jueves, 29 de abril de 2010

EL POLITRUK LADRADOR


Un comisario político, o politruk, es un oficial militar designado por un gobierno para supervisar al respectivo régimen. Históricamente han sido usados por los gobiernos para asegurarse de que los oficiales y las tropas son leales al nuevo régimen, y su primera aparición se produce en la Revolución francesa.



Es durante el dominio de los facción jacobina de la Convención Nacional, iniciado a mediados de 1793 y que se extendería hasta el año siguiente, en el que se inicia la aplicación de las técnicas propias de lo que hoy entendemos por un estado totalitario, entre ellas la imposición de la doctrina propia casi como una religión, el asesinato del adversario y el apagamiento de la opinión pública por la fuerza cuando fuere necesario.



En este marco, se instituye la primera experiencia de lo que tras la revolución rusa se llamaría comisario político: consistía en el nombramiento de un representante del Comité de Salud Pública para que "vigilase" la ortodoxia en el seguimiento a los principios revolucionarios.



Aunque la figura del controlador político-ideológico insertado en las unidades militares ha sido utilizado en los más diversos ejércitos, el término ha sido reservado históricamente para aquellos comisarios políticos que desempeñan su función en ejércitos de corte marxista-leninista.



Dicho oficial es comúnmente denominado "voenkom" (en ruso, военком), abreviatura de "voennyi kommisar" (военный комиссар), traducido simplemente por "comisario militar".





"Horacio Verbitsky es uno de los argentinos mejor preparados para ser presidente de la Nación". Adrián Arnoldo Paenza, periodista deportivo.



La historia de Horacio Verbitsky como Comisario Político comenzó desde hace muchos años. Así lo recuerda Osvaldo Bayer:



- “Todo comenzó tras la muerte de Noble, en el año "69. A partir de ese momento, Frigerio manejó la línea editorial del diario.



Con el correr del tiempo, Frigerio incorporó a la redacción a miembros de los Montoneros, todo porque tenían un plan político. Frigerio estaba convencido de que con la vuelta de Perón, los Montoneros le iban a facilitar todo.

Así entraron al diario los montoneros Horacio Verbitsky y Luisito Guadani, que está desaparecido. Y entraron como si fueran comisarios comunistas. Me mandaron al suplemento literario, al cual le puse el nombre que hoy mantiene: Cultura y Nación.



- Lo empezaron a apretar?



- En su momento sí, los montoneros también vinieron por el suplemento literario, lo querían para sus intelectuales. Lo hicieron de la siguiente manera: yo cerraba el suplemento a las cinco de la tarde, y me iba. Venían ellos y me levantaban el plomo de algunas notas mías y ponían notas de ellos...El encargado de esa operación era Horacio Verbitsky...¡Nunca se lo voy a perdonar a Horacio!...El sabe muy bien... me saluda pero me raja.



En términos de Arlt, era "un turrito".... Yo me cansé, lo fui a ver a Octavio Frigerio, que como hijo de Rogelio también mandaba en "Clarín".



"Así no puede ser, podrían avisarme que van a cambiar algo... cambiame de sección", le dije.



Octavio, muy cínico, se sonreía. "¿Y qué querés hacer?", me preguntó.



"Quiero ir pueblo por pueblo en la provincia de Buenos Aires y hacer notas. Dame un auto y un fotógrafo".



Aceptó y arranqué. Hice 27 notas que no se publicaron nunca. Volví, lo fui a ver a Octavio y le dije "me voy, aprendí la lección". Se sonrió y me respondió: "Es lo que estábamos esperando"...¡Un cínico!...Y me fui de "Clarín"...





Grave censura política de Página/12 a Julio Nudler



Julio Nudler también se expresaba de la siguiente forma:



“La extensa nota del comisario político Horacio Verbitsky en la edición dominical de Página/12 confirma lamentablemente su degradación moral, ya tal vez sin redención posible. ¡Demasiados años de enjuagar ropa sucia y publicar aguas servidas!



Pudiendo ser un buen periodista, incluso brillante, él optó por la permanente manipulación política, en el peor de los sentidos.



Hace mucho que engaña desaprensivamente a sus lectores si con ello cree beneficiar a alguien por quien aboga, nunca trasluciendo sus verdaderos móviles.



En función de no sé cuáles operaciones políticas, asume el papel de defensor de dos personajes siniestros, en este caso Alberto Fernández (jefe de Gabinete) y Claudio Moroni (Síndico General de la Nación), secuaces el uno del otro.


Pero ahora nos dice que Fernández y Moroni, dos de los grandes sirvientes de Menem en el manejo de un sector donde se mueve muchísima plata, obraron honestísimamente.



¿Cómo, entonces no estaba todo podrido con Menem? Hace poco, Horacio Verbitsky ensalzó con frenesí a Martín Pérez Redrado, con elogios que convirtieron al propio Verbitsky en el hazmerreír del país, que ya no se engaña sobre sus piruetas mentales y verbales.



Una vez más, el único en desconocer la laya de Pérez Redrado es Verbitsky, repentinamente seducido por el Golden boy, uno de los paradigmáticos representantes del menemismo.



