viernes, 3 de octubre de 2008

CRISIS ANUNCIADA

Una crisis anunciada
IGNACIO SOTELO 03/10/2008
Sabíamos que antes o después llegaría la crisis, pero, como la muerte, nos
pilla siempre de improviso. Keynes ya puso en tela de juicio que el mercado
por sí pueda conseguir el equilibrio entre oferta y demanda, tal como a
principios del siglo XIX había defendido J. B. Say. El fin del laisser faire
se vio corroborado por la crisis de los treinta, experiencia que acabada la
II Guerra Mundial dominó la política económica en un largo período de
crecimiento y pleno empleo hasta que en 1973 la guerra árabe-israelí
cuadriplicó el precio del petróleo. La conjunción de recesión, inflación y
desempleo significó el fin del keynesianismo y la inauguración de una nueva
época, que bien cabría poner bajo la advocación de Milton Friedman.
Acaba una época, pero nadie está en condiciones de vaticinar los nuevos
rasgos de la que está empezando
Se volvió a creer a machamartillo en el mercado, limitando al máximo, no ya
la intervención del Estado para recuperar un equilibrio siempre precario,
sino que se renunció incluso a la regulación estatal que la mundialización
hacía por lo demás impracticable. Justo ahora que la crisis financiera ha
puesto punto final a toda una época, importa dejar constancia del enorme
crecimiento de estos últimos 30 años, alcanzado gracias a una economía
desregularizada y globalizada, pero también el alto precio que han pagado
los países más pobres y menos competitivos, así como amplios sectores
sociales de los países piloto, con salarios reales en descenso que han visto
tambalearse su principal baluarte, el Estado social.
Economistas ilustres y asociaciones progresistas anunciaron a bombo y
platillo los peligros que se ciernen con una desregularización generalizada,
que las crisis de los noventa en Asia y América Latina ya pusieron de
relieve. Pero, mientras que en una actividad se obtengan pingües beneficios,
nadie bien colocado está dispuesto a retirarse a causa de los riesgos.
Ningún pronóstico se toma en consideración, por bien fundamentado que esté,
si se opone a los intereses de los poderosos. Se desecha toda teoría
económica que los ponga en entredicho, por lo menos hasta que la crisis haya
adquirido tal tamaño que no quepa ignorarla por más tiempo.
Sabemos que acaba una época, pero nadie está en condiciones de vaticinar los
nuevos rasgos de la que está empezando. Cada crisis presenta caracteres
propios y conlleva consecuencias distintas de las que tuvieron las
anteriores. Sirve de poco subrayar coincidencias con la de los años treinta,
aunque aquella también empezase en Estados Unidos, arrastrando consigo a la
economía mundial. La principal diferencia que hemos de tener muy en cuenta
es que al estallar aquélla existía un modelo alternativo, el comunismo
soviético, y en Europa la opinión estaba dividida entre los que creían que
el capitalismo había llegado a su fin y los que estaban dispuestos a
defenderlo, aunque para ello fuese imprescindible demoler el Estado
democrático.
Si la crisis de los treinta polarizó la lucha social entre comunismo y
fascismo, después del fracaso rotundo del socialismo real, pocos se atreven
hoy a vincular la crisis con el capitalismo, ni mucho menos a prever su
pronta desaparición. Los mismos que postularon que el mercado se bastaba a
sí mismo son los encargados ahora de poner en marcha políticas estatales, es
decir, a cargo del erario, volviendo al viejo principio, consustancial con
el sistema, de que las ganancias son privilegio de unos pocos, pero las
pérdidas hay que cargarlas sobre las espaldas de todos.
Como no se percibe alternativa al sistema de producción existente, su
desplome se considera una catástrofe que habría que impedir a cualquier
precio. Cierto que el capitalismo se distingue por una enorme capacidad de
producir riqueza, pero también por depredar el planeta y, sobre todo, por
una desigualdad creciente que desmantela las estructuras sociales
establecidas. El mundo que resulte traerá consigo vencedores y vencidos,
pero no cambios sustanciales en el modo de producir y sobre todo de repartir
la riqueza. En todo caso, la peor secuela de la crisis de los treinta, la II
Guerra Mundial, estuvo en el origen de la hegemonía mundial de EE UU. Tal
vez sea prematuro identificar la crisis actual con el fin de la supremacía
estadounidense, pero son muchos los indicios en esta dirección.
