derogación de ese decreto equivale a sufrir una derrota absoluta. Por lo tanto, no es probable que acceda bajo ningún motivo a tomar esa decisión. La derogación del decreto y su muerte política son, para Kirchner, la misma cosa. No hay vida política para el kirchnerismo si se ve obligado a anular las retenciones móviles.

Pero como tampoco hay vida para los ruralistas si ese decreto permanece vigente porque no tiene sentido invertir y asumir riesgos empresariales si las ganancias van a quedar en poder del estado, la situación no tiene solución en tanto no suceda una de estas dos alternativas: 1) el alejamiento del kirchnerismo del gobierno; 2) la estatización de todas las superficies cultivables del país...

Es posible que estas dos alternativas parezcan muy extremas pero, en realidad, es así como está planteado el problema, no por decisión de los productores agropecuarios sino por la visión que el kichnerismo tiene de la realidad, que deriva irremediablemente en este tipo de extremismos.

Estamos ante un problema verdaderamente difícil aunque, bien mirado, era lógico que pasara de algún modo y en algún momento. La superación de este conflicto traerá aparejada, presumiblemente, la liquidación definitiva de las secuelas de los conflictos de la década del ’70. Esta era una “asignatura pendiente” para nuestro país.

Como la estatización generalizada de las superficies cultivables del país es algo absolutamente impensable (no existe en el país la fuerza material en condiciones de realizar semejante disparate porque la Gendarmería ni siquiera es capaz de despejar una ruta, además de que esa sería una medida que sí derivaría en la desestabilización inmediata del gobierno) el conflicto con el campo sólo tiene solución a la vista con el alejamiento del kirchnerismo del gobierno. Sin embargo, esto no es factible a corto plazo. Cristina Kirchner fue electa en forma irreprochablemente legítima y no es lógico promover su destitución porque semejante medida es contraria al orden constitucional. Por lo tanto, la situación está en “punto muerto” y, más allá de que la imagen del gobierno continúa cayendo y su crédito político va decreciendo, no cabe esperar que el kirchnerismo flexibilice su posición. Es lógico suponer que esto tendrá un muy alto costo para el kirchnerismo en las elecciones legislativas del año próximo. Quizá una derrota categórica en esa instancia legitime –como sucedió con el traspié de Fernando De la Rúa en las elecciones de 2001- algún tipo de desarticulación de la actual estructura gubernamental. Por el momento, ése es el horizonte más nítido que se vislumbra. © www.economiaparatodos.com.ar
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