viernes, 21 de enero de 2011

EL CLIMA


LA LLAVE LA TIENE EL CLIMA

Por Susana Merlo (*)

En una más que rara coincidencia, hoy tanto el Gobierno como los productores agropecuarios necesitan, y dependen, de lo mismo: que haya buen clima y que se corte la sequía…

Para la gente de campo, la falta de lluvias adecuadas a partir de noviembre, ya causó fuertes pérdidas. Por un lado, porque le impidieron sembrar todo lo que tenían proyectado, especialmente en maíz y, mucho más, en soja; y también porque ahora ya la seca los está golpeando en los rendimientos de los cultivos con recortes variables que, obviamente, serán mayores si los fuertes calores y las lluvias escasas se siguen prolongando en las próximas semanas.

Para el Gobierno, desde otro ángulo, es igual. De hecho, ya parecen haber acusado recibo del achicamiento que se prevé en los ingresos fiscales por las menores retenciones pero, también, en el obvio flujo de divisas al tener menos para exportar. Y, las mayores cotizaciones internacionales que se están registrando, tampoco alcanzarán par a compensar vía precios los menores volúmenes, lo que pegará muy fuerte en la balanza comercial, tema que el inefable Secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, parece haber percibido ya, y de ahí su abrupto anuncio de recorte inmediato de las importaciones, tal como ocurrió ya en algún momento del año pasado: menos ventas = menos compras (como para no gastar divisas). El asunto es que tal medida, que naturalmente frenará la actividad industrial que requiere, en muchos casos, de insumos importados para poder trabajar, llega cuando comienza a recalentarse el ambiente político por las elecciones presidenciales de octubre de este año.

¿Cómo se compatibilizan ambos factores? ¿Qué primará, la estrechez económica, o las necesidades políticas propias del proselitismo electoral?.

Pero además, el clima ahora tiene otro valor adicional para el Gobierno, ya que por varias semanas será el pivote sobre el que gire la relación con el interior, y más especialmente con el campo.

Es que es innegable el impacto que las lluvias, o su ausencia, tienen en el “humor” de los hombres de campo, sobre todo, en los momentos críticos de la producción: si llueve, está todo bien, los productores están ocupados sembrando, o fumigando, y hasta los problemas de mercado pasan a un segundo término. Casi no hay “espacio” para otros asuntos que no sean los estrictamente ligados a la producción directa. Ni siquiera para las discusiones con el Gobierno.
Por el contrario, cuando hay seca, sobre todo en los momentos clave, la preocupación y la angustia dominan los ánimos, hay alarma, malhumor y, como si fuera poco, no hay casi nada que hacer ya que sin humedad las labores son prácticamente imposibles. Sólo mirar el deterioro continuo de la producción…

Justamente ese fue el escenario en 2008, cuando la protesta por la Resolución 125. Había seca, los precios internacionales “volaban” pero los productores no podían sembrar por la falta de humedad. La hacienda declinaba ante la falta de reservas, y la producción de leche, en pleno invierno, mermaba por la misma causa. Los productores, desesperados, encontraron en su estadía de 2-3 meses en las rutas, una forma de “no ver” lo que perdían día a día.

Naturalmente, además, la protesta era justificada. Sin embargo, más de uno se pregunta si se hubiera logrado la misma contundencia de movilización y permanencia, si entonces hubiera habido mejor clima para producir…

Y ahora la pregunta comienza a ser la misma.

Por supuesto que para los productores, la situación del trigo amerita la protesta que se está llevando a cabo, pero aún así no se recuerda un enero con medidas de reclamo de esta magnitud, y eso que la crisis comercial –forzada- del cereal lleva ya varios años.

La diferencia es que ahora también hay seca que, aunque no compromete al trigo que ya se cosechó, está causando mermas en los cultivos de cosecha gruesa y, por ende, pérdidas en las expectativas de cosecha de los productores.

El malestar en el interior aumenta día a día y la falta de respuesta oficial a los problemas (más de uno generado por la propia política del Gobierno) no contribuye, justamente, a distender la situación. Al contrario.

Por eso, el Gobierno necesita más aún que los propios productores, que el clima mejore y se regularice rápidamente excepto, claro está, que el objetivo sea volver a poner al sector agropecuario en el lugar del mejor enemigo…

(*) Crónica y Análisis publica el presente artículo de la Ingeniera Agrónoma Susana Merlo por gentileza de su autora y Campo 2.0.

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