Tampoco es verosímil que la actual crisis financiera sirva para que nos
movilicemos a tiempo ante otras amenazas a la vista, como una nueva
catástrofe en una central nuclear, o un enfrentamiento bélico con armas
atómicas, debido a la proliferación creciente de estas armas, cuando el
único remedio, por utópico que parezca, es la desnuclearización de las
grandes potencias atómicas. Thomas Hobbes ya advirtió de que se prohibirían
los libros de geometría, para el filósofo el único saber seguro, modelo de
todos los demás, si sus proposiciones resultasen contrarias a los intereses
de los potentados.
Las dudas sobre el rescate agravan la crisis financiera
Noticias de Wall Street Journal
Viernes 3 de octubre de 2008 |
Una avalancha de nuevas cifras sugiere que la crisis de crédito se está
intensificando en momentos en que los bancos e instituciones financieras
desconfían de la capacidad de pago de sus clientes.
En Estados Unidos y Europa, la incertidumbre acerca de la habilidad de los
gobiernos para lograr la aprobación de planes de rescate financiero siguió
arrastrando a los mercados de acciones y bonos. El jueves, la tasa de los
bonos del gobierno estadounidense que vencen en tres meses cayó a apenas
0,6%, lo que indica que los inversionistas están dispuestos a aceptar
retornos casi nulos con tal de evadir el riesgo.
El aspecto más preocupante de la crisis es la reticencia de las
instituciones financieras a conceder los préstamos básicos que son la sangre
que corre por el sistema financiero. La Reserva Federal de Estados Unidos
dijo el jueves que la situación empeoró la semana pasada. Sus datos muestran
que los bancos redujeron los créditos de corto plazo a las empresas en US$
94.900 millones, una cifra récord. El declive de las últimas cuatro semanas
asciende a los US$ 208.000 millones.
Estos créditos, conocidos como "papel comercial", tienen una extensión que
va desde unos pocos días a tres meses y son usados muy a menudo por empresas
de todos los rubros para financiar operaciones rutinarias, como el pago de
cuentas y remuneraciones. El mercado de papel comercial, que a mediados de
año llegó a los US$ 2,2 billones (millones de millones) ahora es de US$ 1,6
billones.
Esta semana, sin ir más lejos, el conglomerado General Electric Co.,
considerado desde hace mucho tiempo como una de las empresas más sólidas de
EE.UU., se vio obligado a recaudar miles de millones de dólares y aceptar
condiciones onerosas debido a la preocupación de los inversionistas sobre su
capacidad de pago.
Las preocupaciones acerca de la salud del sistema financiero estadounidense
provocaron una nueva caída del Promedio Industrial Dow Jones, que ayer
perdió 348,22 puntos, un 3,2%, para cerrar en 10.482,85 unidades. Las
bolsas, sin embargo, sólo ofrecen un cuadro parcial de la crisis que está
abatiendo a los mercados de deuda.
Los datos de la Fed mostraron que los bancos están haciendo préstamos de muy
corto plazo. Desde comienzos de septiembre, el monto de la deuda que debe
ser repagada entre un día y cuatro días casi se duplicó hasta llegar a US$
160.600 millones. La deuda que vence en más de 81 días, en cambio, cayó de
los US$ 13.500 millones de inicios de mes a US$ 1700 millones.
El valor de toda clase de préstamos y bonos se ha desplomado. Los precios de
los bonos de empresas con grado de inversión, consideradas más seguras,
cayeron 7% el mes pasado, mientras que los de las empresas que emiten bonos
chatarra (consideradas más riesgosas) registró en septiembre su mayor caída
en 20 años. Los rendimientos anuales de los bonos chatarra ahora superan el
14%, lo que sugiere que las empresas dispuestas a levantar capital de esta
manera tendrán que pagar un precio prohibitivo. Hace tres meses, el
rendimiento promedio era de 11 por ciento.
Los bancos también son renuentes a otorgar crédito a empresas consideradas
menos riesgosas. En general, la cantidad de dinero prestado a las empresas
cayó 40% en los primeros nueve meses del año para ubicarse en US$ 2,31
billones, según la consultora Dealogic.
El paquete de rescate que será sometido a votación en la Cámara de
Representantes busca resolver las dudas de los inversionistas al apuntalar a
muchos bancos en problemas. Sin embargo, las dudas de los inversionistas han
aumentando luego de que la Cámara rechazara una versión inicial del proyecto
de ley.