Alguien que fue denunciado incluso por Amalia Fortabat como coimero, y apañador de los Macri en una estafa a pequeños inversores por 34 millones de dólares, según comprobación de la Comisión Nacional de Valores, ahora es una suerte de Che Guevara del antineoliberalismo porque consagra sus afanes al gobierno actual, con el que Verbitsky ha sellado un extraño pacto de obscena adhesión.



A Horacio Verbitsky las pequeñas cuestiones de la honradez y la hombría de bien no le interesan: si el presidente Kirchner designa a Moroni y a Pérez Redrado, éstos adquieren por ese solo hecho patente de impolutos y héroes de la nueva era política.



Lo cierto es, sin embargo, que si alguna brizna de credibilidad le quedaba aún prendida a la ropa, a Verbitsky se le ha volado definitivamente.



Se recordará también, entre tantas posiciones asombrosas de Horacio Verbitsky en el pasado, su alineamiento absoluto con Fernando de la Rúa a mediados de los ’90.



Cambiando de tema, pocos días atrás implosionó bochornosamente la Agrupación Periodistas, que él fundó, pero a Horacio Verbitsky no le dedica una línea a la cuestión en su largo sermón dominical.



El vuelve a afirmar que la no publicación de mi columna no fue un acto de censura, callando adrede lo que sabe muy bien: que esas mismas denuncias, en notas pormenorizadas, habían sido publicadas por mí en Página/12 años ha, sin suscitar querella alguna por parte de Fernández ni de Moroni por una sencilla razón: las denuncias contra ellos son aplastantes, salvo para el candoroso Horacio Verbitsky.



Ellos lo saben demasiado bien, y tienen miedo porque si en este país se restablece la Justicia, irán todos presos. Es por eso también que mi situación de censurado ha experimentado un ascenso: ahora soy un proscripto.



No sólo se tiró a la basura una nota mía: luego se me despojó de la columna y de todo otro espacio desde el que pudiera volver a denunciar la corrupción del gobierno de Kirchner.



De esto Horacio Verbitsky tampoco dice nada, pero sí opta por publicar mi vieja columna, que ya todo el mundo conoce sobradamente gracias a Internet, convirtiéndose él en una especie de Verbitsky/12 de segunda mano.



Pero como para que no queden dudas sobre su bajeza, Horacio Verbitsky afirma que mi denuncia "fue un conmovedor grito de desesperación y despedida", extendiéndome así el certificado de defunción debido al cáncer que padezco”.




LA IZQUIERDA ENTRE EL PROGRESISMO Y EL STALINISMO



Verbitsky, el ideólogo del “ladrifachoprogresismo”. Dice Cherashny:



"El verdadero ministro de Defensa y dueño del “Veraz” de las Fuerzas Armadas y de Seguridad, Horacio Verbitsky, ahora criticó a Claudio Lozano por hacerse la víctima por la detención de su colaborador Roberto Larosa y en la misma bolsa metió a Pino Solanas.



El verdadero problema no es la detención de Larosa sino de la pretensión de Néstor Kirchner de que toda la centroizquierda se nuclee detrás de su candidatura con el paraguas del Frente para la Victoria.



Pero la definición del kirchnerismo como ladrifachoprogresismo es bastante minimalista.



Además hay un factor que Verbitsky olvida y es que Néstor kirchner quiere a toda costa que Proyecto Sur ingrese en el Frente para la Victoria. O de lo contrario proscribirlo mediante la reforma política. Por lo cual, aunque Lozano y Solanas no se hagan las víctimas, lo van a ser si Kirchner se lo propone.



En cambio, el stalinismo local, expresado por Carlos Heller, Martín Sabatella, Diana Conti y Vilma Ibarra, serían seguros integrantes del FpV y, si bien no son fachos, son stalinistas, ladri y progresistas. Como se ve, nada que ver con Proyecto Sur. Además no tienen votos propios, porque siempre fueron junto con el FpV.



En cambio, Proyecto Sur hizo una excelente elección en la Capital y mide muy bien en Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe. No sería impensable, entonces, que obtenga entre el 10 y el 12% a nivel nacional, lo que dificultaría al máximo todo intento kirchnerista de alcanzar el 40% y que el segundo saque menos del 30%.



En todos estos años Verbitsky le hizo la vista gorda a la matriz de corrupción del kirchnerato, muy superior a la etapa menemista.



Él solamente critica las mentiras del INDEK y la injusta distribución del ingreso, en lo coincide con Azpiazu y Artemio López, pero la corrupción de Kirchner no es tema importante para él.



Por otra parte, el juzgamiento de los militares y la ley de medios le impiden ver a Horacio Verbitsky al verdadero Kirchner, empeñado en su reelección para no perder poder ahora y no ir a la cárcel después del 2011.


Esto incluye "proscribir" al Peronismo Federal. Felipe Solá ya se dio cuenta del manejo que se pretende hacer de la Junta Electoral del PJ.



A Proyecto Sur, el gobierno lo quiere sacar de juego si no consigue los 300.000 votos que exige la ley para la interna abierta, obligatoria y simultánea.


http://saleconfritas.blogdiario.com/1272526035/

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