domingo, 23 de enero de 2011

MAFIOCRACIA


*MAFIOCRACIA
“Tienen doble vida, son sicarios del mal, […]
La culpa es del otro si algo les sale mal”. Serrat

Por Malú Kikuchi



La palabra “mafia” define al crimen organizado, y este es un concepto muy básico que todos conocemos. *Mafiocracia es un excelente hallazgo lingüístico de Pino Solanas (reconocerlo no implica compartir sus ideas políticas), que describe el país en el que vivimos. Estamos en poder de las mafias.

¿Las mafias están en el poder? ¡Qué pregunta! Poder contestarla con certeza absoluta, por si o por no, solucionaría gran parte del problema. Pero como todo en esta Argentina nuestra que hemos sabido destruir con tanto éxito, forma parte de aquello que nunca se sabrá. El pueblo sigue queriendo saber de qué se trata, Y sigue sin saberlo.

Se habla, se escribe, se comenta en público y en privado, de manera natural, como algo curioso e inevitable, sobre la mafia del fútbol, la mafia de los medicamentos, la mafia sindical, la mafia del juego, la mafia china, la mafia del trabajo esclavo, la mafia de la trata de personas, la mafia que trafica con los DDHH, la mafia de la droga.

El narco avión ha pasado a ser un tópico familiar, como las cocinas de la droga y los cárteles de la misma. Palabras y expresiones que forman parte del lenguaje cotidiano, como hablar del pan o de la escuela. Pero no es normal, ni lógico dar por sentado que las mafias existen a nuestro alrededor, avanzan, crecen y llegan a interferir con la vida de la nación.

Le preguntaron a *Confucio hace 2500 años, cual sería su primera medida si fuera gobierno y contestó: “Lo primero es ponerse de acuerdo sobre el significado de las palabras. Si el lenguaje carece de precisión, no se dice lo que se piensa”.

“Si no se dice lo que se piensa, no hay obras verdaderas; por lo tanto no florecen el arte, ni la moral. Si no florecen ni el arte ni la moral, entonces no existe la justicia. Cuando las palabras pierden su significado, la gente pierde su libertad. El hombre necesita que las palabras se acomoden a los significados y los significados a los hechos”. ¡Grande Confucio!

Cuándo decimos “mafia” seguida de un adjetivo, ¿estamos concientes de lo que realmente implica, representa y significa la palabra “mafia”? Si no lo estamos, es grave. Y si estamos concientes y no hacemos nada, entonces es gravísimo.

¿Cómo y por qué hemos llegado a este punto? ¿Cómo y por qué lo hemos permitido? Sabemos que no vivimos en una república, no hay respeto alguno por la división de poderes y el ejecutivo es autocrático, pero tanto este ejecutivo como el partido que representa, son democráticos.

Los votaron los argentinos en octubre de 2007. Y para ese entonces ya conocían desde hacía 4 años el sistema K. Nadie se llamó a engaño. Fueron elegidos por el 46%, así que no miremos hacia otro lado cuando la pregunta es ¿cómo llegamos hasta aquí? Una mayoría lo permitió.

Por supuesto que no es ni simpático, ni políticamente correcto acusarnos de que algunos permitieron lo que nunca se debió permitir, y el resto toleró lo que nunca se debió tolerar.

Pero lo hemos hecho y hasta que no asumamos nuestra cuota de responsabilidad, las mafias seguirán apoderándose del país. Ante la imperdonable complicidad de unos pocos, el beneplácito de algunos y la indiferencia de muchos. Demasiados.

¿A Usted le parece normal hablar de las mafias que nos rodean y aceptar el hecho de que existan como si se refiriera a un desastre natural, un tornado, una lluvia de rayos o una inundación? Le aclaro que no lo es. Las mafias no deben existir, hay que combatirlas desde el gobierno y hay que obligar al gobierno a combatirlas. Esa es la obligación de los ciudadanos.

Sabemos que las fronteras son porosas. Sabemos que no hay radares. Sabemos de los miles de aeródromos clandestinos. Sabemos de los desembarcaderos ocultos en el NEA. Sabemos. Y no hacemos nada. Nos escandalizamos en la peluquería o mirando un partido de tenis.

Sabemos de los barras bravas y sus conexiones con los clubes y la política. Sabemos que no puede haber tantos mafiosos chinos como supermercados chinos y pareciera que los hay. Sabemos de organizaciones que secuestran chicas y mujeres para prostituirlas.

Sabemos que hay organizaciones que traen inmigrantes para alimentar el trabajo esclavo. Sabemos que se trafica con los DDHH porque es un redituable negocio. ¿Nunca se preguntó porqué si se dice que hay 30.000 desaparecidos, más de 20.000 no tienen nombre ni apellido?

Sabemos, ¿y?

Si todos conocemos la diferencia entre “mafia/organización criminal” y “mafia”, tratada como un circunstancial comentario de café, es hora de hacer algo. La indiferencia al respecto ataca nada menos que nuestro sistema de vida, nuestra vida, la de nuestros hijos y nietos y al destino final del país.

Si no queremos que Argentina sea lo que fue Chicago entre los 20 y los 30 del siglo pasado, lo que fue Colombia hasta la llegada de Uribe a la presidencia, o lo que es hoy México, a pesar de que su gobierno combate las mafias a un costo terrible en vidas, hagamos algo.

Ese algo está a nuestro alcance y es más fácil en un año de elecciones presidenciales. Es simple, consiste en exigirle a los candidatos y en especial a sus partidos, definiciones claras sobre el tema: diagnóstico, tratamiento y sanación definitiva del cuerpo social.

No admitamos utopías que siempre son tentadoras y nunca son reales, exijamos planes concretos para erradicar todas y cada una de las mafias que ahora están asolando al país. Como siempre y hoy más que nunca, de nosotros depende.

Recordemos a Confucio, no dejemos que las palabras pierdan su real significado, si lo hacemos, la justicia se quedará en el camino y nosotros terminaremos perdiendo nuestra libertad.

*Confucio, filósofo chino, 551-479 (aC).
Su obra fue recogida en las Analectas, colección de conversaciones con sus discípulos.

“Entre estos tipos y yo, hay algo personal”. Juan Manuel Serrat.

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