Esta semana el temor de los inversionistas se propagó a la industria
aseguradora. La acción de Hartford Financial, una de las mayores
aseguradoras estadounidenses, ha caído 54% en cuatro jornadas. A los
inversionistas les preocupan las pérdidas en la cartera de inversiones de la
compañía y su necesidad de efectivo, aunque ni la una ni la otra parecen
estar en niveles críticos.
Las acciones de empresas que se endeudan y luego prestan el dinero, como GE
y la emisora de tarjetas de crédito American Express, han sido vapuleadas
esta semana. Una de las preocupaciones es que los costos del financiamiento
para estas compañías serán tan altos que no conseguirán generar utilidades.
Muchos de los problemas radican en que las inversiones que, supuestamente,
eran tan seguras como el efectivo, no lo fueron. Debido a ello, los
inversionistas se han abalanzado sobre los instrumentos más seguros, como
bonos del Tesoro, para minimizar el riesgo de pérdidas.
Por Elizabeth Rappaport,
Serena Ng y Peter Lattman
El mercado, en caída libre
Viernes 3 de octubre de 2008 |
Por Naomi Klein
Para LA NACION
Sea cual fuere el verdadero significado de los acontecimientos de las
últimas semanas, nadie debe creer la altisonante afirmación de que la crisis
de los mercados simboliza la muerte de la ideología del "mercado libre". La
ideología del mercado libre siempre ha sido sierva de los intereses del
capital, y su presencia va y viene como la marea según sea útil a esos
intereses.
Durante épocas de bonanza, resulta provechoso predicar el laissez faire ,
porque la ausencia del gobierno permite que se inflen las burbujas
especulativas. Cuando esas burbujas estallan, la ideología se convierte en
un obstáculo y se sume en un letargo mientras el gran gobierno corre al
rescate.
Pero algo es seguro: la ideología regresará a todo galope en cuanto se
acaben los salvatajes. La enorme deuda pública que se está acumulando para
rescatar a los especuladores se convertirá entonces en parte de una crisis
presupuestaria global, que será la justificación de profundas reducciones de
los programas sociales y del renovado impulso de privatizar lo poco que
queda del sector público. También nos dirán que todas nuestras esperanzas de
un futuro verde son, lamentablemente, demasiado costosas.
Lo que no sabemos es cómo responderá el público. Tengamos en cuenta que, en
los Estados Unidos, todo el mundo menor de 40 años creció escuchando
permanentemente la consigna de que el gobierno no puede intervenir para
mejorar nuestras vidas, que el gobierno es el problema y no la solución, que
el laissez faire era la única opción. Ahora, de repente, vemos un gobierno
extremadamente activo, intensamente intervencionista, aparentemente
dispuesto a hacer lo que haga falta para salvar a los inversores de lo que
se han hecho a sí mismos.
Este espectáculo plantea necesariamente la pregunta: si el Estado puede
intervenir para salvar a las corporaciones que asumieron imprudentemente
riesgos temibles en el mercado inmobiliario, ¿por qué no puede intervenir
para impedir la inminente ejecución de las propiedades de millones de
estadounidenses?
En el mismo sentido, si se puede disponer al instante de 85.000 millones de
dólares para comprar el gigante de los seguros AIG, ¿por qué un servicio de
salud único y centralizado -que protegería a los estadounidenses de las
prácticas predatorias de las empresas de seguro de salud- se plantea como un
sueño inalcanzable? Y si cada vez más corporaciones necesitan los fondos de
los contribuyentes para no ir a la quiebra, ¿por qué los contribuyentes no
pueden plantear exigencias a cambio, como un tope máximo para los sueldos
ejecutivos y una garantía que los proteja del cierre de empleos? Ahora que
resulta claro que los gobiernos pueden actuar en épocas de crisis, les
resultará mucho más difícil alegar impotencia en el futuro.
Otro cambio potencial es el referido a las esperanzas del mercado respecto
de privatizaciones futuras.
Durante años, los bancos de inversión globales han presionado a los
políticos para que crearan dos nuevos mercados: uno procedente de la
privatización de las pensiones públicas y otro basado en una nueva tendencia
de privatizar o privatizar parcialmente caminos, puentes y sistemas
hídricos.
