En donde estuvieres propone idénticas cosas a las que vieres
Estados Unidos y Europa sufren una crisis económica que se extenderá hasta convertirse en mundial. Por suerte Argentina está “blindada” y sus habitantes podrán finalmente, con Aldo Ferrer a la cabeza, “Vivir con lo nuestro”. Con lo suyo. Por lo que sus habitantes seguirán teniendo crédito a sesenta años para comprar casas y automóviles; comenzarán a construirse todos los trenes rápidos proyectados; se sancionará una ley que hará llover una vez por mes en Chaco; la inflación, la desocupación y el riesgo país serán negativos; el precio de la soja subirá por arriba de los mil dólares la tonelada y habrá que importar mano de obra “preferentemente europea” para paliar el faltante en el ámbito de la construcción. En esta situación de abundancia es seguro que podrá hacerse realidad un proyecto largamente dilatado, de nuestra autoría y que nos satisfizo hasta el empacho al habérselos presentado en su oportunidad a los lectores de CORREO DE BUENOS AIRES y a las autoridades nacionales: la construcción de un subterráneo hasta la Base Marambio con una derivación a la Isla de Pascua.
Gracias aparte, los agoreros de siempre (entre quienes rracionalmente nos congratula estar) intentaron por todos los medios desprestigiar la economía de gasto salvaje que implementaron los Kirchner desde el 2003. Decían esos agoreros de la necesidad de guardar para la época de vacas flacas, que una vez desatada la inflación era imposible de controlar y que la situación de bonanza local era producto del temporal alto precio mundial de lo productos primarios. Pero la clase dirigente argentina no es seria. Ni en los temas económicos ni en otros. ¿Y sus electores lo son? Con seguridad deben serlo porque la culpa siempre es de los demás. Eso dicen.
Esta semana es el turno de extraños y violentos asaltos a colectiveros en las tierras de Far West bonaerense. Decimos extraños porque ciertos episodios que suelen conmocionar a la opinión pública se dan por rachas: usurpaciones de campos, violaciones, motines en las cárceles, protestas en conjunto de docentes y oligarcas universitarios y secundarios, caídas de ascensores, peleas de ruleros de raros personajes rebosantes de siliconas. Y hay más. La repetición llama la atención hasta del más desprevenido. ¡Y eso que en la nueva planicie bolivariana hay distraídos al por mayor!
Producidos los hechos, los funcionarios han dictaminado que en el futuro (un futuro muy laxo que no han acertado en precisar) los colectiveros cumplirán su tarea dentro de cabinas blindadas a pruebas de balas y la unidad será seguida mediante un rastreo satelital. Queda claro que el nuevo emprendimiento será pagado por los contribuyentes de todo el país, incluso por aquellos que viven en pueblos que no tienen colectivos. ¿Si no son ellos, quiénes?, ¿si no es ahora, cuándo? Pero el proyecto debería merecer mejor estudio porque qué sucederá cuando dentro de poco –de muy poco– los delincuentes se paren frente a los colectivos portando una bazooka o una ametralladora antitanque. Para qué servirán entonces las débiles cabinas.
Preocupa además que el proyecto –o como se lo llame, porque algún nombre hay que darle– no tenga en cuenta la seguridad de los pasajeros. Eso es un hecho francamente discriminatorio que hay que denunciar. ¿Por qué los conductores sí y los pasajeros no? El Gobierno tiene la obligación de brindar seguridad a todos los habitantes de la República por lo que sería atendible que, además, se construyan cabinas blindadas en los colectivos para los pasajeros. Pero como los usuarios son asaltados diariamente antes, durante y después de viajar en colectivo, lo más práctico es que el Gobierno le entregue a cada argentino una cabina blindada portátil para que pueda moverse con tranquilidad por calles, veredas y medios de transporte como los subterráneos donde ejercitan su patente de corso un sinfín de bandas de carteristas.
Por supuesto que la cabina debería contar con el debido aparatito individual de seguimiento satelital que sería provisto por compañías francesas o suecas. Al mismo tiempo habría que patentar las transparencias, sacar el registro de conductor, grabar los vidrios, colocarles aparatos de aire acondicionado y muchos implementos más que podrían mejorar esta pobre idea que sólo trata de avivar el seso y crear nuevas fuentes de trabajo. Los costos se financiarían con la emisión de bonos, la toma de un préstamo del Banco Mundial, ANSSES o las AFJP. ¡Un hombre, una cabina de seguridad! Una mujer también.
SALINAS BOHIL
CORREO DE BS AS
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