Estos dos sueños se han hecho ahora mucho más difíciles de vender: los
estadounidenses no están en momento de confiar una mayor cantidad de sus
valores individuales y colectivos a los imprudentes jugadores de Wall
Street, especialmente porque parece más que probable que los contribuyentes
serán quienes tengan que pagar para recuperar sus propios bienes y valores
cuando estalle la próxima burbuja.
Ahora, cuando ya se han descarrilado los debates de la Organización Mundial
del Comercio, esta crisis también podría servir como catalizador de un
enfoque radicalmente alternativo de la regulación de los mercados mundiales
y los sistemas financieros. Ya estamos viendo una tendencia a la "soberanía
alimentaria" en el mundo en desarrollo, en vez de dejar librado el acceso a
los alimentos a los caprichos de los comerciantes de materias primas. Esta
vez, quizás haya llegado finalmente el momento de ideas tales como gravar el
comercio, algo que obstaculizaría un poco la inversión especulativa, así
como otros controles globales del capital.
Y ahora que la nacionalización ya no es una mala palabra, las empresas
petroleras y de gas deberían cuidarse: alguien tiene que pagar por el cambio
hacia un futuro más verde, y lo más sensato es que los fondos salgan del
sector más redituable, que también es el más responsable de la crisis del
cambio climático. Eso, sin dudas, tiene mucho más sentido que la creación de
otra peligrosa burbuja en el comercio de carbono.
Pero la crisis actual exige cambios aún más profundos. El motivo por el que
se permitió que proliferaran estos préstamos basura no fue tan sólo que los
reguladores no entendieron los riesgos. Es porque tenemos un sistema
económico que evalúa nuestra salud colectiva basándose tan sólo en el
crecimiento del PBI. En tanto los préstamos basura impulsaron el crecimiento
económico, nuestros gobiernos los respaldaban activamente. Entonces, lo que
esta crisis realmente pone en cuestión es el compromiso inflexible con el
crecimiento a cualquier costo. Esta crisis debería impulsarnos a encontrar
una manera radicalmente distinta de evaluar la salud y el progreso de
nuestras sociedades.
Sin embargo, nada de todo esto ocurrirá si no se ejerce sobre los políticos
una enorme presión pública en este período clave. Y nada de presiones
amables, sino un regreso a las calles y a la clase de acción directa que
condujo al New Deal en la década de 1930. Sin eso, habrá tan sólo cambios
superficiales y un regreso, tan rápido como sea posible, a los negocios de
siempre.
Traducción: Mirta Rosenberg
Fuerte advertencia del FMI sobre EE.UU.
Viernes 3 de octubre de 2008 |
WASHINGTON.- En una declaración que aumentó el pesimismo sobre el futuro de
la economía mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI) advirtió ayer en
un informe que Estados Unidos se encamina a una recesión a causa de su
actual crisis financiera.
"Algunos aspectos de la situación actual en Estados Unidos se parecen a los
anteriores episodios de tensión financiera que estuvieron seguidos por
recesiones", indicó el FMI en el documento, titulado "Tensiones financieras
y desaceleraciones económicas", que compara la crisis financiera actual con
episodios similares ocurridos durante los últimos 30 años.
"La tormenta financiera que empezó a mediados del año pasado apunta ahora a
una crisis total", añadió, e indicó que la economía más poderosa del mundo
está "frente a la posibilidad real de una sustancial retracción".
La investigación, publicada como parte el informe bianual del "Panorama
Económico Mundial del FMI", comparó la crisis financiera actual con 113
episodios similares en 17 economías avanzadas a lo largo de 30 años.
"El actual episodio de tensión financiera puede ser considerado uno de los
más intensos para Estados Unidos y uno de los más generalizados, y afecta a
todos los países en la muestra", dijo el FMI.
"Ahora está claro que estamos viendo el impacto más peligroso sobre los
mercados desde los años 30, que plantea una gran amenaza para el crecimiento
global", dijo Charles Collyns, subdirector del departamento de investigación
del FMI.
Sin embargo, no todas las crisis financieras conducen a una desaceleración o
recesión, lo cual ocurrió sólo en la mitad de los casos estudiados, aclaró
el informe.
Pero cuando una desaceleración o recesión sigue a un período de tensión
financiera, y especialmente cuando la tensión es en el sector bancario, tal
como ocurre ahora, teóricamente la caída es más grave, dijo el FMI.
Para aliviar la situación, se requiere urgentemente restaurar la base de
capital de los bancos, dijo el organismo.
Agencias Reuters, AP y EFE
El derrumbe financiero ya afecta a industrias y empleos
Temen que el plan de rescate no logre revertir el impacto en la economía
real
Viernes 3 de octubre de 2008
NUEVA YORK.- En un primer momento se trató de una crisis que parecía afectar
sólo a las bolsas y a las grandes instituciones bancarias, pero que
resultaba lejana y difícil de comprender para los ciudadanos comunes. Sin
embargo, el derrumbe que comenzó hace poco más de dos semanas en Wall Street
ya empieza a tener graves consecuencias en la economía real y se convirtió
en una amenaza para industrias y puestos de trabajo de todo el mundo.
Mientras el Congreso norteamericano se prepara para votar el plan de rescate
de 700.000 millones de dólares, una serie de datos de Estados Unidos
divulgados ayer acrecentaron el temor a una recesión en Europa, y el
presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, dijo que la
economía estaba debilitándose, lo que abrió las puertas al primer recorte de
tasas de interés en cinco años.
Grandes empresarios, desde hoteleros hasta automotrices, advirtieron que la
crisis que comenzó en la bolsa neoyorquina estaba a punto de ingresar en una
fase muy peligrosa. "Hay miles, quizá cientos de miles de empleos que están
en juego sólo en nuestra compañía, y nosotros somos [un caso] típico", dijo
el jefe financiero de la cadena hotelera Marriott International Inc., Arne
Sorenson.
En la tradicional feria automotriz realizada en París, el Salón del
Automóvil, los directivos de las principales compañías coincidieron en que
la crisis en Estados Unidos y la desaceleración de la coyuntura frenó las
expectativas del sector. "El año 2009 será para nosotros un año muy duro",
dijo el presidente de Volkswagen, Martin Winterkorn.
El empresario se hizo eco, así, de la reciente pérdida de impulso del
mercado alemán: en septiembre se vendió un 1,5% menos de autos nuevos que en
el mismo mes del año pasado. De acuerdo con las estimaciones de la Industria
Automotriz Alemana, la crisis financiera ha provocado inseguridad en los
potenciales compradores.
En el mercado automotor estadounidense, el más grande del mundo, la fuerte
caída tomó dimensiones dramáticas. En septiembre, las ventas del sector se
desplomaron un 27% y se situaron por primera vez en 15 años por debajo del
millón de unidades.
En ese contexto, la principal preocupación en Estados Unidos es ahora que el
plan de rescate de 700.000 millones de dólares no sea capaz de estimular el
crecimiento económico. Los últimos reportes sobre el estado de la economía
norteamericana reflejaron una inquietante debilidad.
Un aumento inesperado de las solicitudes de subsidios por desempleo y una
caída en los pedidos de bienes industriales pusieron de manifiesto los
problemas que enfrenta la economía de Estados Unidos incluso si el Congreso
aprueba el rescate.
El gobierno dijo que el número de personas que buscan apoyo por desempleo se
incrementó la semana pasada y el total, que alcanza las 497.000 peticiones
de subsidios, representa el nivel más alto de los últimos siete años.
El Departamento de Comercio norteamericano informó que los pedidos a las
fábricas descendieron un 4% en agosto con respecto al mes anterior y
anteayer se conoció que la actividad manufacturera en septiembre estaba en
el nivel más bajo desde 2001.
Incertidumbre y debilidad
El mercado interpreta el informe del Departamento de Comercio sobre las
fábricas como un indicador de que la falta de créditos está afectando al
sector manufacturero. "La economía es lo que está alimentando esta
debilidad", dijo Subodh Kumar, estratega de inversiones globales de la firma
Subodh Kumar & Associates, de Toronto. "Creo que lo que está pasando es
que el foco de atención es la debilidad de la economía en varias áreas",
añadió.
Por eso, no fueron pocos los que advirtieron que el paquete de rescate
elaborado por la Casa Blanca no debe ser esperado como una cura milagrosa.
"Incluso si la ley es aprobada, los temores sobre el panorama económico
global continúan, por lo que los mercados financieros posiblemente no se
estabilicen", dijo Masamichi Adachi, economista de JP Morgan Securities en
Japón.
En México, los expertos consideraron ayer que el país "se tambalea" con la
crisis en Estados Unidos, con el que comercia el 90% de sus productos. El
desempleo subió, las empresas detuvieron sus planes, el gobierno frenó
licitaciones, bajaron las remesas de los inmigrantes y las exportaciones se
contrajeron. Ante este panorama, el gobierno prepara "medidas contingentes".
Agencias AP, AFP, EFE y Reuters
Los británicos temen que haya un "corralito" bancario
Viernes 3 de octubre de 2008 |
LONDRES (ANSA).- Tras un aumento en la demanda de clientes que buscan
ofertas más seguras para sus ahorros en medio de la crisis financiera que
sacude al mundo, el nacionalizado banco hipotecario Northern Rock anunció
ayer que había retirado del mercado varios de sus servicios de depósitos y
cuentas de ahorro, para garantizar que no haya abusos a la competitividad
del sector.
El interés de los británicos en Northern Rock se debe a que ésta es una de
las pocas instituciones financieras que garantiza el 100 por ciento de los
depósitos de sus ahorristas, ya que está financiada directamente por el
Tesoro británico. La entidad fue la primera víctima de las turbulencias
financieras, que desembocaron en su nacionalización, en febrero.
Ayer, el banco informó que registró un gran aumento en el número de personas
que buscaban abrir depósitos allí, debido a la incertidumbre financiera y al
temor a "corralitos" bancarios. Por tal motivo, decidió reducir en un 1,5
por ciento su parte en el mercado británico de depósitos al cliente.
La prensa local, por su parte, indicó que miles de ahorristas británicos
también intentaron trasladar su dinero a otras instituciones financieras
consideradas seguras.
En tal sentido, el Anglo Irish Bank comunicó haber registrado un gran número
de pedidos para abrir cuentas en ese banco, luego que el gobierno de Irlanda
prometió garantizar la totalidad de sus depósitos, así como también la de
otras cinco entidades financieras del país.
En Gran Bretaña, el gobierno garantiza las primeras 35.000 libras esterlinas
(62.000 dólares) de los depósitos, aunque esta semana el primer ministro
británico, Gordon Brown, prometió que planea aumentar ese límite a 50.000
libras (88.500 dólares).
La crisis financiera global / Visiones a ambos lados del Atlántico
Wall Street, bajo los efectos de un "shock tremendo"
Viernes 3 de octubre de 2008
Alejandro Rebossio
Por Alejandro Rebossio
Enviado especial
NUEVA YORK.- Desde el último piso, el 44°, de un edificio con entrada de
mármol blanco sobre Park Avenue, la nueva Wall Street, el argentino Demian
Reidel, que trabaja en un hedge fund (fondo de cobertura de inversiones de
riesgo), confiesa que no se sabe cómo terminará la crisis financiera
mundial. Reidel, de QFR Capital Management, no cree que sea el fin del
capitalismo, pero alerta respecto de que Main Street (como se llama a la
gente que está fuera de Wall Street porque en toda localidad estadounidense,
menos en Nueva York, la calle principal se llama de aquel modo) apenas está
comenzando a sentir el efecto del colapso crediticio.
-¿Cómo vive estos días en Wall Street?
-Es un shock tremendo. Hay retiro de fondos de bancos y hedge funds , pero
por ahora no tanto. Nunca nadie había vivido algo así, a menos que uno tenga
100 años y haya vivido en la Gran Depresión de los años 30.
-¿Y en Main Street?
-Aún no se siente tanto en la economía real porque los canales de
transmisión están pegando recién ahora. Es ahora cuando los bancos se caen,
el crédito se cae, aparecen malos datos del mercado laboral. Los problemas
de Wall Street, de las acciones, siempre se transmiten a Main Street. Pero
el problema no está en las acciones, sino en el mercado de crédito. Los
bancos se prestan a tasas altísimas por un día. Los inversores están
dispuestos a comprar a 101 dólares un bono del Tesoro que mañana les van a
pagar 100. Esto pasa cuando estás viendo que caen bancos, o los money
markets (mercados de dinero), que no es efectivo sino papeles comerciales de
corto plazo que todos los días te dan un poco de interés, no mucho, pero en
forma segura. Y un día hubo un problema con uno de los money markets y la
gente sacó menos de lo que había puesto.
-El rescate que votará la Cámara baja de EE.UU. eleva la garantía estatal de
depósitos de 100.000 a 250.000 dólares. ¿Esto no muestra más la debilidad
del sistema?
-La gente ya se avivó de la debilidad. Cayeron Lehman, Bear Stearns,
Wachovia, bancos regionales, pero los bancos comerciales en problemas han
sido comprados. La gente confía en bancos con reputación; hay más
transferencia de fondos que salida del sistema hacia bonos del Tesoro.
-¿Conoce gente que se quedó sin trabajo?
-Sí. A algunos los echaron hace más de un año, cuando empezó la crisis
subprime , y a otros en el último mes. Al principio conseguían reciclarse en
Wall Street. A mucha gente la van a rajar y no conseguirá trabajo por años.
-¿Ve diferencias con la crisis argentina de 2001?
-Primero, ésta es global. Segundo, no creo que en EE.UU. haya saqueos ni
asesinatos, pero esto sólo ha comenzado en Main Street. No creo que haya un
corralito, porque no hay una corrida sistémica aún. Pero si el Congreso no
aprueba el rescate, habrá un drama en el mercado. Hace dos semanas, el
rescate se anunció porque un día antes había habido una corrida contra los
money markets , lo que asustó al gobierno y a la Fed. EE.UU. es una economía
mucho más basada en el crédito que la Argentina y acá hubo casos de empresas
a las que no les fue fácil tomar crédito de corto plazo para pagar los
salarios, y tuvieron que pagar tasas del 10%, cuando lo normal sería el 2%.
-Algunos economistas comparan la crisis de Wall Street (Calle del Muro) con
la caída del Muro de Berlín y hablan del fin del capitalismo
-El capitalismo no se cayó. Es una afirmación infundada decir que vamos a ir
al trueque o al comunismo, pero va a haber más regulación en los mercados
financieros. Si querés que te ayude la Fed, tenés que aceptar sus
regulaciones. Por eso, Goldman Sachs y Morgan Stanley pidieron convertirse
en bancos comerciales. Y sobre los hedge funds se viene más presión
regulatoria.
-La Argentina, aislada financieramente del mundo, está preocupada por las
commodities .
-La caída de la actividad va a tener impacto negativo en las commodities .
Ya lo tiene, y esto afecta a la Argentina. Pero los precios siguen aún altos
y el petróleo está mucho más alto que hace un año, pese a la reciente caída
del barril. Además, el capital en el mundo es mucho más caro justo cuando la
Argentina necesita más financiamiento.
-¿Cómo bancos como Lehman dejaron de ser confiables?
-No es sólo problema de confianza sino también de liquidez y solvencia. El
problema está en las carteras de los bancos: nadie sabe el valor de los
activos. La Reserva Federal (Fed), ¿a qué precio va a pagar los activos en
el rescate? Va a poner 700.000 millones de dólares. Si paga alto los
activos, habrá un subsidio de los contribuyentes a los bancos. Si paga bajo,
caerán más bancos. Y no se sabe el valor de mercado, pero se presume que es
más bajo que el actual. Son activos inmobiliarios que cayeron fuerte, pero
aún están en niveles de 2004, cuando la gente tomaba mucho crédito, compraba
viviendas y después las hipotecaba. Cuando subieron las tasas de los
préstamos, debieron vender la vivienda o entraron en default, pero para los
bancos el costo de tomar una casa es altísimo. Los senior transfers eran
unos instrumentos derivados de hipotecas con calificación AAA o AA porque
era deuda diversificada en todas las regiones de EE.UU., pero ahora se ve
que no eran AAA.
-Si la Fed aplica más regulación, habrá menor riesgo y menores ganancias
entre ustedes.
-Sí, habrá menos apalancamiento (menos inversiones financiadas con crédito,
sin capital propio) y será más difícil generar plata tanto para los bancos
como para los hedge funds. Será más caro conseguir apalancamiento. Se supone
que los hedge funds pueden ganar cuando los mercados suben o bajan, pero
algunos han fallado con las bajas y va a haber, ya hay, salida de capitales
de estos fondos y distinción entre los que trabajan bien y mal. Esto se
agrega a la pérdida de valor de los activos que gestionan. Hay clientes
individuales que sacaron su dinero de los fondos y compraron bonos del
Tesoro. Hay gente que ha invertido en commodities, pero con el sacudón
global también están sufriendo.
-¿Quiénes ganan con la crisis?
-Acá hay pérdidas de riqueza en promedio, no es un juego de suma cero. Hay
algunos bancos considerados más fuertes que están ganando participación de
mercado porque reciben depósitos de bancos considerados débiles. Pero en
suma es muy negativo.

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